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Caso Nóos

Seis horas y media de una infanta ante el juez

  • La jornada de este sábado en los juzgados de Palma estuvo repleta de anécdotas, dada la expectación mediática existente

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09/02/2014 a las 06:01
  • Efe. Palma
La jornada culminante de la instrucción del caso Nóos concluyó este sábado tras seis horas y media de declaración de la infanta Cristina, que entró y salió sonriendo de los juzgados de Palma en un día donde la expectación mediática superó con creces al ruido de la calle.

Tras semanas de polémica periodística sobre si recorrería la rampa del juzgado o la bajaría en coche, al final la infanta descendió la famosa cuesta en un utilitario gris con cristales tintados y recorrió a pie los últimos metros de acceso al edificio.

El asunto no era baladí porque, de este modo, fue posible que fotógrafos y cámaras de televisión recogieran la imagen de una infanta que llegó puntual a su cita, a las 10 de la mañana, con el juez, quien llegó inconfundible con su "scooter" antes de las 7 de la mañana.

Una jornada como la de este sábado estuvo repleta de anécdotas que pueden contar los más de 350 periodistas de 90 medios de comunicación de todo el mundo acreditados, que reunían en un mismo "gallinero periodístico" a la prensa más seria y a la más informal.

Cualquier imagen de la hija menor del Rey era valiosa y, de hecho, algún canal de televisión coló a un cámara indiscreto en el mismísimo avión en el que doña Cristina se desplazó de Barcelona a Palma.

Contrastar la poca información que se filtraba durante la declaración no fue fácil, sobre todo porque la percepción de los privilegiados que siguieron la comparecencia de la infanta en la sala F de la segunda planta de los juzgados de Vía Alemania variaba como el viento.

De todos modos, la mayoría de los "testigos" consultados concluyó que se mostró serena y firme en sus respuestas, aunque algunos dudaran de su versión de que no sabía nada y que era su marido, Iñaki Urdangarin, quien se encargaba de Aizoon, la empresa común.

Todos los letrados se dirigieron a doña Cristina de "usted", a excepción de la abogada de Manos Limpias, Virgina López-Negrete, y de uno de sus propios abogados, Jesús-María Silva, quienes usaron el tratamiento de "alteza real".

Una de las preguntas que le formuló el juez fue sobre el curso de merengue que supuestamente se pagó con dinero de Aizoon, a lo que la infanta respondió que ella nunca se ha prodigado en tal arte, pero que sí que probó el flamenco hace muchos años. "Lo celebro", le respondió Castro, tal vez porque es cordobés.

Como la declaración se alargó más de lo previsto, la infanta, como muchos periodistas, dio cuenta de un bocadillo en una sala habilitada para que descansara, según contó uno de sus abogados, aunque no desveló que contenía el real tentempié.

Mientras tanto, en la calle, el número de manifestantes, entre republicanos, empleados de Coca-Cola y defensores del medioambiente en contra de las prospecciones petrolíferas en aguas de Ibiza, igualó el número de los periodistas congregados.

El montaje policial era tal -unos 200 agentes- que casi sobraron policías y faltaron manifestantes y, de hecho, se pudo ver a agentes tomando su café o bocadillo en los bares de la zona.

Como siempre, las declaraciones a la carrera de periodistas persiguiendo a algunos abogados, como a Mario Pascual, letrado de Urdangarin, llamaron la atención del público. El espectáculo fue tal que una periodista francesa no dejaba de exclamar: "Esto es un circo, esto es un circo...".

De vistosa podría definirse también la salida del juez en su moto, tras la declaración, mientras recibía el aplauso de algunos espontáneos que, al final, la policía dejó acercarse a la rampa.

La infanta terminó su declaración dando la mano, uno por uno, a las 43 personas que había en sala, empezando por el juez Castro. A su salida, a doña Cristina se le veía cansada, sonrió y dijo a los periodistas: "Hasta luego, gracias".



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