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OBITUARIO

El adiós del empresario más populista, José María Ruiz-Mateos

  • El creador del holding de la abeja acabó defraudando a los que creyeron que había sido una víctima del Gobierno de Felipe González

Fotografía de archivo del empresario José María Ruiz-Mateos.

El adiós del empresario más populista, José María Ruiz-Mateos

Fotografía de archivo del empresario José María Ruiz-Mateos.

EFE
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08/09/2015 a las 06:00
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  • COLPISA. MADRID
"Cuando la marea está alta esconde muchas cosas. Cuando la marea baja, se descubre al que nadaba desnudo". La frase, pronunciada hace ya algunos años por el multimillonario norteamericano Warren Buffett, sirve perfectamente para explicar la turbulenta historia de José María Ruiz-Mateos. El empresario gaditano (Rota, 1931), falleció este lunes a los 84 años de edad en un hospital de El Puerto de Santa María, donde permanecía ingresado desde mediados de agosto cuando fue intervenido de una fractura de cadera y que más tarde se complicó con una neumonía y un progresivo deterioro de su estado de salud.

Su primera vocación empresarial nació a la temprana edad de doce años, cuando junto a sus hermanos decidió juntar el dinero que tenían ahorrado para prestarlo a sus amigos, a cambio de un módico interés. Comprar, vender, prestar y seducir con las armas más variopintas, fueron las obsesiones de su vida. La primera ‘celdilla’ de aquel panal que se llamaría Rumasa la puso en 1961, con la adquisición de una bodega en Jerez. A partir de ahí y hasta que el Gobierno socialista de Felipe González decidió expropiarle, el 23 de febrero de 1983, Ruiz-Mateos se dedicó a comprar empresas y bancos. De todos los tamaños, en sectores tan alejados como la alimentación, los hoteles, el vino o los grandes almacenes. En el momento de la expropiación, Rumasa era un entramado de 700 sociedades y unos 60.000 empleados, en cuyo seno había 20 bancos. La peripecia -todo un antídoto que eliminó para siempre la tentación de expropiar en España cualquier otro grupo empresarial- le costó al Estado una cifra aproximada a los 7.500 millones de euros.

VAYA PASTEL

Nadie sabe a ciencia cierta si el gabinete de Felipe González quería expropiar Rumasa o si fue el propio ministro de Economía, Miguel Boyer, quien precipitó con un error de bulto el colapso del holding que condujo a una situación insostenible a la veintena de bancos. Fue unos días antes del 23 de febrero cuando en una comida con un grupo de periodistas, la pregunta de uno de los asistentes al encuentro -'ministro, ¿qué pasa en Rumasa?'-, hizo que a Miguel Boyer se le cayese en el traje un trozo del pastel borracho que estaba apunto de ingerir. Tampoco está del todo claro si la respuesta del ministro, la que desató la tormenta, fue fruto del enfado por las dificultades que tenía el Gobierno para conocer la situación real del principal grupo empresarial español o porque aquella pregunta sorpresa le hubiese colocado en la ridícula situación de ver como el pastel acababa sobre su pernera. 'Si no dejan que los auditores acaben su trabajo, les mandaremos a la Inspección del Banco de España, como poco', dijo el ministro. La bomba resonaba en los despachos de las agencias de noticias apenas unas horas más tarde y suponían el encendido de todas las luces rojas en la veintena de bancos y un cierre automático del crédito que los proveedores tenían con las numerosas empresas del grupo.

José María Ruiz-Mateos había seguido una estrategia clásica de los tiburones empresariales. Hacerse con el control de empresas al borde de la quiebra -en la mayor parte de los casos sin pagar por ello o incluso recibiendo dinero del empresario que abandonaba el barco a la deriva-, pero en vez de despiezarlas y mantener sólo las áreas rentables, las colocaba en una dinámica peligrosa. Inyectaba dinero desde sus bancos en forma de créditos -lo que a su vez aumentaba de forma desproporcionada la concentración de riesgos del grupo financiero de la abeja-, estimulaba las compras cruzadas entre las empresas del holding y convencía a los trabajadores de que habían pasado a formar parte de una 'gran familia' y que no tenían nada que temer. En definitiva, la estrategia de mantener la bicicleta en pie hasta que lleguen los buenos tiempos… si es que llegan.

