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CATALUÑA

El independentismo catalán prepara una exhibición de fuerza para arropar a Mas en su declaración como imputado

  • Se enfrentan a penas que van desde los seis meses a os 10 años de inhabilitación

Artur Mas.

Artur Mas.

Artur Mas.

AFP
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13/10/2015 a las 06:00
  • COLPISA
El independentismo arropará este martes y el jueves a Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau, cuando acudan a declarar como imputados al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. El presidente de la Generalitat, la exvicepresidenta y la consejera de Educación están acusados de cuatro delitos por la Fiscalía por su actuación en la organización de la consulta del 9 de noviembre pasado: desobediencia, prevaricación, malversación de dinero público y obstrucción a la justicia, que implican penas que van de los seis meses a los 10 años de inhabilitación y prisión de tres a seis años, en el caso de la malversación de fondos públicos.

En pleno pulso con el Gobierno central por la desconexión de Cataluña de España, el independentismo volverá a hacer una demostración de fuerza en la calle para rechazar un proceso judicial que se presenta desde el secesionismo como un ataque frontal a Cataluña y como la prueba del nueve de que España es un Estado de baja calidad democrática del que conviene separarse. Un Estado con una «mínima solvencia democrática» habría ordenado retirar la querella tras el 27-S, dijo Mas el sábado pasado ante la plana mayor de su partido.

El Pacto Nacional por el Derecho a Decidir, entidad que agrupa a decenas de entidades soberanistas públicas y privadas, partidos y sociedad civil, emitió el domingo un comunicado en el que rechazó las querellas por «antidemocráticas».

Los actos de protesta están liderados por la Asamblea Nacional Catalana, Òmnium Cultural y la Agrupación de Municipios por la Independencia, las mismas entidades civiles que han impulsado las manifestaciones de la Diada y que son los motores en la calle del proceso soberanista. La calle será una vez más el escenario en que el indepedentismo medirá su fuerza. Bajo el lema «En defensa de la democracia y las instituciones catalanas», las plataformas han organizado concentraciones a las puertas del tribunal este martes y jueves, y manifestaciones también este martes en las plazas mayores de cada ayuntamiento catalán. La de la plaza Sant Jaume, en Barcelona, será el epicentro de las protestas.

La jornada de mayor carga simbólica será el jueves, cuando declarará Mas. El presidente de la Generalitat aprovechará su cita ante los magistrados para darse un baño de masas, reforzar su figura como líder secesionista, hasta el punto de presentarse casi como un mártir e instrumentalizar la imputación.

Círculo simbólico

Mas quiere mantener la presión sobre Rajoy y lanzar el mensaje al exterior de que el Gobierno español es capaz de procesar a un dirigente político solo por consultar en las urnas a la ciudadanía. Y, sobre todo, trasladar a la CUP que antes de que la formación anticapitalista pidiera a Junts pel Sí actos de ruptura irreversible con el Estado, el dirigente nacionalista ya estaba dispuesto a desafiar al Constitucional y desobedecer sus resoluciones, como hizo el 9-N poniendo las urnas, aun a riesgo de acabar imputado.

Por todo ello, para el día de su declaración, Mas ha preparado una jornada de fuerte carga simbólica y no ha dudado en explotar y tratar de hacer un paralelismo entre la figura de Lluís Companys, presidente catalán fusilado por las tropas franquistas, y su declaración como imputado. El mismo día en que se cumple el 75º aniversario de la ejecución de Companys en el castillo de Montjuïc, en Barcelona, Mas acudirá a la ofrenda floral ante la tumba de su antecesor y acto seguido irá a declarar, donde le esperará una multitud en las escalerillas del tribunal y en la explanada donde está la sede del tribunal, precisamente en la avenida Lluís Companys de la capital catalana, para cerrar el círculo simbólico.

La supervivencia política de Mas está en entredicho, pues la CUP, con quien negocia un pacto que asegure la gobernabilidad e impulse el proceso hacia la independencia, insiste en no investir al actual presidente de la Generalitat por sus políticas de recortes y por representar a un partido minado por la corrupción. Pero si fuera procesado durante las negociaciones entre la CUP y Junts pel Sí, la izquierda antisistema se encontraría ante una situción en la que tendría muy complicado justificar su no apoyo.



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