Las últimas personas en ser evacuadas esperaban en la estación. EFE
Algunas de las personas que se quedaron aisladas en la estación invernal de Panticosa tras el cierre del telecabina por el viento incidieron en la falta de organización en la evacuación de los esquiadores, pero destacaron la atención recibida y la calma que mantuvieron los afectados.
Una evacuación que tanto el consejero de Interior del Gobierno de Aragón, Antonio Suárez, como el presidente del grupo Aramón, Manuel Gueda, informaron de que se hizo bajo criterios de "estricta seguridad", ya que dos tercios de las alrededor 1.250 personas que se quedaron en la estación eran niños.
A las 15.30 horas del miércoles 2 de enero se suspendió el funcionamiento del telecabina de Panticosa debido a las fuertes rachas de viento que se levantaron pasado el mediodía, de más de 110 kilómetros a la hora, lo que dejó a 1.250 esquiadores en lo alto de la estación que fueron evacuados a lo largo de la tarde y noche hasta las 8 de la mañana del día siguiente.
Los primeros fueron los esquiadores con más experiencia, que descendieron por las pistas acompañados por monitores, mientras que el resto tuvieron que hacerlo en vehículos pisapistas y luego en vehículos todoterreno de la Guardia Civil y de particulares de pueblos vecinos que se habían ofrecido voluntariamente.
El problema, tanto para Mónica Moreno como para su marido Diego Ríos, vecinos de un pueblo de la sierra de Madrid, y para Oscar Tajadera, castellanoleonés, es que no se cumplieron las previsiones de las listas elaboradas para proceder a la evacuación.
Según Mónica Moreno después de bajar ellos a las 22.15 horas de la noche, la mayoría de las personas que quedaban en la estación eran familias con niños, algunos "muy pequeños".
El matrimonio madrileño aseguró que no pasaron miedo ni hubo peligro, salvo el "susto" cuando un cristal de la cafetería salió volando y que "se arregló enseguida", y que nadie perdió los nervios.
Sin embargo, según Oscar Tajadera, quien pudo dejar la estación en torno a la 01.30 horas de la madrugada, fue en el momento de anochecer cuando se cerró el último telesilla cuando comenzó el estrés de la gente.
Y es que la cafetería no tenía capacidad suficiente y la gente tenía que estar sentada en el suelo.
"Quizás no tenían que haber abierto la estación o no vender forfaits hasta tan tarde", ha subrayado Tajadera, no fue hasta las dos de la tarde cuando empezó a levantarse el fuerte viento, según constató Mónica Moreno.
Para el bilbaíno Enrique Uriarte, que se ponía por primera vez unos esquís y que fue evacuado a las cinco de la mañana, todo se quedó en un susto que espera que no se vuelva a repetir, y destacó el buen comportamiento de la gente, sobre todo de los pequeños, quienes disfrutaron de animación, chocolate caliente, bocadillos y de mantas para dormir.
El presidente de Aramón pidió disculpas a los usuarios, a quienes se les ofrecerá la posibilidad de otro forfait gratuito, y agradeció la labor de las doscientas personas que participaron en el dispositivo de evacuación tanto de la Guardia Civil, como personal de Protección Civil, de la Cruz Roja y todos los voluntarios que ofrecieron sus vehículos.
El consejero de Interior explicó que para la evacuación se optó por el medio más seguro, aunque más lento, sobretodo porque dos tercios eran niños y había que tener "especial cuidado" y aseguró que todos estuvieron bien atendidos con la calefacción "a tope", mantas, bebida caliente y comida, como corroboraron muchos de los afectados a los medios.
Antonio Suárez también aseguró que la alerta por viento era de nivel amarillo y se conoció a las dos de la tarde y que les sorprendieron las rachas de viento superiores a los cien kilómetros hora, pero "en la montaña a veces pasan este tipo de cosas", ha advertido.