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SEGÚN DATOS DEL CIS

Rajoy bate en seis meses el récord de desafección ciudadana

COLPISA. MADRID    

  •  España añade a la crítica situación económica un descrédito institucional sin precedentes en la democracia, según datos CIS

Actualizada 12/08/2012 a las 20:16
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Un empleado público muestra una parodia de Mariano Rajoy en una protesta contra los recortes en Sanidad y Educación el pasado viernes en Madrid

Un empleado público muestra una parodia de Mariano Rajoy en una protesta contra los recortes en Sanidad y Educación el pasado viernes en Madrid. REUTERS

España es una olla a punto de estallar y nadie podrá decir que no hubo señales de aviso. La crueldad de la crisis económica ha abierto paso a una crisis institucional sin precedentes. Se ha ido cociendo a fuego lento, pero los indicadores son ya inapelables. Nunca el país había vivido semejante grado de desafección hacia quien debe dirigir sus designios.

Nunca, en toda la democracia, un presidente del Gobierno con apenas seis meses de gestión había recibido tan mala calificación por parte de los ciudadanos como Mariano Rajoy en el último sondeo del CIS: apenas un 3,3 de nota media. Y nunca el rechazo hacia los políticos había sido tan abrumador.

Un recorrido por el banco de datos del instituto sociológico, la mejor radiografía del país, deja claro que no se ha llegado a esta situación de la noche a la mañana. La nota media que los ciudadanos otorgan ahora a Rajoy es muy cercana, poco más de dos décimas y media superior, a la que recibió José Luis Rodríguez Zapatero, en los estertores de su convulso mandato. Pero lo cierto es que el actual jefe del Ejecutivo partía ya de una consideración previa muy negativa, difícilmente comparable con la de ningún otro líder de la oposición a lo largo de casi 35 años.

Ni siquiera su ratificación como presidente del PP, a mediados de 2008, le llevó a superar una nota de 4. José María Aznar, que como él se vio perjudicado por el voto de castigo de los electores de izquierda -dicen los expertos que eso siempre baja la media de los dirigentes conservadores- no llegó al aprobado (5) hasta que ganó las elecciones de 1996, pero tampoco bajó jamás del 4,1 mientras ejerció como látigo del Gobierno de Felipe González; hasta la fecha, el presidente del Gobierno mejor valorado.

Con todo, y pese a venir de lejos, la valoración que los ciudadanos hacen del jefe del Ejecutivo tampoco puede leerse de manera aislada. A medida que la crisis se fue convirtiendo en una gran recesión de magnitudes insospechadas, la aversión de los ciudadanos hacia todo lo que tenga que ver con los políticos o el orden imperante ha ido claramente en aumento. Pero el malestar empezó a ser visible antes, ya en la primera legislatura de Zapatero. En 2005 y 2006, los años de las grandes broncas sobre el 'Estatut' y la negociación con ETA, el porcentaje de encuestados que mencionaba a «la clase política», los partidos y el Gobierno como uno de los principales problemas del país inició una carrera alcista.

Punto de inflexión

En el otoño de 2009, dos años después de que la onda expansiva de las 'subprime' cruzara el Atlántico, las cifras se dispararon y los políticos pasaron a ocupar por primera vez el tercer puesto en el ranking de 'lacras' de España, que mensualmente elabora el CIS. Casi tres de cada diez españoles les señalan ya como escollo. Por delante, solo el paro y los problemas de índole económica.

Paralelamente, en consonancia con casos como el 'Gürtel', el Pretoria o el Palma Arena, ha ido también en aumento el número de ciudadanos preocupados por la corrupción. Hay que remontarse a mediados de los años noventa, los de Filesa, el caso Marey, Roldán, las escuchas del Cesid, Amedo y Domínguez, Urralburu, Paesa y...también, sí, los de otra crisis económica con un paro desbocado, para encontrar un escenario similar.

Pero, aún así, esta etapa es todavía más crítica. Porque ahora los españoles sienten que no pueden descansar en un presidente del Gobierno que acaba de iniciar su mandato (la desconfianza hacia Rajoy llega al 77.9%); tampoco encuentran consuelo en el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba (que merece poco o ningún crédito para el 83,5%), y no hay ninguna institución democrática que se erija como garante de estabilidad.

La imagen de la monarquía se ha deteriorado enormemente. Si en diciembre de 1995, cuando el Gobierno de González se iba a pique, el 65,60% de los encuestados decía sentir bastante o mucha confianza en ella, en el último estudio de la serie, correspondiente a octubre de 2011, esa cifra se había reducido a la mitad, hasta el 33,20%. Es más, tres de cada diez españoles aseguran que no confían en la Corona.

En el Poder Judicial, que por otro lado tampoco ha estado nunca muy bien visto, el deterioro es también notable. Al margen del último episodio protagonizado por Carlos Dívar, bastante más de la mitad de los españoles (un 57,70%) expresaba ya en octubre nula fe en la labor de este importante pilar del Estado democrático.

Y los sindicatos, que jugaron un papel importante en la Transición, han perdido fuelle a raudales. Son poco de fiar para siete de cada diez ciudadanos, según datos de 2010.


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