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Prisiones

La población penitenciaria española desciende tras 20 años de aumento

  • El número de reclusos ha bajado un 13 por ciento en un lustro, con una fuerte reducción de los presos extranjeros

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Actualizada 23/08/2015 a las 12:32
  • Colpisa. Madrid
O las fuerzas de seguridad son cada vez más efectivas en la prevención de los delitos o los españoles y los extranjeros que residen en España se comportan cada vez mejor. Sea por una cosa o por la otra, o por la mezcla de ambas, el caso es que España se ha convertido en un verdadero caso de estudio penal en los países occidentales, según apuntan los expertos de diferente signo. España encabeza, con mucho, el descenso de la población penitenciaria entre los países de la Unión Europea y otros de similar nivel socio-económico.

El anuario estadístico del Ministerio del Interior, el más exhaustivo análisis de la radiografía de las cárceles españolas, fue publicado hace solo unos días. Y el estudio pormenorizado confirma las buenas noticias: las cárceles están en una crisis profunda. Si las prisiones fueran un negocio privado, desde luego a los empresarios carcelarios les esperaría un futuro, cuanto menos, gris. 2014 cerró con 65.017 personas entre rejas en los centros penitenciarios del país. Y lo que es mejor, desde 2009, cuando los centros españoles llegaron a la cifra récord de 76.079 presos, la cantidad no ha hecho más que disminuir, un 13 por ciento en solo cinco años. Una caída media de 1.500 internos al año.

Solo entre 2013 y 2014, la colonia penitenciaria se redujo en 1.748 personas. O, lo que es lo mismo, cada día del año pasado los penales de país perdieron a 4,5 de sus residentes. "Vivimos en una situación impensable hace solo unos años, cuando cada doce meses aumentaba la población en casi 4.000 personas. Pasamos veinte años sin lograr frenar ese crecimiento y ahora llevamos seis años de descenso imparable", apunta uno de los responsable de Instituciones Penitenciarias.

España se ha vuelto a situar en niveles de ocupación penitenciaria de 2006, con una población global mucho mayor y mejores infraestructuras que por aquel entonces, cuando comenzaron a terminarse los grandes y modernos centros modulares, que sustituyeron a las viejas cárceles de pabellones. Si positivos son los datos generales, también lo son las cifras más detalladas. La caída de los internos es generalizada en todos los niveles. Menos jóvenes, menos viejos, menos hombres, menos mujeres y menos extranjeros. En los centros nacionales había, a 31 de diciembre de 2014, 60.040 varones (1.642 menos que un año antes) y 4.977 mujeres (106 menos que a finales de 2013).

El descenso de los presos foráneos, si cabe, es mucho más marcado. Desde que en 2009 la población extranjera alcanzara su máximo con 27.162, este colectivo ha caído un 28 por ciento en apenas cinco años, hasta las 19.697 personas. La fuerte caída de los reclusos no españoles, muy por encima del descenso de los nacionales, ha hecho, además, que los extranjeros pierdan 'peso' proporcional en las prisiones. Hace un lustro, los foráneos eran el 35,7 por ciento de la colonia penitenciaria. Ahora ese porcentaje se ha reducido al 30,3 por ciento.

VARÓN Y ADULTO

Pero más allá de la confirmación de que las prisiones viven, afortunadamente, su crisis más profunda desde la llegada de la democracia, el estudio de Interior analiza, como nunca antes, el perfil de esas decenas de miles de personas que en España viven privadas de libertad. Empezando por el perfil tipo del recluso español. Se trataría de un varón, español, de entre 41 y 50 años, y cumpliendo condena (no preventivo) por "delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico" del nuevo Código Penal (el de 1995).

