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Dirigentes del PP se muestran perplejos ante la estrategia seguida por Rajoy y censuran su falta de liderazgo

  • Los populares tampoco esperaban el ofrecimiento a Sánchez y asumen que están en su "peor momento" tras dejar el protagonismo al PSOE

Actualizada 04/02/2016 a las 07:27
  • colpisa. madrid
La decisión de Felipe VI de encargar a Pedro Sánchez la formación de Gobierno ha desencallado el proceso bloqueado tras la renuncia de Mariano Rajoy a intentar su investidura, y ha sumido a los populares en el desconcierto. Ni el PP esperaba que el pasado lunes el Monarca optara por encomendar la tarea al líder del PSOE ni creyó en la primera ronda de contactos que fuese a ofrecer a Rajoy que se sometiera al debate de investidura sin contar con ningún apoyo en el Congreso. Es más, los populares habían confiado en que el Rey no propusiera ningún candidato.

Fuentes del partido sostienen que ese es el planteamiento "lógico" con el que el presidente acudió el pasado 22 de enero al palacio de la Zarzuela, aunque hacía un mes que el jefe del Ejecutivo expresaba su intención de presentarse a la investidura. En los últimos días, sin embargo, las advertencias internas sobre el riesgo de escenificar en el hemiciclo la soledad del PP y, sobre todo, la oferta de pacto que ese mismo viernes Podemos había formulado al PSOE provocaron un cambio de planes. Cuando Rajoy fue recibido en audiencia por el Monarca tenía claro que no podía aceptar acudir a una investidura de la que él mismo y su partido no iban a salir indemnes, y su equipo confiaba en que el Rey abriese una nueva ronda tras constatar que nadie contaba con respaldos suficientes. Pero no fue así. El comunicado en el que la Casa Real informaba y hacía público que el presidente había "declinado" el ofrecimiento de Felipe VI, extrañó, primero, y molestó, después, en el partido gubernamental.

Falta de liderazgo Sin candidato a la Presidencia del Gobierno, algunas voces del PP interpretan que se podría haber ejercido más "presión sobre el PSOE", contrario a dialogar con Rajoy para alcanzar un acuerdo que lo mantuviera en la Moncloa. Esa es en el fondo, la del pacto con socialistas y Ciudadanos, la única opción que ha contemplado el presidente desde la noche del 20-D.

El jefe del Ejecutivo tuvo claro que o había consenso con el PSOE para seguir gobernando o no iba a facilitar ninguna otra opción, aunque eso supusiera la repetición de las elecciones. Varios dirigentes del partido cuestionan a día de hoy la estrategia política seguida y censuran la falta de "liderazgo" de Rajoy, que no habría sabido "gestionar la victoria". Estas voces defienden que había un plan B por el que se tendría que haber apostado y que pasaba por buscar un acuerdo con Ciudadanos, Coalición Canaria e incluso el PNV que sumara 170 escaños.

Aunque no fueran votos suficientes para la reelección, en el PP argumentan que Rajoy no habría proyectado la imagen de un presidente "cruzado de brazos" ante el portazo de Pedro Sánchez, y recuerdan que, incluso, habría puesto en evidencia que los socialistas impedían un Ejecutivo de la fuerza más votada dispuesta a reformar lo que hiciera falta y hasta a ofrecer la vicepresidencia única al líder del PSOE. "En el fondo, ¿qué habría cambiado?", se pregunta un alto cargo del Gobierno, que insiste en que era imposible hacer cambiar de opinión a los socialistas. En el PP ayer el clima de "desolación" respondía a la pregunta.

Los populares creen que quizá se habrían ahorrado la sensación de "depresión" tras haber cedido voluntariamente el balón al PSOE para que negocie su Ejecutivo. "Si el PSOE consigue pactar con Ciudadanos y Podemos, y no con los independentistas, para nosotros será una catástrofe", reconoce un representante de la formación cuando la táctica pasa ahora por denunciar que Sánchez es capaz de echarse en brazos del nacionalismo y los secesionistas catalanes con tal de gobernar.

"Estamos en el peor momento", admiten en la cúpula delpartido aunque confían en que si Sánchez fracasa en sus negociaciones, Rajoy, aunque sea a través de nuevos comicios, tenga otra oportunidad. También creen que el nuevo escándalo de corrupción en Valencia hoy les garantizaría una debacle, cruzan los dedos por que eso cambie en unos meses. No todos son, sin embargo, tan optimistas. Algunos dirigentes advierten de que al PP "le queda una bala", la de la renovación del partido, si no quiere ver a Ciudadanos apropiándose de todo el espacio de centro-derecha.

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