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Elecciones Municipales 2015

La victoria más amarga de Esperanza Aguirre en Madrid

  • La suma de Ahora Madrid y PSOE la podría dejar sin ser alcaldesa

Aguirre: "Hemos recibido el mensaje"

La presidenta del PP de Madrid y candidata a la Alcaldía de Madrid, Esperanza Aguirre, ha asegurado pocos minutos después de la medianoche y sin haberse cerrado el escrutinio, que se quedaría en la oposición si no es regidora y que el PP ha "recibido el mensaje" de los madrileños en las urnas.

ATLAS
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Actualizada 25/05/2015 a las 02:05
  • EFE. Madrid
Esperanza Aguirre no ha contenido la caída de votos del PP en el Ayuntamiento de Madrid y aunque su lista ha sido la más votada, la suma de Ahora Madrid y PSOE la podría dejar sin ser alcaldesa, cargo que, según ha dicho muchas veces, es el de mayor honor para un político.

Mariano Rajoy la designó candidata con la premisa de que movilizaría a mucho electorado, y después de que ella reiterara durante meses su disposición a encabezar una lista, a ser posible la de la Alcaldía de la capital.

Aguirre soñaba con el bastón de mando del Ayuntamiento para cerrar el círculo de su carrera política, que comenzó precisamente allí, hace ya 32 años, cuando en las elecciones de 1983 entró como edil en la oposición de la mano de Unión Liberal, para después ser reelegida concejala en 1987 ya con Alianza Popular.

Haciendo gala de su (no siempre oportuna) sinceridad, Aguirre ha pasado los últimos dos meses y medio recibiendo las sugerencias y críticas de los vecinos -a veces sentada con ellos en un sillón tipo chester hinchable- y preparando una difícil campaña en la que el PP se jugaba perder el Ayuntamiento de Madrid, en el que ha gobernado en mayoría absoluta desde hace 24 años.

No ha sido suficiente una campaña en la que se ha recorrido los distritos de la capital y en la que ha debatido "cara a cara" con los candidatos de PSOE, IU, UPyD, Ahora Madrid, Ciudadanos y Vox.

Un formato que ella misma impulsó -en el caso de las elecciones autonómicas se hizo un clásico debate "a seis"- y que, a tenor de los resultados, no ha tenido el efecto que esperaba.

Hace algo más de tres meses Aguirre puso fin a su corta trayectoria como asesora de la empresa de cazatalentos Seeliger y Conde para volver al ruedo electoral, con la idea de que Podemos no gobernara.

Y así, la primera mujer que presidió el Senado y venció en unas elecciones autonómicas se ha enfrentado a las encuestas (negativas para el PP) y a más adversarios que nunca para intentar convertirse en la primera alcaldesa electa de la mayor ciudad de España.

Probablemente muchos de los que la calificaron como "animal político" aquel día de septiembre en el que anunció que dejaba la presidencia de la Comunidad de Madrid y pasaba a la "segunda línea" no creyeron del todo el anuncio de Aguirre, que realmente nunca ha dejado la contienda política, para disgusto de sus rivales.

También de aquellos en el PP que, incluso como Rajoy, han tenido que escuchar las críticas de una política que siempre se ha caracterizado por defender a ultranza su verdad y no ha rehusado ejercer de incómodo e inoportuno Pepito Grillo.

Licenciada en Derecho y funcionaria de carrera del Cuerpo de Técnicos de Información y Turismo del Estado, Aguirre ha logrado mantener al PP como primera fuerza a pesar de los baches que ha tenido por el camino en los últimos meses.

Como el incidente que protagonizó tras ser multada en la Gran Vía y la implicación del que fuera número dos del PP de Madrid, Francisco Granados, en la trama Púnica.

De no ser alcaldesa, Aguirre no habrá logrado su objetivo de que Podemos no llegue al Ayuntamiento, pero no sólo eso.

El Palacio de Cibeles es todavía para ella una especie de "territorio enemigo" que permanece fuera de su control a pesar de la salida hace ya tres años de su gran "rival" político durante años, Alberto Ruiz-Gallardón, con el que mantuvo sonoros rifirrafes en su etapa como máxima responsable autonómica.

Ocurra lo que ocurra, la candidata ha asegurado que seguirá defendiendo los valores del PP, o desde la Alcaldía o desde la oposición, donde le quieran colocar los ciudadanos -o, más bien, los pactos postelectorales-.



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