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NACIONAL

Indemnizados por los 'daños morales' originados por los ruidos de un bar

  • El alto tribunal resalta en una sentencia que no es necesario causar daño físico o material a una persona, sino que basta la posibilidad de producirlo

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15/10/2015 a las 06:00
  • COLPISA
El Tribunal Supremo avala indemnizar por «daños morales» a un matrimonio las víctima del ruido «insoportable» producido por un bar, pese a no estar constatados daños físicos que les fueran diagnosticados fuera causa del volumen de la música que se escuchaba ene local. El alto tribunal resalta en una sentencia que no es necesario causar daño físico o material a una persona, sino que basta la posibilidad de producirlo: «El delito se consuma con la infracción de las normas protectoras del medio ambiente con afectación potencial del mismo, surgiendo la cualificación si el riesgo de grave perjuicio pudiera repercutir en la salud de las personas, como es el caso».

La sentencia, de la que ha sido ponente el magistrado de la Sala Segunda José Ramón Soriano, confirma la condena impuesta una mujer que arrendó el disco-bar ‘Chiringuito’ de la localidad de Campillo de Altabuey (Cuenca) entre 2002 y 2007 y que ponía la música a un volumen que superaba en 11,1 decibelios el límite máximo legal permitido, segun el resultado de una de las mediciones obtenidas.

El mismo Ayuntamiento procedió incluso al precinto del equipo de música del local hasta que fuera acondicionado a la normativa vigente. Sin embargo, el precinto fue roto, por lo que se clausuró el bar.

El ruido provocó molestias al matrimonio que habitaba en la vivienda colindante, en quienes se detectaron patologías similares a las que produce la exposición prolongada a un alto nivel acústico, como hipertensión arterial, trastornos ansioso depresivos, hipoacusia neurosensorial bilateral, cansacio o arritmia cardíaca, entre otras.

El informe pericial del médico forense sobre el matrimonio ni afirmó ni negó «de forma categórica la relación de causalidad entre la perturbación acústica soportada y los daños físicos». Sin embargo, el fallo avala que corresponde la indemnización de los perjudicados por daño moral, como pidieron la Fiscalía y la acusación particular, ya que en cualquier caso el dictamen pericial dejó acreditado que ambos estuvieron «expuestos por un periodo prolongado a una contaminación acústica superior al nivel permitido y susceptible de ocasionar daños a las personas».

El Tribunal Supremo recuerda que tras las mediciones se atendieron los diligencia los requerimientos de insonorización del local y la colocación de limitadores de sonido en los aparatos de música por parte del propietario del local. Pero destaca también la sentencia, que la responsable del bar «consciente de las molestias que ocasionaban los ruidos consintió que el limitador instalado se alterase», lo que provocó una nueva visita de los inspectores de Medio Ambiente que volvieron a detectar excesos de ruido de hasta 11,8 decibelios por encima de los 30 permitidos.

Por todo ello, la mujer que arrendó el local fue condenada por la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Cuenca a pagar una indemnización de 5.000 euros a cada una de las dos personas afectadas, así como a diez meses de prisión, al aplicarle la atenuante muy cualificada de dilaciones indebidas del proceso. La Audiencia también condenó a las mismas penas al propietario del local, que alquiló el bar a la mujer.

Ahora, el Supremo confirma la condena de la encargada del disco-bar ‘Chiringuito’, pero estima el recurso presentado por el propietario del local y le absuelve. Según explica en el fallo, los ruidos comenzaron «cuando el local fue regentado por la acusada y no antes» y que este hombre «hizo todo lo que estaba de su parte para llevar a cabo las obras de insonorización y la instalación de un limitador de ruido» y «no ha quedado acreditado» que fuera él «quien alteró» el citado sitema limitador.

«El buen o mal uso que se hiciera de los aparatos de sonido era exclusivamente imputable a la acusada que regentaba el local», a la que correspondía «la obligación de cumplir y respectar» la normativa de ruidos, por lo que declara a ella «única responsable penal».



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