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CATALUÑA

Cataluña, de la Constitución a la independencia

  • La sociedad catalana ha dado un vuelco de 180 grados en 35 años. En 1978, fue una de las comunidades autónomas que más apoyó la Constitución

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18/09/2015 a las 06:00
  • COLPISA
La sociedad catalana ha dado un vuelco de 180 grados en 35 años. En 1978, fue una de las comunidades autónomas que más apoyó la Constitución (90% de síes, con un 68% de participación en el referéndum). Sin embargo, tres décadas después está a las puertas de iniciar un camino que puede llevarle hacia la independencia. En torno al 70% de los catalanes están a favor de que Cataluña decida su relación con el resto de España en una consulta y entre el 40% y el 50% -según el momento- es partidario de la secesión. ¿Qué ha pasado para que uno de los cónyuges de un matrimonio que parecía para toda la vida plantee el divorcio?

Ignasi Guardans, exdiputado de CiU, cree que hay que repartir las culpas a un lado y otro del Ebro. «Se ha creado una caricatura desagradable de Cataluña, que si somos insolidarios, que solo nos interesa el dinero, que no dejamos hablar castellano a los niños en nuestras escuelas. Y en Cataluña lo mismo, que si España es opresora, franquista, casposa.». «Por negligencia de los poderes públicos, y con el silencio de muchos, se ha producido un desencuentro», afirma.

Guardans carga contra sus excorreligionarios por construir unos ideales, unos anhelos de libertad, como si la sociedad «viviera en una videojuego y todo fuera muy fácil de conseguir». «Se promete la felicidad con mucha ligereza», apunta. Pero también arremete contra la opinión pública española, «que ha sido muy responsable de este desencuentro», dando cancha a una dinámica que «nos lleva a todos a chocarnos contra la pared».

Muriel Casals, expresidenta de Ómnium Cultural, número tres de la lista de Juntos por el Sí por Barcelona y una de las piezas clave del despegue del secesionismo, reduce lo que está pasando a dos factores. Por un lado, apunta que la parte del catalanismo político que intentaba transformar España para que Cataluña tuviera un buen encaje se ha dado cuenta de que esa operación «no es posible». «La respuesta negativa y constante de los gobiernos del PP y PSOE a las reclamaciones de Cataluña ha llevado a una parte de ese catalanismo a considerar que más que cambiar España lo que quiere es cambiar las relaciones con España», resume.

Además, señala que, después de hacer una lista con lo que los catalanes piden desde hace años, al final el catalanismo ha caído en la cuenta de que en realidad lo que reclamaba era la independencia. «En cierto modo, nos dimos cuenta de que había más independentistas de los que realmente éramos», argumenta.

Joaquim Coll, historiador y vicepresidente de Sociedad Civil Catalana, la plataforma antisoberanista, habla en cambio de «manipulación» de los hechos por parte del nacionalismo. «El separatismo ha construido un cuento que dice que los catalanes somos víctimas de un espolio insufrible, el denominado déficit fiscal, construyendo argumentos falsos y mentiras». Cree que la historia se ha convertido en un «arma política», para «abrir heridas y dejarlas abiertas», porque está convencido de que los catalanes no sufren «ninguna opresión ni discriminación». «Ni tampoco somos súbditos, sino que somos ciudadanos con los mismos derechos y deberes que el resto de españoles», asegura.

MANIPULACIÓN

En esencia, los argumentos del independentismo, según reza en uno de los muchos documentos que ha elaborado la Asociación Nacional Catalana para repartir entre la ciudadanía, parten de la teoría de que Cataluña tiene un Estado en contra, que le ahoga financieramente, que pretende cargarse la inmersión lingüística por la vía judicial y que nunca cumple sus promesas. Empezando por el «apoyaré el Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña» de José Luis Rodríguez Zapatero, que derivó en el «cepillado» del proyecto por parte de Alfonso Guerra y la posterior mutilación por parte del Tribunal Constitucional, una sentencia que fue entendida por muchos como un acto de humillación a Cataluña, ya que el Estatuto había sido refrendado por la ciudadanía. La lista la completan el déficit fiscal y el famoso España nos roba, que se resume la creencia de que 16.000 millones anuales de los impuestos de los catalanes -el 8% del PIB autonómico- no regresan nunca por la vía de la inversión estatal en infraestructuras.

El catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras sostiene que el nacionalismo ha creado un «pequeño monstruo» a partir del España nos roba, la crisis económica, la necesidad de escapar de los casos de corrupción, la sentencia del Estatut («que se coge como un ataque a Cataluña») y una cierta acentuación del uso «propagandístico» de TV-3. «Se está manipulando a la sociedad como en los años treinta en Alemania», señala, aunque también admite que el Gobierno central «no ha hecho nada» y no ha puesto ofertas sobre la mesa para frenar el independentismo.



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