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MOVIMIENTOS SOCIALES

El 15M, de la euforia a la dispersión en menos de un año

Parte de las personas concentradas ante el Congreso de los Diputados en la protesta pacífica por la carga policial contra

Parte de las personas concentradas ante el Congreso de los Diputados en la protesta pacífica por la carga policial contra "indignados" llevada a cabo en Valencia

REUTERS
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Actualizada 15/12/2011 a las 16:06
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  • EFE. MADRID
Bien podría 2011 pasar a la historia como el año en el que los ciudadanos, sobre todo los jóvenes, tomaron la calle y se rebelaron contra el orden establecido; pero el movimiento que ha abanderado esa "revolución", aglutinado en torno al 15M, ha pasado de la euforia y el masivo respaldo popular a la dispersión de su mensaje.

Durante la hasta ahora corta vida del 15M se han celebrado en España dos procesos electorales, pero el rechazo recíproco (los colectivos que han tomado la calle han evitado significarse a favor de ningún partido y los políticos han esquivado cualquier contacto con sus representantes) ha motivado que su presencia apenas haya interferido en el resultado de ninguno de esos comicios.

Convocados por la plataforma "Democracia Real Ya", decenas de miles de personas salieron a la calle el 15 de mayo (y de ahí tomó el nombre el movimiento) en varias ciudades españolas para reivindicar un giro de las políticas y de la economía a favor de los ciudadanos.

Aquellas reivindicaciones acabaron en Madrid en la Puerta del Sol, y tras enfrentamientos con la policía que se saldaron con algunas personas detenidas, un grupo de varias decenas, a los que se fueron sumando progresivamente más y más ciudadanos, acamparon de forma estable y consiguieron a los pocos días transformar su campamento en una pequeña "ciudad" con muchas de las necesidades básicas cubiertas.

Esa acción se extendió a otras ciudades y dio lugar a una nueva denominación de los activistas que se sumaba a la del 15M: la de "indignados", una denominación que España ha exportado a otros lugares del mundo donde se han sucedido, con argumentos, estética y logística similares, otras acampadas.

Los acampados de Sol no plegaron sus tiendas hasta un mes después, pero durante ese periodo fueron arropados por miles de personas, de todas las edades y condiciones sociales, y saltaron a las portadas de grandes medios de comunicación mundiales.

Durante los primeros días proliferaron los calificativos que usaron algunos dirigentes políticos contrarios a este tipo de concentraciones, entre los que se hizo muy popular el de "perroflauta", pero los "indignados" volcaron sus esfuerzos en demostrar que son una de las generaciones mejor formadas de la historia.

Y ése ha sido y es precisamente el punto de partida y eje central de todas sus movilizaciones: que a pesar de su formación la situación política y económica actual les está impidiendo acceder a algunos de los derechos fundamentales, como el del trabajo o la vivienda dignos.

Su mensaje entró rotundo en el universo mediático durante las primeras semanas, pero poco a poco se ha diluido, debido en parte a la ausencia continuada y estable de portavoces, pero sobre todo al hecho de que cualquier reivindicación o movilización callejera se ha realizado desde entonces con el escudo, unas veces con el consentimiento de ese movimiento y otras no, del 15M.

Los "indignados" han hecho de la vivienda uno de sus caballos de batalla y se han manifestado junto a los miles de personas incapaces de seguir pagando sus hipotecas y que han sido incluso desahuciadas por ello.

No en vano, la presión de estos activistas ha conseguido frenar algunos de esos desahucios, y han aprovechado algunas de las ocupaciones de edificios que han protagonizado para "realojar" a algunas de esas familias desahuciadas.

Quizás ahí resida uno de sus principales logros, el de haber conseguido abrir un debate sobre la "dación en pago" -que devolver el piso hipotecado sea suficiente para saldar la deuda con el banco- una propuesta que ha sacudido algunas conciencias y que algunos partidos sí han incorporado a sus agendas.

Las acampadas de varias ciudades se prolongaron hasta las elecciones autonómicas y municipales del pasado 22 de mayo y continuaron algunos días más, en una contienda política que motivó la intervención de la Junta Electoral, que prohibió la acampada, decisión corroborada horas después por el Tribunal Constitucional.

No obstante, la policía no intervino para desalojar esas acampadas la víspera de las votaciones.

Luego se registraron incidentes en varias ciudades, como Madrid, Valencia o Barcelona -ciudad donde fueron increpados física y verbalmente numerosos diputados autonómicos-, pero las aguas llegaron calmadas a la última contienda electoral, la del 20 de noviembre.

Pero políticos e "indignados" se han esquivado durante estos meses; algunos dirigentes se han limitado a lanzar guiños verbales a sus simpatizantes, pero han esquivado el contacto con ellos, sobre todo después de comprobar que algunos políticos fueran incluso abucheados al sumarse a alguno de sus actos reivindicativos.

Aunque así hayan transcurrido los últimos meses, con un movimiento que ha oscilado entre la euforia y la dispersión, bien podría pasar 2011 a la historia como el año en el que la política y sobre todo la economía evidenciaron estar muy vivas, pero también como el año en el que la sociedad demostró que no está dormida.



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