Pero tras la crisis del petróleo de mediados de los 70 las empresas del grupo no estaban para alegrías y todo apuntaba a que los bancos de Rumasa habían prestado al grupo cifras muy por encima de lo que parecía razonable. Había bajado tanto la marea que se veía la desnudez de la abeja y todas su rayas amarillas y negras. El error del ministro, los deseos del PSOE de trasladar un mensaje ejemplarizante a la clase empresarial española junto a su inexperiencia en la gestión de grandes crisis, junto a los temores a un colapso de una parte del sector bancario nacional, condujeron a la expropiación.

Ruiz-Mateos sabía que la contabilidad de sus empresas era una filfa -por cierto, como la del 90% del resto de empresas españolas de la época-, de ahí que aceptó como bueno el consejo que Luis Valls, el presidente del Banco Popular -al que definiría como 'mi hermano en la fe', por la pertenencia de ambos al Opus Dei- le dio una tarde, apenas unos días después de la expropiación: 'José María, lo mejor que puedes hacer es irte de España'. Y lo hizo. Puso rumbo a Londres para esconderse posteriormente en la ciudad alemana de Francfort, donde viviría hasta noviembre de 1985, hasta ser detenido y extraditado a España, reclamado como presunto autor de los delitos de estafa a la Seguridad Social y Hacienda y falsedad contable.

EL EMPRESARIO ACTOR

Ahí comenzó su peregrinar por los juzgados, las cárceles y también el inicio de una extraña carrera de ‘showman’, que recurrió al esperpento para denunciar la injusticia que en su opinión había cometido el Gobierno socialista. Trató de agredir a Miguel Boyer -meintras gritaba aquella frase de '¡que te pego , leche!-; se presentaba a las puertas del juzgado disfrazado de Superman o se escapaba de la vigilancia policial tras colocarse una peluca en los retretes de la Audiencia Nacional. También hizo una incursión con éxito efímero en el mundo de la política y adquirió el Rayo Vallecano, equipo en el que colocó como presidenta a su esposa Teresa Rivero.

Lo de hacer negocios iba en la sangre. En 1990, al parecer con dinero que había ocultado en paraísos fiscales, comenzó a diseñar un complejo entramado mercantil para poner en pie la versión 2.0 de su obra empresarial. Nacía entonces la Nueva Rumasa, con todos los vicios de la primera -comprar empresas en crisis a la espera de una mejoría de la demanda-; con préstamos cruzados entre ellas y con la acumulación de deudas millonarias con la Seguridad Social. Pero le faltaban los bancos porque las autoridades no estaban dispuesta a dejar en manos de Ruiz-Mateos una ficha bancaria, lo que tampoco supuso un freno total a sus aspiraciones. En esta segunda aventura empresarial se hizo acompañar de sus 13 hijos, dos de los cuales han terminado con sus huesos en la cárcel.

El empresario gaditano apeló entonces al bolsillo de los miles de españoles que creyeron ver en él a una víctima del Gobierno socialista, a los que pidió ayuda para volver a ser lo que fue. Retorció la legislación para encontrar un hueco sobre el que lanzar una oferta de bonos, por los que llegó a ofrecer una rentabilidad del 10% -cuando el tipo de un depósito a plazo apenas superaba el 3%-, operación con la que captó casi 300 millones de euros de unos 5.000 ahorradores. Y también les defraudó cuando a principios de 2011 las principales empresas del nuevo grupo se declararon en suspensión de pagos, lo que colocaba los ahorros de ese nutrido grupo de ciudadanos anotados en una barra de hielo a punto de derretirse.

Ruiz-Mateos falleció este lunes sin conseguir el principal objetivo que se fijó tras la expropiación: obtener una compensación económica del Gobierno. Los tribunales aceptaron que la decisión del gabinete de Felipe González era legal y que el ‘justiprecio’ a pagar al expropiado no existía porque, sentenció el Supremo, en febrero de 1983 Rumasa no valía nada. Peor, tenía un valor negativo de casi 3.000 milllones de euros.



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