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plan independentista

Rajoy y Rubalcaba, juntos pero no revueltos contra Mas

  • Ambos comparten el 'no' al plan independentista de Cataluña de Artur Mas, pero discrepan sobre cómo encauzarlo
  • Populares y socialistas aspiran a que el debate del martes marque un punto de inflexión en la escalada soberanista

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06/04/2014 a las 06:00
  • colpisa. madrid
Existe entre los principales partidos del Congreso una cierta convención en torno a lo determinante que fue para pinchar el globo del 'plan Ibarretxe' el rechazo indubitado que obtuvo en las Cortes el 2 de febrero de 2005; 313 votos de los 350 que tiene el Congreso en contra. El 'lehendakari' no esperó ni veinticuatro horas para convocar elecciones anticipadas y logró gobernar gracias a Batasuna, pero la suma de socialistas y populares superó en un escaño al apoyo cosechado por el PNV. Y, pese a intentarlo, y seguir dando la batalla con su ley de consultas, la llama se fue apagando. Quizá la lectura no sea del todo rigurosa, pero el caso es que aquel debate parlamentario es el espejo en el que se miran ahora PP y PSOE para afrontar, en el pleno de este martes, la petición de la transferencia a Cataluña de la competencia para celebrar referendos.

Formalmente, las similitudes con la 'Propuesta de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi', defendida por el propio Juan José Ibarretxe en el Congreso son escasas, más allá de que ambas llegan como propuesta de un parlamento autonómico y por tanto el protocolo que se aplica al debate es el mismo, aunque en este caso será una delegación de tres diputados catalanes la que defienda su toma en consideración. Simbólicamente, en cambio, la situación es similar por lo que tiene de desafío político y cuestionamiento de las hechuras del actual marco constitucional. Y así se lo han planteado el Gobierno y el primer partido de la oposición, que han preparado al milímetro una actuación a la que conceden el carácter de trascendental. Tanto que incluso pactaron la fecha del debate, en vísperas de la Semana Santa, cuando la actividad política decae.

Pocas veces se miden tanto los pasos cuando se tiene tan clara la respuesta. La cámara rechazará la petición, previsiblemente, por 302 votos. Pero en un debate de esta envergadura, el cómo es tan importante o más que el qué. Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba han hablado mucho sobre la situación que se vive en Cataluña y coinciden en la convicción de que no es posible jurídicamente, ni deseable políticamente, la celebración de una consulta que, en última instancia, sostienen, estaría cuestionando la soberanía nacional. Lo que no comparten es el modo de encauzar la aspiración que subyace tras la demanda de un referéndum. Y eso quedará patente en el debate.

ANTIFRENTISMO

Si algo quiere evitar el líder de la oposición es la idea de que PP y PSOE hacen "frente común". La suya es una posición largamente trabajada con el conjunto de su partido, que ha permitido poner puntos de sutura a la brecha abierta con el PSC, defensor del impreciso 'derecho a decidir', avalado ahora por el Tribunal Constitucional siempre que no se entienda como "derecho a la autodeterminación" o como una "atribución de soberanía" que no reconoce la Carta Magna, sino como "aspiración política". En breve, lo que propondrán los socialistas será una reforma constitucional que avance en los rasgos federalistas del modelo autonómico.

El secretario general de los socialistas suele decir que la discrepancia entre el PSC y el conjunto del PSOE no es ni más ni menos que un reflejo de los problemas entre Cataluña y el resto de España. Y mantiene una fe imperturbable en que su propuesta "acabará abriéndose paso", aunque no sea en esta legislatura. Ciertamente, hoy por hoy no tiene la más mínima posibilidad de prosperar. Lejos de considerarla una solución adecuada para poner freno a la escalada soberanista, los populares creen que sería una nueva fuente de inestabilidad. Así que cuando el Gobierno dice que ofrecerá un "no dialogante" se refiere a otro tipo de cosas. Habla, por ejemplo, de explorar las posibilidades de mejora que puedan ofrecer la reforma fiscal y la reforma del sistema de financiación, aún en una fase más que preliminar.

La duda es si a estas alturas será posible derivar el debate hacia esos derroteros. En el Ejecutivo insisten en que "no existe un problema entre Cataluña y España sino un problema entre administraciones". Pero, y aquí viene otra diferencia con Ibarretxe, en el órdago de Artur Mas ha habido mucho de presión social. Pasó de reivindicar una Hacienda propia a reclamar la independencia en un breve plazo de tiempo y eso vino acompañado de una imagen poderosa: un millón y medio de personas en las calles de Cataluña. Y en estos años la movilización ciudadana a favor de un Estado catalán propio no parece haberse desinflado; al contrario. "Es verdad -admiten en el Gobierno- que para reconducir el debate hay que 'bajarse de la nube'".

EN PERSONA 

Eso es lo que pretende Rajoy, convencer finalmente a la Generalitat de que la consulta secesionista es, en cualquiera de sus variantes, una quimera. Y de la fuerza con la que lo haga depende su éxito. Por eso, a pesar de que el Gobierno guarda con celo si aprovechará o no la potestad de intervenir en el debate cuando lo considere oportuno, dirigentes tan destacados de su partido como el portavoz parlamentario, Alfonso Alonso, dan por hecho que habrá discurso del Ejecutivo y, si no es del propio Rajoy, algo que muchos creen conveniente, será la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.

Alfredo Pérez Rubalcaba parece tener más claro que la respuesta de su partido a una cuestión que considera de primera magnitud ha de venir de su boca. Y a pesar de que en los últimos días ha dejado que crezca una leve duda al respecto, todo indica así será. En el PSOE muchos recuerdan aún su intervención en el debate del 'plan Ibarretxe' como uno de los discursos más brillantes de su carrera, lo que tiene mérito si se considera que entonces ejercía como portavoz parlamentario y rara vez nadie presta atención al representante del grupo mayoritario, que suele hablar el último y no se apea un milímetro de lo defendido por el miembro del Gobierno correspondiente.

"Si yo fuera Rajoy, hablaría. Tienes todo a tu favor para ganar a Mas por la mano. El mensaje es evidente: "Yo he tenido el coraje de defender al conjunto de los españoles y él no lo ha tenido para defender a una demanda que según sostiene pertenece al conjunto de los catalanes", dice un veterano socialista. Intervenga o no Rajoy, lo cierto es que ese es un argumento que ya han utilizado los populares. "Si tiene una propuesta, por qué no la defiende él mismo", insistió el martes Alfonso Alonso.

El Parlamento catalán designó a Jordi Turull, portavoz de CiU; Marta Rovira, de ERC; y Joan Herrera, de Iniciativa, para defender durante 30 minutos la demanda. Su discurso no será ajeno a la reciente sentencia del Constitucional sobre la declaración de soberanía del Parlament, en la que los asesores de la Generalitat ven una puerta abierta a una consulta no vinculante. Ni el PP ni el PSOE lo comparten.

Al margen de previas sentencias, entre otras la que tumbó la ley de consultas del País Vasco en 2008, el Gobierno insiste en el criterio que ya remitió al Congreso para anticipar su posición sobre el debate (algo, por cierto, muy poco habitual y que en la práctica parlamentaria solo se ha producido dos veces): que constitucionalmente "solo puede consultarse lo que se va a decidir" y "no caben consultas meramente especulativas".



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