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Caso Nóos

La infanta Cristina se escuda en la confianza en Iñaki Urdangarin

  • Cristina de Borbón respondió sin contradicciones pero con evasivas y negó toda participación en las actividades de Nóos y Aizoon

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Actualizada 09/02/2014 a las 13:18
  • COLPISA. PALMA
Una roca. Sin perder casi nunca la compostura. Centenares de preguntas sin respuestas contradictorias. Pero muchas evasivas. Demasiadas respuestas vagas que no despejan la duda de si el interrogatorio de este sábado servirá para que el juez levante la imputación de la hija del Rey. "No lo sé", "no me consta", "no recuerdo", "puede ser"... Y sobre todo, una y otra vez como si de un mantra se tratara, la infanta Cristina se refugió en que toda la culpa de las irregularidades fiscales corresponde a Iñaki Urdangarin, aun a pesar de dejar a su esposo en una situación procesal todavía más delicada de la que ya se encontraba antes de este sábado. Casi casi se presentó como víctima de su cónyuge en su intento de descargarse de cualquier responsabilidad, a decir de varios de los presentes en las diligencias.

"Confiaba en el buen hacer de mi marido", fue la argumentación recurrente de la hija del Rey cuando el magistrado José Castro, que llevó el peso de la exhaustiva y larguísima declaración, le preguntó por qué es la coopropietaria de Aizoon, la empresa que durante años engañó al fisco y presuntamente se usó para blanquear dinero. "Mi marido me aconsejó tomar ese 50% y yo lo hice. Confío en él". Y vuelta a empezar.

Cristina de Borbón, a pesar de la dureza del interrogatorio de seis horas y media al que le sometieron el juez, el fiscal Pedro Horrach y la abogada del Estado, no flaqueó, se mostró muy tranquila, incluso a veces sonriente, y se mantuvo firme en su táctica de presentarse como una completa ignorante de la economía familiar y más aún de los negocios de su cónyuge.

Ni siquiera admitió saber que durante años la pareja había endosado infinidad de gastos personales como inversiones de empresa y que esos viajes, fiestas familiares y compras para los niños por valor de 262.120 euros no salían del bolsillo del matrimonio sino de Aizoon, la firma inmobiliaria que no tenía ninguna actividad real.

Cuando el magistrado, de manera machacona, fue mostrándole una a una las facturas de esos gastos -hasta 50 documentos, incluida la compra de los libros de Harry Potter o los ticket de parking- la infanta se limitó a decir que desconocía por completo que eso hubiera ocurrido. Incluso que jamás supo que la tarjeta Visa Oro a nombre de Aizoon que usó regularmente durante ocho años fuera a cuenta de la empresa. Arguyó que ella tiene tres o cuatro tarjetas y simplemente usó también esa porque así se lo indicó su esposo.

DESCONOCIMIENTO TOTAL

Su supuesto desconocimiento sobre Aizoon, la inmobiliaria que a la postre le ha llevado a la imputación por fraude y blanqueo, era tal que, según su testimonio, jamás supo cuál era en realidad su objeto social; que nunca le constó a qué se dedicaba; que no sabía que su marido facturaba de forma irregular sus trabajos personales a través de esa firma; que parte de su familia política figuraban como trabajadores ficticios en la sociedad... Es más, dijo que solo ahora ha sabido que esa compañía tenía la sede social en su propia casa, en el palacete de Pedralbes. Mansión cuya reforma también fue pagada en buena parte, 436.703 euros, con el dinero que salía de la firma a la que fueron a parar cerca de un millón de euros de dinero público desviado desde el Instituto Nóos. También eso, que las obras en su casa no las pagaba de su bolsillo, dijo desconocerlo.

Para ella, Aizoon no era más que la empresa que creó su marido para su "desarrollo" profesional una vez que dejó el deporte y acabó sus estudios en Esade, pero que nunca se interesó, más allá de ser socia. Por no saber dijo que no sabía ni cuál era el "mercado" de esa sociedad.