Por partes. La radiografía por edades de los presos españoles arroja datos muy concluyentes. Tres de cada cuatro internos penados (71,2 por ciento) tienen edades comprendidas entre 31 y 60 años. La población juvenil prácticamente es residual (0,7 por ciento), y de adultos jóvenes (15,4 por ciento) tampoco es significativa. La edad media del recluso ya condenado en España es de 39,7 años. Esta edad baja a 37,8 en el caso de los preventivos. En España no hay demasiados presos pendientes de juicio en comparación con los países de su entorno. Y, a pesar de la lentitud de la justicia, el porcentaje cada vez es menor. El 85,9 por ciento de la población reclusa está condenada a penas de prisión (1,9 puntos porcentuales más que el año anterior) y el 13,2 por ciento se encuentra en situación preventiva (0,7 puntos porcentuales menos que el año anterior).

La inmensa mayoría de los reclusos españoles no puede abandonar la prisión, pero tampoco vive aislado. Esto es, el 81,1 por ciento de los internos ya condenados está clasificado en segundo grado de tratamiento. El 16,7 por ciento de los presos sí que puede abandonar la cárcel durante el día por estar en el tercer grado. El pasado año, en España había solo 1.103 reclusos en primer grado, lo que suponía en muchos casos su incomunicación e interceptación de comunicaciones por considerarlos muy peligrosos. En primer grado hay grandes delincuentes como homicidas reincidentes, violadores, miembros de banda organizadas y terroristas.

Este último colectivo, el de los terroristas, al que el Ministerio del Interior dedica un apartado específico, está compuesto por 471 personas (404 hombres y 67 mujeres). En las cárceles españolas hay 376 miembros de ETA, 51 yihadistas, 21 grapos, 8 miembros de bandas independentistas gallegas y quince de otras organizaciones armadas.

CÓDIGOS 

Un dato muy destacado es que en España, obviamente, cada vez quedan menos internos juzgados por el Código Penal de 1973. Entre rejas solo hay 329 reclusos (un 0,6 por ciento del total) que no han sido castigados con la reforma de la ley penal de 1995. Y todos, obviamente, por delitos muy graves por los que están cumpliendo una pena de más de dos décadas de reclusión. De los juzgados tras la reforma del Código Penal de hace 20 años, más de la tercera parte de los presos, un 37,7 por ciento, está entre rejas por "delitos contra el patrimonio". Es decir, mayoritariamente, robos, asaltos o atracos. El peso de esta tipología delictiva, no obstante, va cayendo año a año, como también va lentamente descendiendo el porcentaje de reclusos del segundo grupo más numeroso, el de los condenados por delitos "contra la salud pública".

Los internos penados por el tráfico de drogas son 13.066 (un 23,8 por ciento del total). Ambas tipologías (robos y drogas) son en la actualidad la causa de prisión del 61,5 por ciento de los condenados, pero hace solo una década eran el motivo de encarcelamiento de casi el 80 por ciento de los reclusos.

VIOLENCIA DE GÉNERO 

Tras estas dos tipologías, la más importante es la de los encarcelados por violencia de género, unos ilícitos que no hacen más que crecer. Los maltratadores entre rejas son ya 3.943, el 6 por ciento del total. La inmensa mayoría son hombres. De hecho, solo hay 5 mujeres en España por este delito. Directamente relacionado con el anterior tipo delictivo está el de los presos por delitos "contra la libertad sexual".

En España hay 3.135 violadores o abusadores sexuales. De ellos, 3.075 son varones, frente a las 60 mujeres que hay entre rejas por abusos de carácter sexual.

Destacado es también el número de presos por "homicidio y sus formas" (asesinatos frustrados o en tentativa, fundamentalmente). Son 3.846 personas (3.571 hombres y 275 mujeres) las que en España están recluidas por haber intentado matar a alguien. O lo que es lo mismo, uno de cada 16 reclusos cumple condena por homicida.

Otros grupos destacados son los de los encarcelados por lesiones (2.748 personas), por delitos contra el orden público (2.225) o por infracciones de tráfico (1.396). Como curiosidad destaca que no hay un solo recluido por delitos contra el honor y que el Ministerio del Interior reconoce sin ambages que tiene a 51 personas encarceladas de las que desconoce cuál es el delito por el que fueron juzgadas y condenadas.



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