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COMITÉ FEDERAL DEL PSOE

Pedro Sánchez echa un órdago a los barones del PSOE

Sánchez anuncia por sorpresa ante el comité federal que someterá a la votación de los militantes un eventual pacto de Gobierno

Intervención de Sánchez en el Comité Federal del PSOE

En su intervención en el Comité Federal del PSOE, el secretario general de la formación, Pedro Sánchez, le ha dicho a Rajoy que “abandone toda esperanza, que el partido socialista no va a indultarlo con su voto y va a votar en contra del Partido Popular”.

ATLAS
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante la reunión del Comité Federal del PSOE.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante la reunión del Comité Federal del PSOE.

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante la reunión del Comité Federal del PSOE.

EFE
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Actualizada 31/01/2016 a las 15:42
  • COLPISA. MADRID
Pedro Sánchez tenía un as en la manga. El secretario general hizo este sábado frente a los dirigentes del PSOE que, persuadidos de que no debe seguir siendo el secretario general y temerosos de que venda el alma del partido a cambio de la Moncloa, han tratado en las últimas semanas de estrechar el camino a los posibles pactos del Gobierno. Ante un comité federal precedido por la enésima batalla orgánica, anunció por sorpresa su decisión de someter un eventual acuerdo de investidura a la opinión de los militantes socialistas. Es un órdago en toda regla tras el envite previo de los críticos, que el pasado lunes lograron una victoria parcial al forzarle a 'tragar' con la celebración de un nuevo cónclave para ratificar, llegado el caso, el resultado de unas negociaciones que puedan auparle al Ejecutivo.

El secretario general de los socialistas no tiene duda de que, si hay opción, las bases querrán que gobierne y de que no tendrán tantos remilgos frente un pacto de izquierdas en un equilibrio precario con los independentistas. En sentido estricto, la consulta no tendrá fuerza vinculante, pero, como subrayan fuentes de la dirección socialista, sí "comprometerá políticamente" a los dirigentes. "A nadie se le ocurre que se corrija a los militantes", dicen.

Sánchez recupera así, o eso cree al menos, el balón, después de habérselo cedido a los barones a principio de semana, cuando dio su brazo a torcer en pro de la paz interna. Y gana capacidad de movimiento. El pasado 28 de diciembre, ocho días después de las generales, el órgano de control interno acordó no facilitar ni por activa ni por pasiva, o sea, ni con un 'sí' ni con una abstención, un Gobierno del PP, pero también obligó al líder socialista a adquirir el compromiso de no sentarse a negociar con quienes defiendan la "autodeterminación, el separatismo y las consultas que buscan el enfrentamiento" .

Ese límite, que los dirigentes recelosos con Sánchez -la mayoría de los presidentes autonómicos a excepción de la balear Francina Armengol- consideraron entonces un triunfo, dejaba un mínimo margen para el acuerdo con Podemos, que tiene entre sus banderas la celebración de un referéndum sobre la independencia de Cataluña. Pero, a medida que la formación de Iglesias ha dado muestras de estar dispuesta a sacar ese asunto de la primera línea, empezaron las dudas. "¿Qué esperaba Pedro? -dice uno de los pesos pesados que cree que abrazarse a Podemos equivale a aniquilar al PSOE- Él les cedió todo el protagonismo y si les invitas a bailar, bailan".

NUEVOS LÍMITES

Algunas federaciones como la andaluza, la asturiana, la aragonesa y la extremeña, trataron entonces de ir un paso más allá. A lo largo de esta semana -en la que Sánchez ha recibido a todos los líderes regionales para hablar de la situación creada tras la oferta de un Gobierno de coalición de Iglesias y el intento de Mariano Rajoy de cargar sobre el PSOE toda la presión de la investidura- reclamaron también una renuncia expresa a contar, no ya con el 'sí', sino con la abstención de formaciones secesionistas como ERC o Convergencia, sin cuyo concurso es imposible que Sánchez llegue al Gobierno de la mano de Podemos.

El problema para los críticos era que esta vez no podían imponer por escrito esa nueva exigencia, entre otras cosas porque el comité federal que se celebró este sábado no tenía por objeto fijar la política de pactos (ya establecida), sino poner fecha al próximo congreso del partido, como ellos mismos exigieron hace un mes. Aún así, la andaluza Susana Díaz, el asturiano Javier Fernández, el aragonés Javier Lambán y el extremeño Guillermo Fernández Vara (según algunas fuentes, "con más moderación") aprovecharon sus intervenciones para dejar constancia de su postura. Díaz argumentó así que si el "peaje" que hay que pagar es el del voto de los independentistas que ponen en cuestión la unidad del país, a ella "no le valdría".

Eduardo Madina, rival de Sánchez en el congreso extraordinario de 2014, también puso el dedo en la llaga. "Patxi López me enseñó que cuando el nacionalismo gira hacia el independentismo, hasta con el PP se puede pactar, como hizo él en 2009 para sacar del Gobierno de Euskadi a Ibarretxe y el derecho a decidir -adujo- . No puedo concebir que ahora algunos pretendan que para echar al PP del Gobierno nos valgan hasta los votos del derecho a decidir". Los afines al secretario general echan en cara a Madina, no obstante, otro de los argumentos lanzados en su intervención. "¿Alguien imagina a Zapatero saliendo investido con las abstenciones del PNV de Ibarretxe? ¿Alguien cree que si sus seis votos fueran decisivos los habría aceptado?". Lo cierto es que en 2004 el exsecretario general de los socialistas, que hoy también se cuenta entre quienes se oponen a Sánchez, logró ser elegido presidente con la abstención de los nacionalistas vascos. Su apoyo no fue determinante, pero porque con el 'sí' de los secesionistas de Esquerra, IU, Coalición Canaria, BNG y CHA llegó a la mayoría absoluta. La diferencia, dicen los críticos, es que Esquerra no estaba entonces, como hoy, en la ruptura "efectiva" de España.

IRRESPONSABILIDAD

Sánchez trató de neutralizar unos reproches que llegan cuando aún ni siquiera se ha sentado a negociar su investidura con nadie, y, en su discurso inicial, insistió una y otra vez en que, cuando dé el paso de buscar un acuerdo de Gobierno, no mirará exclusivamente a la formación de Pablo Iglesias, sino que se dirigirá a "izquierda y derecha" (a Ciudadanos, pero no al PP) porque cree que no se puede ir a una "política de frentes". "Será el para qué lo que defina un pacto, no el con quién; hablemos de lo que importa a la gente", prometió. "Yo no voy a ser presidente a cualquier precio, pero tampoco estoy dispuesto a que los españoles paguen el precio de cuatro años más de la derecha al frente de las instituciones". En público será difícil que nadie se atreva a objetar nada a la decisión de consultar a las bases y, de hecho, todos los barones alabaron este sábado la decisión de su líder. En privado, sin embargo, los críticos no ocultan su malestar. "Es una irresponsabilidad enfrentar a los dirigentes con los militantes", dicen. "Es dividir a los militantes" o "si hubiéramos hecho esto siempre, jamás habríamos sido un partido de Gobierno".


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