La derecha rural se ha sublevado contra Nicolas Sarkozy. La histórica victoria de la izquierda en las elecciones al Senado refleja el desapego creciente de los bastiones más tradicionalistas hacia el presidente francés y eleva el riesgo de no reelección en el Elíseo la próxima primavera. Aunque los socialistas y sus aliados obtuvieron el domingo la mayoría absoluta por primera vez desde la fundación en 1958 de la Quinta República, los conservadores confían en conservar la presidencia de la Cámara Alta gracias al transfuguismo y el compadreo de un hemiciclo muy especial.
Cuando Sarkozy se encaramó en la jefatura del Estado en 2007, la derecha tenía 203 escaños en el Senado y la izquierda, 128. Ahora, los progresistas tienen medio centenar de sillones más y, lo que es decisivo, dos más que la mayoría absoluta: 177 de 348.
Sufragio censitario
El vuelco es consecuencia de la sucesión de victorias encadenadas por socialistas y aliados en las elecciones locales: cantonales, municipales y regionales.
"Anomalía democrática", en certera sentencia del exprimer ministro socialista Lionel Jospin, el Senado no se somete al sufragio universal del pueblo francés, del que no escapa ni el propio presidente. Se elige por sufragio censitario restringido a un colegio de electores formado por ediles municipales, consejeros provinciales y diputados regionales.
Los municipios con menos de 9.000 habitantes, que representan la mitad de la población del país, aportan el 70% de los votantes en el peculiar ejercicio de democracia indirecta. Por eso el Senado es el paraíso político de la Francia profunda, agrícola y rural, sociológicamente arraigada en los valores conservadores.
Pero esta vez los barones periféricos se han rebelado al poder central. Le han pasado a Sarkozy la factura de una reforma territorial que recorta cargos y competencias, de la retirada del cobro de tasas que les obliga a subir los impuestos a sus administrados, del cierre de aulas en las escuelas y de la eliminación de servicios públicos en zonas cada vez más abandonadas por el Estado. Se suma a la lista de agravios la manifiesta impopularidad de Sarkozy, a quien muchos en su propio campo se resisten a apostar como caballo ganador.
La falta de autoridad presidencial está ilustrada por la elección en París del disidente Pierre Charon. Este consejero de Sarkozy caído en desgracia osó llamar a la candidata oficial y luchadora de yudo, Chantal Jouanno, "campeona en el tatami y en la cama", en alusión al rumor de una relación sentimental con el jefe del Estado. Jouanno, que también obtuvo escaño, anunció su dimisión como ministra de Deportes, donde será sustituida por el yudoca David Douillet.
La pérdida del control senatorial impedirá incluir en la Constitución la regla de oro para garantizar el equilibrio presupuestario con la que Sarkozy pretendía poner en evidencia a los socialistas frente al pregonado sentido de la responsabilidad de sus camaradas españoles. También dificultará la aprobación de los Presupuestos de 2012 y leyes no consensuadas mientras que facilitará la creación de comisiones de investigación de asuntos comprometedores para la derecha gobernante.
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