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Atentado del 11-M

Los musulmanes, las otras víctimas del 11M

  • Diez años después conviven con prejuicios y sospechas por llevar la barba larga o la chilaba, por tener una fe o un aspecto distintos

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Actualizada 10/03/2014 a las 10:30
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  • efe. madrid
El 11M supuso un antes y un después para la comunidad musulmana en España. Desde entonces normalizar su vida es el objetivo de este colectivo que diez años después convive con prejuicios y sospechas por llevar la barba larga o la chilaba, es decir, simplemente por tener una fe o un aspecto distintos.

Estas son las conclusiones de varios imames de mezquitas y representantes de esta comunidad que han explicado los retos de los musulmanes en España. Abrirse a la población y explicar qué es el Islam son las herramientas de este colectivo para derribar el miedo y el desconocimiento generado hacia una religión en la que aseguran no hay espacio para terroristas, violentos ni radicales.

"El 11M hizo que algunos medios de comunicación y las fuerzas de seguridad encasillaran a los musulmanes en el terrorismo internacional pero el pueblo español ha sido mucho más maduro y ha sabido diferenciar", afirma el secretario general de la Comisión Islámica de España, Riay Tatary.

En una entrevista, Tatary recuerda que el 11M se produjo cuando su comunidad aún sufría las secuelas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EEUU, que fueron los que despertaron el miedo hacia los musulmanes. Éstos recuerdan con dolor ambas fechas, pero mucho más el de Madrid porque se produjo en lo que ya consideran "su país".

Pese a todo, considera que el rechazo que pueda existir hacia su comunidad no responde tanto a un motivo religioso como económico, ya que "la inmigración en España no tiene padrino". No obstante, apunta a la existencia de pequeños focos de islamofobia, representados en partidos de extrema derecha que si bien "son pequeños grupillos, hacen mucho ruido".

Y es que desde 2004 los musulmanes en España tienen claro su objetivo: "Normalizar nuestra vida en la sociedad como cualquier otro ciudadano, especialmente en temas de religión". Léase lugares de enterramiento adecuado para musulmanes, enseñanza de la religión islámica en los colegios y licencias de mezquitas. Los datos avalan su teoría.

Según cifras del Observatorio de Pluralismo en España, el número de mezquitas en nuestro país se ha quintuplicado desde 2004 al pasar de 235 a 1.308 en 2014. Datos que concuerdan en líneas generales con la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), que indica que la presencia de musulmanes se ha doblado en estos diez años: de 801.284 a 1.732.191 personas, lo que equivale al 3 % de la población total.

Un ejemplo de la normalización de esta comunidad se encuentra en el barrio madrileño de Lavapiés, del que procede una gran mayoría de los detenidos y condenados por la tragedia. Cinco mezquitas en 2014 frente a una en 2004, la llamada Comunidad Musulmana del Centro de Madrid Ibad Al Rahman.

Junto al pequeño púlpito de este modesto lugar de culto, su presidente Adel defiende que el Islam "no tuvo nada que ver con el atentado" y destaca el creciente "respeto" que existe en la actualidad entre su colectivo y el resto de la sociedad. Ambas afirmaciones defendidas por dos de sus colegas del barrio de Lavapiés, aunque con matices.

"Hemos avanzado mucho desde 2004 pero aun falta muchísimo por hacer porque los prejuicios son mutuos" explica Mohammed, imán de la mezquita pakistaní de este barrio, que entiende que tras una tragedia como la del 11M exista "miedo y sospecha".

Pero su reflexión va más allá al considerar que el futuro del colectivo en España está muy ligado a la situación de los musulmanes en el mundo. "La violencia en Pakistán nos perjudica aquí y las revoluciones contra las dictaduras nos benefician".

Mohammed luce barba y se viste con chilaba. "Si me siento en el metro me miran, hay un problema, pero responde más a las diferencias entre civilizaciones, sé que no me ven como un terrorista".

Sin embargo, no todos piensan como él. "Hay musulmanes que tienen miedo a dejarse la barba porque creen que los verán como radicales", sostiene Ali, imam de la mezquita marroquí Al Huda, que apunta a los culpables de esta situación: los medios de comunicación.

"Los medios han hecho mucho daño y nuestro trabajo es explicar qué es el Islam", añade Ali. Las mezquitas están abiertas.



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