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Los tropiezos del ministro de Interior peor valorado por el CIS

  • La reunión con Rato es el último charco en el que se ha metido Fernández Díaz, especialista en estar en el ojo del huracán

Jorge Fernández Díaz, este martes en Luxemburgo.

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Jorge Fernández Díaz, este martes en Luxemburgo.

EFE
18
16/08/2015 a las 06:00
  • colpisa.madrid
Ocupa, sin duda, uno de los puestos más delicados en cualquier Gobierno, el de ministro del Interior. Sus decisiones políticas, como las de sus antecesores, siempre son discutidas. El hecho de ser el 'padre' de la criticadísima 'ley mordaza' le ha valido una avalancha de ataques. Pero ni siquiera su papel determinante en esa nueva Ley de Seguridad Ciudadana ha provocado tantas polémicas como sus actuaciones personales y su incontinencia verbal.

Jorge Fernández Díaz es, con mucho, el ministro más polémico de toda la legislatura por sus comentarios y sus acciones. Y la cosa arrecia, según avanzan los meses. La reunión con Rodrigo Rato el pasado 29 de julio en su despacho ministerial es solo el último charco en el que se ha metido, sin encomendarse a nadie, el veterano político catalán. Fernández es un auténtico especialista en lanzarse sin red. Se tira a la piscina haya o no agua.

Fernández Díaz comparte con su amigo y jefe, Mariano Rajoy, un triste récord institucional. Si el segundo es el presidente de Gobierno de la democracia que ha recibido la peor valoración de los españoles, según los barómetros del CIS, el actual titular de Interior cuenta con la nota más baja de un ministro del ramo desde que el instituto demoscópico público comenzó a preguntar por la calificación de los miembros del Ejecutivo, a finales de 1983.

Le gustan las controversias, tengan o no que ver con sus competencias, sobre todo si por medio está la religión, la Virgen o los nacionalistas. "Es Fernández en estado puro", comentaba el martes un alto cargo de Interior sobre la reunión que el ministro mantuvo con Rato. "Una fernandada más", añadía, refiriéndose al término con el que sus colaboradores, de manera cariñosa, se refieren a sus tropiezos y ocurrencias, como la de entrevistarse en su despacho con el imputado más famoso de España (con permiso de Luis Bárcenas) y esperar que la noticia no saliera a la luz pública o que la ciudadanía entienda como normal ese encuentro entre "viejos amigos".

Una denominación, "fernandada", que al ministro no le hace ninguna gracia -pero ninguna- y que nació a raíz de la fijación de Jorge Fernández por 'reventar' importantes operaciones policiales, dando él mismo la exclusiva, aun cuando el operativo estaba todavía en marcha. La última fue sonada. Aunque le costó la cabeza a su jefe de Comunicación, Albert Gimeno, dicen que fue el ministro quien presionó para que aquella mañana de enero de 2014 su departamento se precipitara al enviar un tuit y un mail a todos los medios anunciando varias detenciones en una redada contra el 'frente de Makos' de ETA, cuando parte de los guardias civiles que iban a participar en el operativo todavía estaban en el cuartel de La Salve en Bilbao y aún no se habían iniciado los registros de los despachos de los abogados de los presos, claves para la investigación.

No era la primera vez que Fernández hacía gala de su falta de discreción. La Audiencia Nacional llegó a investigarle por un delito de revelación de secretos después de que convocara una conferencia de prensa para dar detalles sobre una operación contra los Grapo por el secuestro de Publio Cordón cuando el dispositivo policial estaba abierto y bajo secreto sumarial. Algo similar ocurrió en julio de 2012 cuando reveló con cuatro horas de antelación en una radio la detención de Juan María Mujika Dorronsoro, acusado de participar en el intento de ETA de matar en 2001 al entonces presidente del Gobierno José María Aznar con un misil tierra-aire.

Su faceta de activista católico ortodoxo -es destacado miembro del Opus Dei- también le ha dado alas para meterse en avisperos. Antes de llegar al cargo en 2011 ya había protagonizado una intensa polémica al promover que se colgara una placa en el Congreso en recuerdo de Sor Maravillas, que nació en el solar que hoy ocupa la Cámara baja. Aquella iniciativa, apoyada en su momento por el propio presidente del Congreso, José Bono, fue frenada en 2008 en una votación en la que incluso el PP votó en contra. Pero ya en el Gobierno nadie pudo detener al ministro en febrero del pasado año cuando decidió conceder la Medalla de Oro al Mérito Policial, con carácter honorífico, máxima distinción del cuerpo, a Nuestra Señora María Santísima del Amor.

