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Partido Popular (PP)

La inercia del PP favorece que Rajoy decida el momento de su retirada

  • Dirigentes territoriales y cargos medios del partido creen que su líder no debería repetir como candidato si hay comicios

Mariano Rajoy durante la rueda de prensa que ha ofrecido en La Moncloa.

Rajoy declina presentarse a su reelección y pone al PSOE contra las cuerdas

Mariano Rajoy durante la rueda de prensa que ha ofrecido en La Moncloa.

REUTERS
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31/01/2016 a las 06:00
  • colpisa. madrid
La dirección del PP y los ministros del Gobierno de Rajoy se afanan estos días en cerrar filas en torno a su presidente. "No hay un debate serio de sucesión en el PP", repiten en los pasillos de la sede central en la calle Génova y en los despachos de la Moncloa. Pero basta con bajar un escalón en la jerarquía de los populares para que aflore el sentir mayoritario en el partido. Es en ese nivel en el que dirigentes territoriales y cargos medios cuestionan la conveniencia de presentar el mismo candidato en caso de repetición de las elecciones generales, aunque ciertamente admiten que de poco servirán sus reflexiones. "Rajoy -sostienen- es dueño de su destino".

La sensación de hartazgo se ha extendido en una formación que lleva sufriendo el desgaste electoral prácticamente desde que accedió al poder en 2011. "Disgustados", representantes provinciales y regionales del PP confiesan tener la percepción de que el partido "está desnortado" y que avanza errático y al abur de lo que suceda en un panorama político novedoso e incierto que tienen la impresión de que no ha acabado de comprenderse. "Lo peor del PP sigue siendo su candidato", aseguran algunas fuentes populares, mientras otras voces creen que Rajoy debería comprender que "a veces hay que dar un paso atrás". Son los mismos que reconocen mirar casi con envidia a Ciudadanos e inciden en la necesidad de dar un revulsivo al proyecto, abrir las ventanas y salir del abotargamiento.

¿Qué ocurre, entonces, para que la dirección del PP se aferre a la inexistencia de "un debate serio" sobre su propio futuro? Por paradójico que resulte, esta mar de fondo crítica no está reñida con la convicción de la cúpula popular. Quienes demandan cambios reconocen que nadie dará el paso de presionar al presidente, como se comprueba en cada reunión orgánica. Los mecanismos rígidos del partido y la carencia de una cultura que promueva la discusión interna, conducen a que sea el propio Rajoy quien tenga en sus manos la renovación de los populares. Y aunque no fuera así, ya no hay voces autorizadas de peso que puedan plantar cara o reconducir los planteamientos del líder. "No quedan barones", subrayaba esta semana un alto cargo del Gobierno. La mayor parte de ellos acabaron fulminados por las urnas tras las elecciones autonómicas de mayo de 2015. El partido pudo conservar sólo cuatro de las diez comunidades en las que gobernaba y perdió la mayoría absoluta en todas ellas. Los dirigentes territoriales que hasta entonces tenían ascendencia en la formación, y que podrían influir ahora en el devenir del PP, acabaron relegados por los pactos postelectorales y el partido quedó en suspenso.

UN MILITANTE, UN VOTO

La actualización de las estructuras territoriales se ha pospuesto hasta que se celebre el congreso nacional que deberá renovar la cúpula del PP. Y eso, por decisión de Rajoy, no ocurrirá hasta que se resuelva la formación del nuevo Gobierno de la Nación. El presidente de Castilla y León, uno de los pocos que se ha atrevido a elevar la voz en este tiempo, el mismo que en mayo del año pasado aconsejó al líder del PP mirase "en el espejo" antes de presentarse a las elecciones generales, se mostró este viernes comedido en sus planteamientos. Juan Vicente Herrera puso el foco en su "parcela", pero dejó caer que, al menos en su equipo regional, se hace nacesaria gente "joven" y con "garra", y un congreso "participativo", que es lo que se reclama en cada vez más círculos de la formación. "Un militante, un voto", piden las bases, algunas integradas en laboratorios de opinión como la Red Floridablanca, para elegir de manera inmediata al próximo candidato.

Estos mensajes parecen contrastar con la voluntad de Rajoy, que el día después de las elecciones del 20 de diciembre comunicó su intención de volver a presentarse al futuro congreso para seguir liderando el partido, y nueve días más tarde confirmó además en rueda de prensa desde la Moncloa su deseo de volver a ser cabeza de cartel en los comicios. Dicen en su entorno que esta actitud no responde a ninguna ambición personal, sino a la necesidad de no abrir un debate sucesorio que "pondría patas arriba al PP" antes de que se despeje quién se hará con la Moncloa. A su juicio, Rajoy es "el pegamento del partido", la persona que lo mantiene cohesionado cuando la organización ha perdido el músculo territorial que sostenía la estructura de los populares. Las mismas fuentes apuntan que basta con una "insinuación sobre la posibilidad de retirarse" para que la formación se convierta en un hervidero y afloren los nervios de quienes aspiran a tomar las riendas del PP. "¿Pero tenemos relevo?", se preguntan algunos veteranos que censuran que no se haya previsto este escenario y se haya renunciado a la promoción de las nuevas generaciones que están llamadas a ser, ya no el futuro, sino el presente del PP.



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