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NACIONAL

La vicepresidenta llama al orden a los ministros para que pongan fin a las trifulcas

  • Margallo tacha de ágrafo, poco leído y menos viajado a Montoro y caldea aún más las reuniones del Gobierno

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Actualizada 16/10/2015 a las 21:59
  • COLPISA
Lo que tiene que haber sido el pincho de tortilla del Consejo de Ministros de este viernes. Es de imaginar que de compadreo, poco, y tensión, mucha. Los miembros del gabinete, apenas repuestos de las andanadas de Cristóbal Montoro, se desayunaron con las réplicas del titular de Exteriores a su colega de Hacienda, al que al que llamó ágrafo, poco leído y menos viajado. Ante el cariz de los acontecimientos, la vicepresidenta, tras el Consejo de Ministros, cortó por lo sano: "No habrá más (trifulcas)".

Aunque el presidente del Gobierno se empeñe en que no hay crisis, el estado de nervios y ansiedad en su equipo ministerial y en el PP es evidente. Los duros epítetos que Margallo dedicó hoy a Montoro son prueba de ello. "Si eres ágrafo y no lees. Yo he publicado libros todos los años. Decir que yo estoy congelado cuando yo hablé de la unión monetaria antes que nadie, de los eurobonos antes que nadie, de la reforma constitucional antes que nadie", reprochó el jefe de la diplomacia al ministro de Hacienda. Era la respuesta a las acusaciones de "arrogancia intelectual" y de tener ideas anticuadas que le endosó Montoro el pasado miércoles.

El ministro de Asuntos Exteriores también contrastó en el diario digital 'El Español' su intensa agenda internacional con la de su colega de Hacienda, "que solo ha viajado esta legislatura a Andorra y Bruselas". En cambio, "yo presido el mundo", se jactó en alusión a que España preside este mes el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

A pesar de este fuego graneado, Margallo dijo no tener nada en contra de Montoro porque son "dos especies de animales" tan distintos que no se llevan "ni bien ni mal". Y remató: "La gente que no me interesa, no existe". Hechos estos comentarios como poco mordaces, el jefe de la diplomacia dijo no sentirse ofendido por las palabras acusatorias del titular de Hacienda. Es más, aseguró que se las toma "a broma".

Margallo y Montoro se vieron las caras horas después en el Consejo de Ministros presidido por Rajoy, y no hay constancia de que el presidente amonestara a sus dos colaboradores por la imagen que dan de cómo están las cosas en el Gobierno a dos meses de las elecciones. Pero Soraya Sáenz de Santamaría, tras unos vanos intentos de echar balones fuera, se puso seria y aseguró que "no habrá más" trifulcas entre ministros en el futuro.

La vicepresidenta había tratado antes de minimizar el alcance del enfrentamiento y negó que el enfrentamiento refleje el estado de ánimo del Ejecutivo. Explicó que ambos acudieron a la reunión semanal del gabinete y se trataron "con absoluta normalidad". Margallo y Montoro, explicó, deben estar enfrascados en "trabajar" hasta el final de la legislatura, sin tiempo "para otro tipo de disquisiciones".

Grupos de ministros La existencia de fricciones en el Consejo de Ministros son un secreto a voces. Por un lado está el denominado G-5, o los más amigos de Rajoy, que está formado por Margallo, Ana Pastor, Jorge Fernández Díaz, y José Manuel Soria; antes incluía a Miguel Arias Cañete que al ser elegido eurodiputado dejó el hueco a su sucesora, Isabel García Tejerina. Este quinteto se suele reunir en comidas y excursiones, la más sonada fue una del año pasado a una bodega en la localidad riojana de Haro con noche en un convento incluida. A este grupo se incorporaron en alguna ocasión los dimitidos José Ignacio Wert y Alberto Ruiz Gallardón.

El segundo bloque es el de los más próximos a la vicepresidenta, también llamado los 'sorayos', y en él se encuentran Montoro, Alfonso Alonso y Fátima Báñez. Su vínculo se forjó en los años de oposición en el grupo popular del Congreso. Hay asimismo ministros que no se alinean ni en uno ni en otro, como Luis de Guindos y Pedro Morenés.

Los choques, discrepancias o debates entre los dos grupos no han trascendido y sus diferencias, si las hay, alimentan más el catálogo de las leyendas urbanas que el de las realidades políticas. Con todo, el pique entre los titulares de Hacienda y Asuntos Exteriores viene de atrás. Margallo no escondió este verano su enfado por la decisión de Hacienda de hacerle una 'paralela' por las declaraciones de IRPF entre 1994 y 2011, cuando era eurodiputado, y tributó el 22% que le descontaba el Parlamento de Estrasburgo, mientras que en España debería haber pagado el 35% de acuerdo a sus ingresos. Según los cálculos de la Agencia Tributaria, se ahorró unos 10.000 euros anuales.

El ministro de Exteriores redujo todo a una diferencia de criterios, que aún no se ha aclarado. Claro que Margallo tampoco es manco y siempre ha sido uno de los mayores críticos de Montoro. Hace solo un año dijo: "No sé si después de lo que está haciendo Montoro con el IRPF vamos a hacernos populares por haber puesto en marcha" la reforma del impuesto sobre la renta.

Pero esta bronca entre ministros no es excepcional, tiene antecedentes. En el Gobierno socialista de Felipe González pasaron a la historia las que mantuvieron en torno a la mesa del Consejo y fuera de ella Alfonso Guerra y Jorge Semprún, ministro de Cultura entre 1988 y 1991.

El escritor no tenía empacho en hacer comentarios sarcásticos de los conocimientos literarios y musicales del "bolchevique de salón" o "personaje de tebeo" que, a su juicio, era el vicepresidente. En su última obra, 'Federico Sánchez se despide de ustedes', Semprún derramó todo lo que había callado sobre Guerra y el Gobierno de González en aquellos tres años.



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