Y por negar, negó, en contra de lo que aseguran sus empleados del hogar, que les ofreciera trabajar en negro para luego meterles de manera irregular en Aizoon como administrativos. Dijo que era falso, como aparecen en las facturas, que se gastara el dinero de Aizoon en un curso de salsa -apuntó que solo ha tomado lecciones de flamenco hace mucho tiempo-. Negó incluso que sea la firma de Iñaki Urdangarin la que figura debajo de las actas que presentó Aizoon sobre sus cuentas anuales y que certifican que la infanta dio su visto bueno durante casi una década a las cuentas de la sociedad familiar, ahora en el centro del huracán judicial.

Según explicaron varios de los letrados presentes, la táctica de la infanta, con la ayuda final de las preguntas de su defensa, ya que se negó a contestar a las acusaciones populares de Manos Limpias y Frente Cívico y a la defensa de Diego Torres, fue presentarse como una persona especialmente atareada, que en modo alguno podía controlar o saber todo lo que hacía su marido en la inmobiliaria fantasma. Sus abogados incidieron en su cuádruple condición de madre con cuatro hijos, infanta, la hija del Rey dijo que tenía más de cien actos oficiales anuales, ama de casa y trabajadora en La Caixa.

LOS ORÍGENES

Pero no todo fue Aizoon. Aunque su papel en el Instituto Nóos como vocal de la fundación sin ánimo de lucro que se llevó seis millones de euros de dinero de las administraciones balear y valenciana no era el objeto de la imputación, el juez, en su papel de inquisidor, no quiso dejar pasar por alto esa etapa. Tampoco esas preguntas alejadas del objeto de la acusación al principio pusieron nerviosa a la declarante. Explicó que formó parte de la dirección de Nóos porque se lo pidió su marido, porque le pareció bien que fuera un proyecto relacionado con el deporte, porque ya pertenecía a un centenar de otras fundaciones y porque, como no, simplemente creyó en el "buen hacer" del padre de sus hijos.

El asunto de Nóos, por la deriva que fue tomando, terminó siendo uno de los pocos que le hizo sentirse algo más incómoda en un interrogatorio que hasta entonces estaba controlando, sobre todo porque las evidentes pullas que se lanzaban el juez y el fiscal en su particular guerra daban bastante tregua a la imputada. Nóos le molestó, sobre todo, porque salió a relucir por primera vez la Casa Real. En concreto, el aviso en 2006 de José Manuel Romero, conde de Fontao, emisario del propio Rey, para que Urdangarin dejara de inmediato esa fundación. Eso sí, la infanta no reconoció que sabía que ese ultimátum era porque ya se habían detectado graves irregularidades en el instituto. Nada de posibles delitos.

Cristina de Borbón adujo que el conde de Fontao solo le informó que había pedido a su marido que abandonara Nóos por cuestiones "estéticas" porque no quedaba bien que un miembro de la Familia Real, Urdangarin en aquella época lo era, tuviera tratos con administraciones públicas. De contratos irregulares a dedo y de sobrecostes espectaculares en los Valencia Summits y el Illes Ballears Forum a ella, aseguró, nunca le dijeron nada.

El otro único enfado de la infanta fue también relacionado con su padre. El asunto del confuso préstamo/donación de 1,2 millones de euros que le hizo el jefe del Estado a su hija para pagar la mansión de Pedralbes. La infanta dijo que se trató de un préstamo, nunca de una donación. Y que el matrimonio está intentando devolver ese dinero al Rey, aunque por el momento, y dadas las circunstancias económicas de la familia, solo han podido reintegrar 150.000 euros. A la pregunta del juez de si don Juan Carlos se lo ha exigido, la duquesa fue tajante: "Al fin al cabo es mi padre. Se fía de mí".

La cuestión, a partir de ahora y tras este largo interrogatorio, es si el juez Castro, como el Rey, cree en la palabra de Cristina de Borbón y su versión de que el amor le volvió ciega y sorda o la mantiene como imputada en este proceso por fraude fiscal y blanqueo de capitales.



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