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DIADA

El independentismo redobla la presión sobre Mas para que desobedezca al Constitucional

  • Entre 520.000 y 1,8 millones de catalanes exigen a Rajoy poder votar y emplazan al presidente catalán a que "no se arrugue"

Vista de la manifestación con motivo de la Diada y a favor de la consulta del 9 de noviembre

Vista de la manifestación con motivo de la Diada y a favor de la consulta del 9 de noviembre

efe
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12/09/2014 a las 06:00
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  • COLPISA. BARCELONA
Cientos de miles de catalanes -1,8 millones, según la Guardia Urbana, y como máximo 520.000, según la Delegación del Gobierno- abarrotaron este jueves las calles de Barcelona para formar una 'V' humana con los colores de la senyera, en una Diada reivindicativa y de récord, en la que el soberanismo hizo una demostración de fuerza callejera por tercer año consecutivo y lanzó el mensaje inequívoco de que quiere votar, que tiene voluntad de hacerlo diga lo que diga el Constitucional y que se ve con fuerzas para obtener la victoria.

A casi dos meses para la consulta del 9 de noviembre, la Cataluña independentista pidió al Gobierno central una solución democrática para votar sobre su futuro político y redobló además la presión sobre Artur Mas, al que reclamó con contundencia que "no se arrugue" en el momento de la verdad, cuando tenga que decidir qué hace con la consulta que con toda probabilidad será suspendida por el Constitucional. "Ha llegado la hora de las decisiones excepcionales", afirmó al final de la 'V' Carme Forcadell, presidenta de la Asamblea Nacional Catalana, entidad organizadora de la movilización y gran motor del proceso soberanista. "President, ponga las urnas", afirmó Forcadell, que al término de la manifestación fue recibida por el propio gobernante en el Palau de la Generalitat.

Año tras año, la ANC consigue superar sus registros de movilización -el año pasado participaron dentro de la habitual guerra de cifras entre 1,6 millones y 400.000 personas en la Vía catalana-. El "globo no se deshincha" como vaticinó el PP y el soberanismo, en ascenso a la luz de la participación de este jueves, lanzó al Gobierno de Rajoy el aviso de que podrá abortar el referendo, Constitucional mediante, pero el problema político seguirá ahí porque es de envergadura y el desafío del soberanismo va para largo. La Moncloa podrá ganar la batalla del 9 de noviembre, pero la contienda seguirá abierta puesto que el independentismo no da muestras de debilidad, al menos en la calle. Otra cosa es el ámbito político, donde la unidad de los partidos amenaza con volar en pedazos.

La fuerza del independentismo es un hecho y ni el 'caso Pujol', que se pensaba que podía actuar como elemento desmovilizador y desmoralizador, sobre todo entre los que se han sumado al soberanismo a última hora, ni tampoco el agotamiento que empieza a invadir a una parte de la ciudadanía que no acaba de ver resultados, pudieron con el empuje de el sector de la sociedad que quiere ver a Cataluña fuera de España.

La ANC se siente fuerte por su poder de convocatoria, por ser capaz de organizar la manifestación "más numerosa de la historia en Europa", según sus estimaciones, y una vez más no dudó en ejercer de lobby del movimiento independentista para exigir a los representantes políticos catalanes que dejen de lado los intereses de partido y "actúen de acuerdo al momento histórico que vivimos". "La unidad -dijo Forcadell- nos hará indestructibles". Por todo ello, instó a los líderes a ser "dignos del pueblo que les ha votado".

LA VOZ DEL PUEBLO

Rajoy tiene un problema territorial con Cataluña y Mas tiene un problema con el soberanismo de base. Cientos de miles de personas tienen la sensación de estar haciendo historia y cada día que pasa parece más difícil convencerles de que no habrá consulta porque un tribunal no lo permite, por mucho que se culpe de todo a "Madrid" y se añadan unas cuantas dosis de victimismo. "La voz del pueblo está por encima de lo que opine un tribunal partidista de Madrid. No permitiremos que vuelvan a pisar la voluntad del pueblo. Seamos soberanos. La libertad no es negociable", expresó Muriel Casals, presidenta de Ómnium Cultural, coorganizadora de la 'V'. Al presidente de la Generalitat, su gente le pide que se salte la legalidad, si no quiere pasar a los anales como el político que "falló" a los catalanes.

Mas, en cualquier caso, ha repetido varias veces en los últimos meses que quiere hacer las cosas bien y sin caer en el ridículo, dando a entender que no es favorable a una consulta ilegal con urnas clandestinas. Sin embargo, la calle y también sus socios de Esquerra le exigen que desobedezca. El laberinto en el que está metido es enorme y no tiene muchas opciones. Solo tres se perfilan a corto plazo: ignorar lo que diga el Constitucional, formar un Gobierno de unidad o convocar elecciones plebiscitarias. Con el riesgo cierto de que CiU se convierta en la UCD del siglo XXI y acabe por entregar el poder a Oriol Junqueras. Sería, dicen en su partido, un mártir por la patria, pero un paria para su partido.



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