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Artur Mas

Cataluña inicia la cuenta atrás para proclamar la independencia

  • El presidente de la Generalitat apuró el plazo para convocar los comicios del 27-S, temoroso de que Rajoy adelantase las generales

Mas, durante la firma del decreto de convocatoria de elecciones.

Cataluña inicia la cuenta atrás para proclamar la independencia

Mas, durante la firma del decreto de convocatoria de elecciones.

EFE
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04/08/2015 a las 06:00
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  • Colpisa. Barcelona
Han sido las elecciones catalanas más anunciadas de la historia y desde este lunes ya están convocadas de manera oficial. El presidente de la Generalitat, Artur Mas, cumplió el pacto suscrito en enero con Esquerra y las entidades soberanistas y firmó este lunes por la noche el decreto para adelantar los comicios autonómicos catalanes al 27-S. Se celebrarán un año antes de lo que tocaba y el independentismo tratará de vestirlos de plebiscito soberanista para la ruptura con España, después de que Mas no pudiera celebrar el 9-N el referéndum que había prometido para esta legislatura.

"La negativa del Gobierno a dialogar ha provocado que haya que avanzar las elecciones. Cataluña no vive una situación normal, sino excepcional; estos comicios serán diferentes por lo que se refiere al fondo", afirmó el presidente catalán en el Palau de la Generalitat, en un discurso institucional justo después de la firma del decreto. Mas buscó la imagen histórica, quiso darle el máximo de solemnidad y no dejó dudas de cuáles son sus planes: derecho a decidir y alcanzar la independencia. "Tenemos derecho a soñar un horizonte de esperanza para construir un país mejor", expresó de manera simbólica y pidió a las fuerzas políticas "respeto" por los resultados y que "asuman el compromiso de encontrar las vías políticas y legales para implementar el mandato democrático de las urnas", es decir, buscar la forma de alcanzar la secesión.

El Gobierno catalán, eso sí, trata de presentar un proceso soberanista respetuoso con la legalidad, por lo que se ciñó al guión y no introdujo en el decreto, y por si acaso tampoco en el discurso, ningún aspecto que pueda dar pie a una posible impugnación por parte de la Abogacía del Estado. Por la misma razón, la propia firma del decreto de disolución del Parlamento catalán estuvo rodeada de misterio durante todo el día. Artur Mas, que este martes comparecerá en rueda de prensa para hacer balance de la legislatura, impuso la máxima discreción entre los suyos. Existía el temor de que el Gobierno central pudiera orquestar alguna maniobra de última hora para tratar de torpedear la convocatoria, por la vía de convocar las elecciones generales el mismo 27-S, como se había especulado en los últimos meses, para neutralizar el carácter plebiscitario que Mas, Junqueras y la ANC quieren imprimir a los comicios autonómicos.

Reciban o no esa categoría de referéndum sobre la independencia, en lo que coinciden todos los partidos en liza es en la trascendencia de los comicios, los más importantes en tres décadas de autonomismo, como reconoce incluso el PP. Mariano Rajoy niega el cariz plebiscitario del 27-S y afirma por activa y por pasiva que la independencia de Cataluña no se producirá, pero una victoria soberanista abrirá una nueva era en la política española, podría dar paso a una segunda transición y, con toda seguridad, llevaría al extremo las relaciones entre Cataluña y el resto de España.

La lista unitaria del soberanismo -Junts pel Sí- ya ha adelantado que una victoria clara desembocará a corto plazo en una declaración unilateral de independencia por parte del Parlamento catalán y consumará el desafío catalán al Estado. "Tras el 27-S no habrá marcha atrás", reiteraron este lunes desde el Gobierno catalán. El independentismo ha puesto la directa y tras la hipotética declaracion solemne en la cámara catalana abriría un proceso de 18 meses: gobierno de concentración, creación de estructuras de estado, redacción de una Constitución y referéndum de ratificación, previa proclamación del Estado catalán. Un desafío para el que el soberanismo lleva meses pidiendo una mayoría "sólida", si bien se cuida muy mucho de no fijar un tope mínimo para no pillarse los dedos. Aunque los líderes independentistas proclaman en público que con 68 diputados (mayoría absoluta) ya tendrían suficiente, son conscientes de que necesitan un apoyo mayor. La CUP habla de que la mayoría absoluta debería ser en votos y en escaños y el PSC exige que todo lo que no sea superar los 71 escaños que tienen CiU y ERC se considere un fracaso. Hay quien va más allá y exige al menos 90 diputados, que son los dos tercios de la cámara, los que hacen falta para reformar el Estatut.

DOS MESES DE ALTO VOLTAJE

Mas, que afronta su segundo adelanto electoral, no para de perder apoyos. Hace cinco años se impuso en las elecciones con 62 diputados. Dos años después, abanderando el derecho a decidir, retrocedió a 50. Y ahora, con la independencia como reclamo, las encuestas le dejaban en no más de 35. El presidente de la Generalitat se la juega y en esta ocasión se ha escondido en una lista unitaria, entre CDC, ERC, la ANC y Omnium, que ha vuelto a situar la cuestión catalana en el centro del debate a escasos meses de las generales y ha encendido las alarmas en Madrid.

Quedan, por tanto, escasos dos meses para el 27-S, que se prevén de alto voltaje: el 26 de agosto se publicarán las candidaturas definitivas, el 29 se sortearán las mesas y el 11-S, en plena Diada nacional de Cataluña, arrancará la campaña más intensa en años, hasta el 25 de septiembre. El 26 será el día de reflexión y el 27 se abrirán las urnas.


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