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CATALUÑA

La independencia revoluciona el mapa político de Cataluña

  • CiU camina hacia su desaparición, los soberanistas del PSC crean un nuevo partido e Iniciativa y el PP ceden ante la pujanza de Podemos y Ciudadanos

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01/12/2014 a las 06:00
  • COLPISA. MADRID
El debate sobre la independencia ha revolucionado el mapa político de Cataluña. Nada va a ser como antes después de las elecciones plebiscitarias que Artur Mas convocará, si puede, el próximo año. CiU se encamina hacia su desaparición como federación y sus socios, Convergència y Unió se plantean refundarse con otros nombres. El PSC se ha fracturado quizás para siempre con la creación del nuevo partido Moviment d'Esquerres Socialista, que agrupa a la amalgama de grupos socialistas soberanistas dispersos. Iniciativa y el PP ven peligrar su espacio político ante el empuje de Podemos y Ciudadanos. Solo Esquerra parece estar a salvo del tsunami que ella misma ha alimentado.

El sector soberanista del PSC formalizó este domingo la ruptura del socialismo catalán con la presentación de un nuevo partido, Moviment d'Esquerres Socialista. La recién nacida organización surge de la fusión de Nova Esquerra Catalana, el partido que creó Ernest Maragall, hermano del expresidente, cuando rompió con el PSC en 2012, y la plataforma Moviment Catalunya, integrada por históricos como Montserrat Tura, Marina Geli, Joaquim Nadal o Antoni Castells.

El nuevo proyecto político es la alternativa de los "socialistas catalanistas comprometidos con la construcción de un país más justo, más inclusivo, más solidario, más eficiente y más sostenible". Un objetivo que solo se puede conseguir, dice, con la creación de una "Cataluña Estado". Una escisión que amenaza con dejar al PSC mas escuálido de lo que ya está.

Es el último movimiento de los muchos que vendrán en las próximas semanas. Las convulsiones más serias apuntan a CiU, la federación que comenzó como una coalición en 1980 tiene sus días contados. Convergència, así lo ha dispuesto Artur Mas, irá a las elecciones plebiscitarias en una candidatura sin sus siglas, será una "lista de país" en la que los convergentes quedarán diluidos entre independientes. Los casos de corrupción, Palau, Pretoria, ITV, pero sobre todo el de Jordi Pujol, han devaluado hasta extremos impensables el nombre de Convergència. Después de esas elecciones, dicen en el partido, será el momento de refundar una nueva organización con otro nombre y, por qué no, otros dirigentes.

Unió Democrática ya ha comenzado su demolición. Su líder histórico, Josep Antoni Duran Lleida, está más de salida que dentro del partido. Se ha dado de alta en el Colegio de Abogados de Barcelona para preparar su aterrizaje en la actividad privada, pero antes ha impulsado la creación de una plataforma Construïm (Construimos). Una entidad que aspira a aglutinar a los nacionalistas no independentistas. "Hay vida más allá de la independencia", comentó el político democristiano al presentar en sociedad el 22 de noviembre su nuevo proyecto.

De esta forma, los dos grandes protagonistas de la política catalana desde la transición, CiU y PSC, parecen condenados a reinventarse. El proceso soberanista ha barrido sus siglas, y los proyectos que sirvieron para poner en marcha la autonomía y profundizar el autogobierno de Cataluña se han vuelto insuficientes ante la nueva etapa.

ENTRE DOS AGUAS

Pero no son solo las fuerzas mayoritarias. Iniciativa per Catalunya también se ve en dificultades. Su posición entre dos aguas, a favor del estado catalán, pero en contra de la independencia, ha agrietado sus filas. Pero sobre todo tiene que hacer frente al poderío de Podemos, que no se diferencia de la postura Iniciativa respecto al soberanismo, pero que aporta nuevos mensajes y nuevas caras. Cataluña no es ajena al fenómeno del partido de Pablo Iglesias y el principal damnificado va a ser la coalición que lidera Joan Herrera.

Un proceso similar atraviesa el PP con Ciudadanos, partido que elección a elección ha pescado en su electorado catalán. Los populares aparecen en los sondeos más recientes como última fuerza y con tendencia a la baja, si bien es probable que el voto oculto al PP corrija esta situación. La formación de Albert Rivera con un discurso rotundo y sin las servidumbres de gobernar en Madrid crece entre el electorado popular, sin olvidarse del socialista.

Así las cosas, Esquerra Republicana se perfila como el único actor de la transición en Cataluña con futuro halagüeño. El partido que encabeza Oriol Junqueras disputa a los convergentes la primacía de la política catalana, si bien la votación del 9-N ha supuesto una recuperación para Mas. Sea primera fuerza o no, Esquerra no tiene problemas de supervivencia ni de cambio de siglas. Las únicas sombras no vienen por el lado del independentismo sino por el del mensaje social rupturista de Podemos. Un zarpazo que también puede alcanzar a la CUP (Candidaturas de Unidad Popular), organización en franco ascenso con un discurso soberanista radical, pero cuyo futuro está ligado al fluctuante movimiento asambleario.



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