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La legislatura más corta de la democracia

  • Las dificultades para formar Gobierno pueden provocar que ningún candidato logre la investidura, y si lo consigue estará frenado por unos acuerdos que limitarán su mandato

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17/01/2016 a las 06:00
  • colpisa. madrid
Que esta va a ser la legislatura más corta de la democracia reciente no lo pone en duda ninguno de sus protagonistas. Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera comparten el diagnóstico. La investidura está en el aire, y si el líder del PP o el del PSOE la consiguen, que está por ver, será para llevar a cabo una serie de reformas y volver a convocar elecciones por la previsible inestabilidad de un Gobierno sustentado en minorías.

"Breve o brevísima". Así de crudo es el análisis de la dirección del PP sobre el futuro de la legislatura que acaba de echar a andar. Solo la monumental sorpresa surgida en Cataluña, con la pirueta a última hora de la renuncia de Artur Mas, obliga a dejar un rendija abierta a que las soluciones lleguen en los minutos de prórroga.

Es tal la desesperanza que reina en la Moncloa y en el PP, que ya no se esconde, como obliga el manual, el pesimismo. Rajoy reconoce que estos resultados electorales apuntan a la repetición de las votaciones en mayo o junio. Aún no lo ha dicho en público, pero se lo ha trasladado a su círculo de colaboradores. El ministro de Industria, José Manuel Soria, no se refugia en el habitual anonimato de los miembros del Gobierno y reconoce sin paños calientes que unos nuevos comicios es "el escenario más probable".

Gobernabilidad

El problema, de acuerdo con las reflexiones que se hacen en el Ejecutivo y en la calle Génova de Madrid, no es solo numérico para lograr la reelección de Rajoy. Si el foco se dirige hacia el medio plazo, el mayor inconveniente es la gobernabilidad. "¿Qué se gana consiguiendo la investidura si luego no se puedea aprobar leyes ni gobernar?", se pregunta otro ministro. La única suma que da es la de PP y PSOE, y si se quiere incorporar Ciudadanos, mejor, dicen en la dirección del partido gubernamental. Pero es una operación que los mismos populares ven improbable porque reconocen que el coste político para los socialistas, no ya de apoyar sino de permitir con su abstención un nuevo mandato de Rajoy, puede ser la tumba política del principal partido de la oposición.

Con todo, hay optimistas, como el titular de Asuntos Exteriores que ven fácil la salida del túnel. "Hay un 95% de posibilidades" de que se alcance un acuerdo con el PSOE y Ciudadanos, apunta José Manuel García-Margallo. Pero la suya más parece la fe del carbonero que un análisis realista. Rajoy, aunque cada vez con más desmayo, insiste en la bondad del tripartito, mientras los suyos cruzan los dedos a la espera del milagro.

El cambio de la postura negativa de Pedro Sánchez es la tabla de salvación del presidente del Gobierno, aunque él mismo tiene la certeza de que va a ser muy difícil. La reunión que mantuvieron en la Moncloa tras elecciones fue muy esclarecedora para Rajoy. El líder socialista fue a decir que no a todo. No quiso ni escuchar lo que tenía que ofrecer el jefe del Ejecutivo. El presidente, en consecuencia, no tiene entre sus planes volver a llamar a Sánchez. "Lo que tenga que decirle se lo dirá en el debate de investidura", apuntan fuentes de su entorno.

El líder del PP quiere acortar los prolegómenos y aumenta la presión sobre el jefe de la oposición. Pedirá al Rey, según fuentes de la dirección de su partido, que presente su candidatura a la investidura en cuanto sea posible. Los populares esperan que el primer debate y votación, en la que se exige la mayoría absoluta para el candidato, se celebre en la última semana de enero o la primera de febrero. La segunda se celebraría 48 horas después. Rajoy da por descontado que en ambas se va a topar con el rechazo del PSOE, y por supuesto de Podemos y del resto del arco parlamentario.

