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La reválida islamista en Túnez

  • Los responsables de Nahda, el partido islamista vencedor y llamado a formar el Gobierno, deberán hacer efectivas sus promesas de no tocar el estatuto de la mujer y garantizar las libertades públicas

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Actualizada 31/10/2011 a las 01:05
  • MIGUEL SALVATIERRA . COLPISA. TÚNEZ

TÚNEZ volvió a dar ejemplo del carácter modélico de su revolución pacífica. Nueve meses después de los mínimos daños que provocó el derrocamiento de la dictadura, las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente tunecina se desarrollaron con una serenidad, ciudadanía y movilización nunca igualada en la historia del país.

El rotundo triunfo de los islamistas de Nahda plantea un formidable reto que va a ser observado con lupa por los países árabes de su entorno, afectados también en mayor o menor medida por el movimiento revolucionario que agita la zona.

La experiencia tunecina puede suponer un modelo al que imitar por otros países o, al menos, una influencia muy difícil de soslayar. Egipto, Marruecos, Argelia, Jordania, incluso los convulsos Yemen o Siria, las monarquías del Golfo e Irán van a seguir muy atentos los siguientes pasos.

Resulta muy expresiva la opinión del periodista marroquí Karim Bujari en Telquel: "Todo partió de Túnez y todo debe volver a pasar por Túnez. Nuestra suerte está en parte en las manos de los tunecinos. Si votan a favor de los islamistas, no me imagino a egipcios, libios o marroquíes haciendo algo diferente".

Tras las promesas

Los responsables de la formación Nahda deberán hacer efectivas sus promesas de no tocar el estatuto de la mujer y de garantizar las libertades públicas.

Habrá que comprobar si se ponen manos a la obra hacia el objetivo que marcó su líder, Rachid Gannouchi, en la campaña: "Una sociedad democrática y modélica en el mundo árabe".

El movimiento se demostrará andando, y las primeras decisiones revelarán si cesa la calculada ambigüedad con la que se manejaron hasta ahora los dirigentes islamistas -prodigándose en mensajes apaciguadores-, y no tratan de imponer un rigorismo religioso.

Su modelo, insisten, es el de los islamistas turcos del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), en el poder desde 2002.

El acceso de los islamistas al poder tendrá en Túnez una reválida no solo política, sino también económica. No hay que olvidar que la chispa que prendió en Túnez y en su entorno fue la muerte de Mohamed Bouazizi, un vendedor callejero que no se prendió fuego por la democracia, sino en protesta por unas miserables condiciones de vida impuestas por un sistema corrupto que, día a día, le humillaba y le impedía ganarse la vida.

La revuelta arrancó con unas motivaciones nada ideológicas. Fue un estallido provocado por la opresión y por la falta de expectativas en unas sociedades dominadas por un poder dictatorial.

Los islamistas se subieron al movimiento en marcha y probablemente se beneficien de él políticamente, pero quizá hayan pasado ya los días de un Estado musulmán en el que la ley coránica rija no sólo las relaciones sociales, sino también las políticas.




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