Antes, en 2012, Fernández Díaz otorgó la Gran Cruz de la Guardia Civil a la Virgen del Pilar, medida aprobada en Consejo de Ministros a propuesta suya. Ambas condecoraciones están impugnadas, aunque siguen vigentes. Recientemente, el máximo responsable de Interior, gran devoto de Santa Teresa de Jesús a la que cita de manera recurrente en sus discursos oficiales, pidió a la santa abulense que intercediera por España para salir de la crisis.

Su pasión religiosa, esta vez como declarado antiabortista, le llevó a meterse en uno de los mayores jardines que se le recuerdan. Fue en abril de 2013 cuando, a preguntas de un periodista sobre la ley de interrupción del embarazo, tuvo la ocurrencia de comparar en plena rueda de prensa a ETA con el aborto. "Algo tienen que ver, pero no demasiado", dijo mientras explicaba la caída en Francia del aparato logístico de la organización terrorista. El éxito policial fue eclipsado por su sorprendente equiparación. También le perdió su fervor en marzo de 2013 cuando criticó el matrimonio homosexual porque, entre otros detalles de enjundia, dijo que esa unión no "garantizaba" la "pervivencia de la especie".

Aquellas frases enfadaron al PP y al Gobierno casi tanto como la reunión con Rodrigo Rato, pero el Ejecutivo se limitó a desautorizar sus palabras. Si Rajoy le llegó reprender, sería en privado, como ahora. Como con la religión, a este profundo y declarado antinacionalista -exgobernador civil en la Barcelona y en la Asturias de los duros inicios de los años ochenta, destacado miembro del ala más conservadora del PP y ariete de los populares contra la 'Ley de Memoria Histórica'- se le va la lengua cuando habla del proceso soberanista catalán.

Uno de sus calentones más sonados (o "resbalón", como dicen sus colaboradores) lo tuvo cuando la pasada primavera en una entrevista de radio relacionó el independentismo catalán con el yihadismo. Es más, acusó a la fundación nacionalistas Nous Catalans de hacer proselitismo radical. Soberanistas Y en plena ofensiva soberanista tampoco anduvo muy fino cuando aparecieron en noviembre de 2012 los famosos informes apócrifos policiales sobre los vínculos de Artur Mas con unas supuestas cuentas en Suiza.

Primero les dio verosimilitud y luego, poco a poco, fue desvinculándose de ellos. Dos años después pasó algo parecido sobre la supuesta cuenta en Suiza del exalcalde de Barcelona Xavier Trías. Al final, Fernández tuvo que reconocer en sede parlamentaria que todo era un bulo. La locuacidad de este ingeniero industrial cuando habla de cuestiones jurídicas también se ha convertido en una pesadilla de los expertos de comunicación del Gobierno. La lió cuando dijo que el Ejecutivo hubiera incurrido en "prevaricación" si hubiese impedido la excarcelación del miembro de ETA secuestrador de José Antonio Ortega Lara, Iosu Uribetxebarria Bolinaga. Los equipos jurídicos de Interior y Justicia se echaron igualmente las manos a la cabeza cuando -una vez más sin preguntarles- dijo que había "margen" para hacer "ingeniería jurídica" y evitar la aplicación de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que acabó para siempre con la aplicación de la doctrina Parot. El mismo ministro que inauguró su mandato perdiendo un ipad y un iphone oficiales (se entiende que con información sensible) ha llevado al Gobierno a situaciones embarazosas, incluidas correcciones inmediatas.

Como cuando desmintió "tajantemente" la existencia de un informe de la Policía sobre los 'papeles de Bárcenas' que apuntaba a la financiación irregular del PP solo minutos después de que ese documento fuera notificado a las partes personadas en la Audiencia Nacional. También se desmelena cuando se trata de endurecer los castigos por las protestas callejeras.

Se empeñó una y otra vez -en contra del criterio de los servicios jurídicos del Estado- en que los manifestantes que rodeaban el Congreso en septiembre de 2012 fueran imputados por un delito contra las altas instituciones, un ilícito que negaban una y otra vez los jueces de la Audiencia Nacional, los competentes para ello.

Las hemerotecas están llenas. Las polémicas acciones e intervenciones de Jorge Fernández hasta ahora se le habían venido perdonando como "pecados menores" de un "hombre que no se muerde la lengua". Y, sobre todo, porque el ministro del Interior, pese a sus tropiezos, es uno de los miembros del Gobierno más fieles y cercanos a Rajoy.

Pero el asunto de la reunión con Rato -dicen en el Ejecutivo- va más allá de un desliz. Ninguna de sus anteriores polémicas había acabado en una sesión extraordinaria en pleno mes de agosto en el Congreso de los Diputados. Todo para intentar salir de un berenjenal estival en el que -reconocen en Moncloa- el ministro no tenía por qué haberse metido y, menos, meter gratuitamente a un Gobierno que trata de coger impulso para un durísimo otoño electoral.


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