En este escenario, el PP confía en que la reunión del Comité Federal del PSOE del 30 de enero sea decisiva, y que los barones de ese partido, espoleados e irritados por la cesión de senadores socialistas a Convergència y Esquerra para que formen grupo y tengan voz propia en la Cámara alta, tuerzan el brazo, o algo más, a su secretario general. En el partido gubernamental esperan, además, que la presión de Bruselas, de los medios financieros y empresariales, y de los grupos de comunicación haga mella si no en Sánchez, sí en sus barones territoriales para que pasen del rechazo a la abstención.

Desaparición Pero ese cambio de criterio se antoja complicado. El presidente de la Junta de Extremadura, el socialista Guillermo Fernández-Vara, reconoce estar dubitativo, pero también confiesa que si su partido facilita de alguna manera la investidura de Rajoy, "desaparecerá del mapa político" porque sus votantes no lo entenderían. Fernández-Vara no es el único que piensa así en el PSOE.

En la dirección socialista recuerdan que sus bases siempre han estado "más a la izquierda" que sus dirigentes y esta ocasión no va a ser la excepción. Sánchez, dice uno de sus críticos, también lo sabe y por eso apela a la opinión de la militancia como argumento para encastillarse en el no frente a otras posturas más tibias que, aunque todavía no afloran, existen en el PSOE. El secretario general de los socialistas quiere llevar al partido que lidera Pablo Iglesias al mismo dilema que Rajoy le plantea a él, ser el responsable de que no haya un Gobierno "de cambio".

El presidente del Gobierno y todo el orfeón popular intentan situar a Sánchez ante el espejo de la responsabilidad para que España tenga un Ejecutivo "estable y reformista" con el apoyo de PP, PSOE y Ciudadanos. El líder socialista plantea idéntico envite a Podemos, pero con una gran diferencia entre ambas disyuntivas. Si no hay acuerdo y hay que repetir las elecciones, el PSOE tendría razones para preocuparse, y el partido de Iglesias, todo lo contrario. Por eso Sánchez coquetea con Esquerra, Convergència, PNV e IU; a los independentistas catalanes les ha prestado senadores, y a los nacionalistas vascos les ha cedido un puesto en la Mesa del Senado en detrimento de Podemos. Se trata de acumular potenciales aliados para la investidura y dejar en evidencia la formación que encabeza Pablo Iglesias con su negativa al acuerdo.

Pero el partido morado tiene razones tácticas y estratégicas para jugar al no pacto, aunque ello pueda conducir a un nuevo Ejecutivo de Rajoy. Roger Senserrich, politólogo del colectivo Politikon, puntualiza que el acuerdo para que gobierne Sánchez tendría "un coste de oportunidad" para Podemos ya que implicaría "no adelantar elecciones y dejar escapar al PSOE con vida al menos durante uno o dos años", lo que durase la legislatura.

El fantasma de la repetición de los comicios que subyace en este juego entre bambalinas no parece que vaya a ser buen negocio político para nadie. Los expertos aventuran que los resultados no cambiarían demasiado y que el PP se mantendría, con Rajoy o sin él, como primera fuerza, y que quizá recuperaría votos que se quedaron en la abstención o se fueron a Ciudadanos. "¿Qué serían? Diez escaños más, eso no soluciona nada", se pregunta y responde un miembro de la dirección del PP. Los politólogos también consideran que es factible un nuevo trasvase de votos del PSOE a Podemos, pero en ningún caso una desbandada. Se acortarían las distancias, y hasta cabría que se revirtieran las posiciones, pero la izquierda tendría el mismo peso que tras el 20 de diciembre, igual que la derecha. La correlación de fuerzas sería casi idéntica a la de ahora y el problema el mismo.

Todo apunta, por tanto, a que esta legislatura será brevísima, cuatro o cinco meses, si nadie logra la investidura y hay que convocar nuevas elecciones; y breve, a lo sumo dos años, si la consiguen Rajoy o Sánchez, aunque el socialista lo tenga aún más difícil, porque el mandato se ceñiría a hacer las reformas pactadas.



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