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Sanidad

Objetivo de Alfonso Alonso: enmendar el camino de Ana Mato

  • El ministro toma medidas, en la atención a los sin papeles o en la hepatitis C, para suavizar la política de su antecesora

Alfonso Alonso, nuevo ministro de Sanidad

Alfonso Alonso sustituye a Ana Mato como nuevo ministro de Sanidad

Alfonso Alonso, el actual ministro de Sanidad.

EFE
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Actualizada 03/04/2015 a las 09:25
  • Colpisa. Madrid
El camino comenzó el 3 de diciembre con los parabienes, salutaciones y buenos deseos habituales en estos casos. A primera hora de la mañana, Alfonso Alonso juraba ante el Rey como nuevo ministro de Sanidad, para luego dirigirse al madrileño paseo del Prado y tomar la cartera de manos de su antecesora. Ana Mato recibió elogios por parte de su sucesor por el trabajo realizado en los primeros tres años de legislatura, pero al Ministerio de Sanidad llegaba el cambio.

En primer lugar, de visibilidad. El ministro debe salir más a los medios, dar más la cara. Una mayor presencia del Ministerio de Sanidad, aunque las competencias y el día a día con los pacientes sean de las comunidades. Evitar un caso como la llegada de los misioneros contagiados por el ébola el pasado agosto. Aunque Mato presidió las reuniones en el Ministerio, delegó en los comunicados oficiales y en Mercedes Vinuesa, exdirectora general de Salud Pública, la comunicación. Solo con el contagio de Teresa Romero, la exministra compareció. Tampoco lo hacía su número dos, Pilar Farjas, ajena a la llegada de la pandemia a España. Un perfil bajo que se ha querido dejar atrás en estos primeros cuatro meses. "Tiene la costumbre del Congreso, de estar hablando y replicando. Eso se nota", confesaba hace unas semanas un compañero de escaño.

De la Carrera de San Jerónimo apareció Rubén Moreno, hasta entonces portavoz popular en la Comisión de Sanidad, para sustituir a Farjas. En apenas quince días, dio una respuesta a uno de los problemas que se había enquistado en el Ministerio desde el inicio de 2014: el tratamiento para los enfermos de hepatitis C. Por primera vez, aparecía en el mercado un medicamento -Sovaldi- con una efectividad que puede alcanzar el 95 por ciento y un tratamiento de apenas doce semanas. A pesar de estas cualidades, que daban esperanzas a miles de enfermos, el Ministerio no estaba dispuesto a pagar entre 45.000 y 90.000 euros por afectado. La oposición pidió en varias ocasiones la creación de un plan estratégico para intentar curar a unas 200.000 personas. Solo a finales de septiembre, Mato anunció que este medicamento entraría en el nomenclátor el 1 de noviembre. Pero tampoco pudo ser. Las "trabas burocráticas y el exceso de celo" en las comunidades hizo que el Sovaldi no llegara como estaba previsto.

El 29 de diciembre, Moreno aseguró que este año iban a ser tratados "como mínimo" entre 5.000 y 6.000 enfermos bajo "criterios médicos". A comienzos de año, se anunció la creación de un comité presidido por Joan Rodés que debía marcar el plan estratégico y los pacientes que serán tratados ascienden a, como mínimo, 52.000 personas. Este jueves entraron en el nomenclátor el Harvoni -también de Gilead, como el Sovaldi-, que combina el sofosbuvir con el ledispavir; y un tratamiento a base de Viekirax -mezcla de ombitasvir, paritaprevir y ritonavir- con Exviera -dasavubir- y que está indicado para los genotipos 1 y 4 del virus. Ocho de cada diez pacientes son de este tipo. Medicamentos, según fuentes ministeriales, que pueden costar hasta seis veces menos que el tratamiento con Sovaldi.

COBRO DE LOS MEDICAMENTOS

Otra de las medidas impulsadas en la época de Mato, el copago farmacéutico hospitalario, moría sin implantarse. El cobro de los medicamentos en las boticas hospitalarias, sobre todo para los enfermos crónicos, jamás se implantó por la inacción de las comunidades. Dilataron el proceso durante meses hasta que Alonso decidió eliminarlo, al igual que, como anunció el pasado martes, la asistencia sanitaria a los inmigrantes ilegales. "Solo está enmendando la plana a la ministra Mato, que realizó medidas desastrosas para la salud de la gente, muy impopulares y que no han conseguido nada", denunció Marciano Sánchez Bayle, portavoz de la Federación de asociaciones para la defensa de la sanidad pública.

Alonso anunció que los sin papeles podrán ser atendidos en la atención primaria, pero sin tarjeta sanitaria, y no solo en Urgencias -salvo menores y maternidad- como está en vigor desde el 1 de septiembre de 2012. Entonces, Sanidad aseguró que se iban a retirar 153.000 tarjetas y se iba a lograr un ahorro de quinientos millones. Cifra que, ahora, ONGs y sociedades médicas consideran "exagerada" y que no aparece en las cuentas públicas.

No obstante, todavía quedan por pulir los detalles de esta medida, cuya aplicación, que será debatida con las comunidades en el próximo Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, genera muchas dudas. Si no se adelanta, algo improbable por las elecciones del 24 de mayo, no será antes de julio. Sin embargo, tampoco convence. "Es todo una estrategia de poli malo y poli bueno, como en Justicia. Gallardón pone las tasas judiciales, Catalá las quita. Pero es el mismo Gobierno del Partido Popular. Ese truco, aunque zafio, es muy habitual para demostrar que todo lo malo es de los ministros anteriores", reflexionó Rubén Sánchez, portavoz de Facua, que denunció que "no hay un solo avance en política sanitaria de este Gobierno".



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