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PSOE

Susana Díaz frena el desembarco en Madrid hasta que se aclaren los pactos

  • La baronesa andaluza repliega velas para no dañar su imagen e insiste en que la prioridad es resolver la gobernabilidad del país

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz.

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz.

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz.

EFE
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10/01/2016 a las 06:00
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  • colpisa. sevilla
Agazapados pero a la espera. El socialismo andaluz, con Susana Díaz a la cabeza, ha replegado velas en la violenta guerra interna abierta en el seno del PSOE tras el desafío lanzado a Pedro Sánchez por el control del partido. Ante la necesidad de proteger su imagen tras las fuertes críticas internas y mediáticas a sus ambiciones personales en un momento clave para la gobernabilidad del país, la presidenta andaluza ha optado por dar una pequeña tregua a su secretario general. En su decisión pesa que los apoyos en el resto del país están aún verdes para garantizar el triunfo y que pocos entenderían una pelea de liderazgo en plena campaña electoral en Cataluña, pero sobre todo la necesidad de dejar bien atado el relevo en Andalucía.

"Si perdemos Andalucía lo perdemos todo". Ese es el principal temor que se extiende entre numerosos dirigentes y militantes del PSOE andaluz. Cuestionan que la posible marcha de Díaz a Madrid, después de asegurar por activa y pasiva hace apenas un año que su prioridad era Andalucía, generaría desconfianza en un electorado ya de por sí hastiado y "le haría prácticamente la campaña" al PP andaluz. En las autonómicas le sacó nueve puntos, pero se dejó 114.00 votos. Y en diciembre encadenó su cuarta victoria electoral, pero sin la abultada diferencia de otras ocasiones: apenas dos puntos sobre el PP y 10.000 votos menos que hace cuatro años.

En el PSOE sevillano, la cuna de Díaz, cuadros afines a la presidenta reprochan que ésta "haya entrado al trapo" del PP al situarla como referente nacional ahondando en sus malas relaciones con Pedro Sánchez. Afirman incluso que la socialista "se pasó de frenada" al plantear de forma "impulsiva" una batalla a muerte por la secretaria general en la que es la propia Díaz quien más tiene que perder. "Frente a un secretario general sin fuerza, ella es quien es porque tiene el poder en Andalucía", recuerdan, insistiendo en la importancia de dejar bien amarrada la sucesión. Tampoco está muy claro además que en el pulso resultase victoriosa: su figura no tiene tanto tirón pasado Despeñaperros, y los barones autonómicos han reculado por la imagen que se estaba dando ante unos ciudadanos atónitos que los suponían más preocupados por resolver la formación del gobierno.

En su entorno, sin embargo, niegan este extremo, y defienden que "un PSOE fuerte en España beneficiará también a Andalucía". La tesis que se ha impuesto entre los más cercanos bascula sobre dos pilares: la autocrítica imprescindible ante un batacazo considerable del PSOE de Sánchez justo tras la legislatura con más recortes sociales y el compás de espera que imponen los numerosos flecos abiertos en la política nacional. Son quienes mantienen que Díaz podría ser "el revulsivo" que necesitan unos socialistas en horas más que bajas.

NOMBRES EN LA SOMBRA

Al igual que pasó en el verano de 2014, su posible marcha ha empezado a agitar el patio del socialismo andaluz. Podría compaginar temporalmente la secretaria general del partido con la presidencia de la Junta de Andalucía, pero no con el liderazgo del partido en la comunidad. Y como las bicefalias no funcionan, tendría que dar rápido el salto como candidata a La Moncloa, por lo que debería ungir a alguien de su confianza que no sólo lleve las riendas del PSOE andaluz, sino que además encarne un relevo institucional que garantice la hegemonía del único partido que ha gobernado la región desde la llegada de la democracia.

Pese a que el salto de Díaz a la política nacional ya no se percibe tan inminente, las quinielas vuelven a barajar ahora los nombres de entonces, en los que ya se dejaba ver la dificultad del recambio ante la falta de un 'número dos' potente en el partido o el Gobierno, merced a la táctica de "tierra quemada" ejecutada para apartar a quien le haga sombra, según le reprochan algunosn detractores de sus formas. Se menciona a la consejera de Hacienda, María Jesús Montero, alguien con una dilatada trayectoria en los gobiernos regionales desde Manuel Chaves, pero de la que muchos desconfían por su ambición y la elevada probabilidad de que rechace cualquier tutela. Su marcado carácter le ha valido además varios desencuentros con la presidenta.

Con fuerza surgen también gente de su generación y su total confianza, como Verónica Pérez, a quien confió la tarea de regir el PSOE de Sevilla, o el actual consejero de Turismo, Javier Fernández, cuya amistad se remonta a la época de juventud, aunque muchos creen que ambos que carecen de talla suficiente para imponerse en unas elecciones. Tampoco Mario Jiménez, el portavoz parlamentario en la Cámara autonómica cuenta con su total simpatía, a lo que se añade que fue el otro barajado por José Antonio Griñán para encabezar el relevo generacional del partido en el que ella se acabó imponiendo para iniciar un ascenso que puede estar a las puertas del salto definitivo.



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