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Elecciones en Andalucía

​Susana Díaz recibe presiones para no comerciar con la cabeza de Chaves

  • ​La dirigente socialista intenta desatascar su investidura en Andalucía sorteando la exigencia de Ciudadanos de que el expresidente dimita

La presidenta de la Junta de Andalucía en funciones, Susana Díaz.

Susana Díaz plantea un gran acuerdo anticorrupción

La presidenta de la Junta de Andalucía en funciones, Susana Díaz.

EFE
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Actualizada 12/05/2015 a las 18:14
  • colpisa. madrid
Susana Díaz se enfrenta a una situación diabólica. Si en algún momento creyó que el mero hecho de que Manuel Chaves anunciara que no repetirá como diputado en la próxima legislatura le iba a facilitar las cosas se equivocó. El gesto acabó por no ser suficiente para Ciudadanos y, para colmo, la idea de que se estaba permitiendo jugar con el honor de uno de sus dirigentes históricos más destacados provocó una reacción iracunda de una parte del PSOE a la que puso voz Felipe González, pero que también comparten otros muchos.

En Andalucía, de hecho, la líder socialista evitó el pasado viernes que algunos dirigentes afines a Chaves -al que no obstante, le quedan pocos respaldos- siguieran adelante con su idea, aún muy embrionaria, de hacer un manifiesto para repudiar cualquier "chantaje" que implicara su renuncia. La mera posibilidad de que se produjera ese escrito y a la que, según fuentes conocedoras del asunto, era ajeno el propio expresidente, llegó a oídos de la presidenta en funciones de la Junta, que tiró de teléfono para evitar más ruido interno en un momento ya suficientemente delicado para ella.


En todo caso, como muy bien planteó hoy el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, durante un desayuno informativo en Madrid, Díaz tiene en cierto modo las manos atadas. Él lo llamó "problema interno" y redobló la presión. "Estaba cerca que Ciudadanos se abstuviera -dijo en referencia a la segunda votación de la investidura, celebrada el pasado viernes- y, cuando eso se va a concretar, dicen que el pacto anticorrupción no se aplica a Chaves, que no se aplica en algunos casos".

Así, y a pesar de haber dejado dicho en una entrevista en El País que, a la hora de llegar a entendimientos, su afinidad puede estar más relacionada con "razones generacionales que políticas", lanzó una advertencia. "No es suficiente con ser joven, hay que tener las manos libres. El PSOE tiene un problema, son gente nueva, pero no son libres para romper con el pasado".

Las cosas no son tan sencillas. Díaz, que reabrió hoy las negociaciones con todas las fuerzas para intentar su investidura de nuevo el jueves, en una tercera votación, lo sabe. Un líder necesita de su tropa y tiene que saber ser leal a ella. Eso es algo muy interiorizado en el PSOE, fundamentalmente entre la vieja guardia pero también entre dirigentes aún en activo y con capacidad de crear opinión en las bases.

En algunos de esos sectores el enfado viene de lejos. Dicen que ni a Chaves ni al también expresidente andaluz José Antonio Griñán se les ha defendido como "se merecían". Y no hablan solo de Susana Díaz, que fue la primera en decir que exigiría el acta a cualquiera de su partido que resultara imputado (sin tener en cuenta que la posición del PSOE es que la exigencia de responsabilidades la determina la apertura de un juicio oral), sino también de Pedro Sánchez.

Herencia

"No se dan cuenta de que, lo quieran o no, han heredado todo lo que es este partido. Pueden cambiar cosas de ahora en adelante, pero lo que no deberían permitir es que otros les escriban la historia; porque esa historia que escriban otros la arrastrarán siempre ellos", apunta alguien que ha ocupado puestos de alta responsabilidad en el partido pero también en las instituciones.

Esa historia escrita por "otros" habla de dos expresidentes implicados en un fraude. Una imagen tan demoledora, dicen, como falsa. En palabras de Felipe González: "La duda está en si gestionaron bien o no; no se han adueñado del dinero público ni han sido responsables de la actuación fraudulenta".

En la dirección del PSOE andaluz sostienen que ellos jamás aceptaron utilizar la dimisión de Chaves y Griñán como moneda de cambio, pero hay quien replica que el suyo fue un pecado por omisión. Que tanto en Andalucía como en Ferraz dejaron que rodara la bola, hasta el punto de que Chaves, que no tenía ninguna intención de anunciar todavía su decisión de jubilarse cuando acabe esta legislatura, ni quería que ese hecho se vinculara con el 'caso de los ERE', se vio forzado a hacerlo.

Griñán es un caso distinto porque su mandato acaba ya de todas maneras y, según fuentes muy próximas al también exconsejero de Hacienda, él sí había dado vía libre a Díaz para que gestionara como quisiera el anuncio de su marcha.

El caso es que algunos creen que hasta que González no denunció, el 28 de abril, que él jamás habría aceptado la marcha de los expresidentes como condición para el diálogo, parecía que las cosas podían tomar otro camino. El viernes pasado, volvió al ataque. Y pidió al partido "coraje" para defender a dos referentes internos.
 



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