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Puigdemont pisa el freno del proceso independentista para coger impulso

  • Tratará de ampliar el plazo de 18 meses para la desconexión, descarta la declaración unilateral y reconoce que aún no tiene fuerza suficiente para culminar el proceso

Carles Puigdemont, durante el pleno de investidura del Parlament de Cataluña.

Carles Puigdemont, durante el pleno de investidura del Parlament de Cataluña.

Carles Puigdemont, durante el pleno de investidura del Parlament de Cataluña.

EFE
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18/01/2016 a las 06:00
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  • colpisa. madrid
El presidente de la Generalitat comparecerá el próximo 20 de enero en el Parlamento catalán para explicar las líneas maestras que guiarán su obra de gobierno. De momento, en la semana que lleva en el cargo tras su rocambolesca investidura, ya ha dejado claro que las urgencias no son buenas y ha dado algunas pinceladas en sentido. Descarta la declaración unilateral de independencia en esta legislatura, tratará de que su mandato dure más del año y medio estipulado, sitúa la agenda social como la primera prioridad, ve necesario ampliar la base favorable a la secesión y plantea el eventual referéndum sobre la constitución catalana como la herramienta final para que los ciudadanos ratifiquen la independencia.

Puigdemont es un secesionista de toda la vida, no como algunos de sus compañeros de partido, y a diferencia de Artur Mas en este aspecto no tiene nada que demostrar. Por tanto, si pretende introducir correcciones en el camino hacia la independencia, como ha dejado ver, puede que cuente con más credibilidad para ello. Para empezar, ha levantado el pie del acelerador, pero "sin renunciar a nada". El jueves pasado afirmó que Junts pel Sí y la CUP tienen una "mayoría absolutísima" en el Parlamento de Cataluña y, por tanto "tenemos la fuerza y la legitimidad democrática para iniciar este proyecto (independentista), y no admitiré que se discuta", dijo, pero reconoció que "todavía" ese 48% de los votos cosechados el 27-S no dan la "fuerza suficiente para proclamar la independencia de Cataluña".

Poco a poco, en las filas de Junts pel Sí empiezan a acercarse a la teoría de que hace cuatro meses ganaron las elecciones, pero perdieron el plebiscito. De ahí, que Puigdemont insista en que el independentismo necesita más músculo, "ensanchar su base y llegar a más gente". Por esa razón, el presidente de la Generalitat descarta la proclamación de independencia con el 52% de la población en contra, aunque esta posibilidad estaba prevista en el programa de Junts pel Sí para dentro de 18 meses y como paso previo a las elecciones constituyentes y al referéndum de ratificación de la Carta Magna. El exalcalde de Girona quiere la secesión, pero no la ve tan cerca como quisieran algunos de los suyos, que se atreven a fijar el 14 de julio de 2017 como el día de la independencia.

Puigdemont trata de ganar tiempo para que ese 48% supere el 50%. Y la manera de quitarse la presión que ejercen las fechas cerradas es poner en cuestión los 18 meses que en teoría debería durar la legislatura. Hay que "poner el proceso y las decisiones por delante del corsé del plazo", dijo el jueves en TV3. La vicepresidenta Neus Munté insistió este domingo en la misma idea, que puede provocar los primeros roces con Esquerra y la CUP, pues Oriol Junqueras, ahora su vicepresidente, ya le ha recordado que el "compromiso" determina que tienen que intentarlo en 18 meses.

El ahogo del calendario El presidente de la Generalitat cree que no es preciso correr tanto y toma como ejemplo otras fechas del pasado (9-N y 27-S), que más que ayudar al proceso, provocaron que sus impulsores se vieran ahogados por el calendario y obligados a improvisar. Es lo que no quiere el jefe del Ejecutivo autonómico, que de primeras se muestra abierto al diálogo y ha insinuado que siempre habrá una pequeña rendija de la puerta, abierta a un pacto con el Estado, aunque en estos momentos no se contemple.

Podría ralentizar el proceso en todo lo que afecta a las decisiones a medio y largo plazo, pero aún está por ver cuál es su respuesta en los primeros movimientos, los más inmediatos, y si el Gobierno catalán decide iniciar la tramitación de la leyes de proceso constituyente, hacienda propia y seguridad social, contempladas en la declaración independentista anulada por el Constitucional. Puigdemont, que el sábado aseguró que no busca el choque de trenes, firmó su obediencia a la Constitución para acceder a su acta de diputado, aunque obvió el acatamiento a la Carta Magna y al Rey en la ceremonia de investidura y al mismo tiempo expresó su compromiso por hacer la cosas bien y no llegar a la independencia de cualquier manera. Sin embargo, Junqueras y la CUP aprietan desde el primer minuto.

"Hay que intentar crear la Seguridad Social catalana y la Hacienda propia en estos 18 meses", afirmó Junqueras. El problema que tiene que lidiar el presidente de la Generalitat es que solo puede garantizarse la estabilidad parlamentaria si opta por la vía radical que le marca la CUP. Si opta por la moderación, los anticapitalistas, y quizás hasta Esquerra, podrían dejarle solo.



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