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Política

Los acuerdos postelectorales distancian más a Rajoy y Sánchez

  • El líder de la oposición deja claro al presidente del Gobierno que no renunciará a apoyarse en Podemos para formar gobiernos

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Actualizada 03/06/2015 a las 22:52
  • Colpisa. Madrid
No hay ni la más mínima posibilidad de acercamiento entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy. Al contrario. El presidente del Gobierno convocó este miércoles al líder de la oposición en la Moncloa con la intención de hablar oficialmente de algo tan vasto como la "situación política en general". Si el encuentro fue agrio o cordial es algo que ninguna de las dos partes relató -porque como el resto de encuentros mantenidos por los principales dirigentes políticos del país tras los comicios del 24 de mayo, la entrevista estuvo rodeada de un absoluto secretismo-, pero lo cierto es que, unas horas después, el Ejecutivo se empleó a fondo para airear su malestar con el secretario general del PSOE.

A tenor de sus declaraciones más recientes y de los reproches lanzados por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que fue la única que este miércoles dio pistas sobre el contenido de la conversación, Rajoy pretendía convencer a Sánchez de que España necesita estabilidad institucional para no poner en jaque la recuperación económica y de que los acuerdos en minoría que pretende formar el PSOE gracias al apoyo de Podemos en media docena de comunidades autónomas no contribuirán precisamente a ese fin. Pero no tuvo ningún éxito. "Estoy viendo determinadas posiciones del partido socialista que me preocupan -adujo la número dos del Gobierno ya por la tarde-; estos gobiernos temporales, o de reparto temporal, son algo inédito en nuestra democracia".

Los populares, y no pocos socialistas, están convencidos de que las mayorías que se logren gracias a las conversaciones entre distintas fuerzas progresistas para desbancarlos del poder serán muy efímeras porque en principio todo se reduce a acuerdos de investidura, pero no de gobernabilidad. Y esa era una baza para presionar a Sánchez, aunque no sirvió de nada

MAYORÍAS EFÍMERAS

El principal partido de la oposición defiende que las urnas han castigado claramente las políticas del PP y que los ciudadanos han abogado por un giro a la izquierda que su jefe de filas pretende liderar. Ni siquiera ven otra opción que intentarlo los socialistas que creen que los gobiernos que requerirán de la concertación de tres o más fuerzas políticas, como los que pueden darse en la Comunidad Valenciana, Aragón o Baleares, pueden acabar dando lugar en 2019, o antes, a nuevas mayorías absolutas del PP.

El PSOE existe, se alimenta, y tiene sentido para los ciudadanos, a su juicio, porque hoy por hoy es la única alternativa al PP. Y por peligrosos que puedan ser los pactos con Podemos, que compite con ellos por la hegemonía de la izquierda, abrazarse a los populares los acabaría convirtiendo, "ahí sí que sí", dicen, en el maltrecho PASOK griego. Aun así, Sánchez insistió este miércoles en su discurso de que las alianzas con Pablo Iglesias, con el que también se entrevistó a última hora de la noche en otra cita secreta, no serán a cualquier precio. "Tiene una enorme oportunidad de hacer reformas y, si apuesta por la estabilidad, la regeneración y no la ruptura -adujo-, podremos entendernos".

La advertencia llegó en una rueda de prensa muy estudiada que no gustó nada en el Gobierno. Conforme a la estrategia diseñada en su partido para conseguir que se le visualice como el líder útil de la izquierda, el que puede servirse de su escaño en el Congreso de los Diputados, se presentó ante los periodistas y las cámaras, algo que no quiso hacer el 25 de mayo, con una 'hoja de ruta' completa para Mariano Rajoy; un giro de 180 grados a su política económica y social que, dijo, es lo que dictaminaron los ciudadanos el 24M. Nadie sabía entonces que el presidente del Gobierno lo esperaba unos minutos después con la mesa puesta. Ni siquiera se lo había dicho a los miembros de la dirección del partido con los que había discutido el documento unos minutos antes (sí que se verían pero no cuándo). Algunos socialistas admiten que el gesto quizá no fue demasiado cortés en términos institucionales, pero le quitan hierro.

Sin embargo, en el Ejecutivo saltaron chispas. Sáenz de Santamaría se limitó a replicar que no cambiarán las políticas "que están logrando que España poco a poco se vaya recuperando por las políticas socialistas que hace unos años hicieron que en España no se creciera, se destruyera empleo y hubiera que recortar las prestaciones sociales" y alegó que ahora debería ser tiempo "para que los dos grandes partidos trabajen en políticas de recuperación", pero el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón, calificó la actuación de Sánchez de "sinvergonzonería". "Tendrían que pasar cientos de años para que Pedro Sánchez pueda dar lecciones a Mariano Rajoy", dijo.

La bronca choca con el escenario de Andalucía, donde Susana Díaz aún no descarta que los populares se abstengan y permitan su abstención. Pero eso es harina de otro costal. Gobierno y PSOE aseguran que no hablaron de pactos concretos pero, en todo caso, Díaz no considera a Sánchez interlocutor válido para hablar de lo suyo.



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