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CATALUÑA

Pedro Sánchez trata de liderar el frente antisecesionista

  • El líder del PSOE conversa por teléfono con Rivera e Iglesias para analizar los contactos con Rajoy

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01/11/2015 a las 06:00
  • colpisa. madrid
Pedro Sánchez intenta marcar perfil propio en el pacto antisecesionista que impulsa el presidente del Gobierno. Después de quedar desplazado por el contraste entre su discreta reunión con Mariano Rajoy en la Moncloa y las muy publicitadas que mantuvieron Albert Rivera y Pablo Iglesias, el secretario general del PSOE intentó hoy recuperar protagonismo con sendas llamadas a los líderes de Ciudadanos y Podemos para cotejar sus puntos de vista después de los encuentros con el jefe del Ejecutivo.

El jefe de la oposición se vio relegado a un segundo plano al no poder dar su versión de la reunión que mantuvo el miércoles con Rajoy. Un encuentro sin fotógrafos ni conferencias de prensa posteriores y que la Moncloa despachó con un comunicado de cuatro líneas. Nadie sabe, salvo los dos interlocutores, de qué hablaron en su almuerzo de un par de horas. En cambio, las citas de Rajoy con Rivera e Iglesias tuvieron una amplia cobertura y los tres protagonistas expusieron en público y con largueza sus planteamientos.

Una diferencia que causó malestar en el entorno del secretario general del PSOE porque entendieron que hubo una diferencia de trato para favorecer a las dos fuerzas emergentes y silenciar al principal partido de la oposición. Desde la Moncloa señalaron que los líderes de Ciudadanos y Podemos solicitaron una sala para comparecer tras sus encuentros con Rajoy, y Sánchez no lo hizo.

Hoy a primera hora de la tarde, el secretario general del PSOE llamó por teléfono primero a Rivera y después a Iglesias. Sánchez, según fuentes socialistas, discrepó con el presidente de Ciudadanos sobre la necesidad de rubricar un pacto escrito contra la independencia de Cataluña. Algo en lo que coincidió con Rajoy, que tampoco creyó imprescindible firmar un texto sobre la base de los cinco puntos que llevó Rivera a la reunión del viernes en la Moncloa.

Sánchez defendió, en cambio, la conveniencia de sumar fuerzas al proyecto de reforma de la Constitución. Rivera, según explicaron portavoces de Ciudadanos, aceptó durante la conversación estudiar la propuesta de reforma constitucional del PSOE, y Sánchez se comprometió a hacer lo propio con el proyecto de regeneración democrática institucional que el partido naranja presentará el 7 de noviembre en Cádiz.

REFERÉNDUM, NO

Luego fue el turno de Iglesias. El secretario general de los socialistas comparte con su homólogo de Podemos la propuesta de la reforma de la Constitución, si bien Iglesias plantea unos cambios más drásticos. No hubo la misma sintonía con el referéndum pactado en Cataluña que plantea el partido morado como fórmula para desencallar el conflicto.

Sánchez acordó con sus interlocutores mantener las vías de comunicación. Su intención es incorporar a otros partidos a su proyecto constitucional para vencer las reticencias del PP a encarar una modificación de la Carta Magna. Rajoy ya ha anunciado que el programa electoral del PP no incluirá los cambios en la Constitución aunque se declarado dispuesto a escuchar los planteamientos de otras fuerzas.

El líder del PSOE recibió el aval de la dirección de su partido y de los barones territoriales socialistas para sumarse al frente antisecesionista catalán. Pero no son pocos los dirigentes socialistas que defienden que Sánchez tiene que marcar su propio perfil sin dejarse sepultar por las propuestas de Rajoy. Algo que ocurrió, a juicio de muchos en el PSOE, con la comparecencia del presidente de viernes a última hora, cuando dio por hecho que contaba con los socialistas para el pacto por la unidad de España y las medidas que se tengan que adoptar para afrontar el desafío separatista. El líder socialista ha dejado sentado que estará al lado del Gobierno para responder al reto soberanista, pero sin que de esa disponibilidad se pueda inferir que compartirá todas las medidas que se adopten en la Moncloa. Un equilibrio, admite en su partido, que será difícil.



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