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INMIGRACIÓN

La Policía búlgara, acusada de robos y violencia contra los refugiados

  • ACNUR en Sofía recibe numerosas denuncias por parte de solicitantes de asilo

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Actualizada 24/01/2016 a las 09:48
  • EFE. SOFÍA
La policía búlgara no solo impide a los refugiados entrar en Bulgaria y los obliga, a veces de forma violenta, a retornar a Turquía, sino que también les inflige maltratos y palizas, los amenaza con armas o perros y les roba sus posesiones, como teléfonos móviles y dinero.

Así, al menos, consta en las numerosas denuncias que recibe la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Sofía por parte de solicitantes de asilo que lograron cruzar la frontera turco-búlgara.

Denuncias de este tipo llegan desde 2013, pero en los meses de octubre y noviembre pasados, su número ha crecido, según ha declarado en entrevista exclusiva con Efe el director de la oficina de ACNUR en Bulgaria, Roland-François Weil.

"Recibimos testimonios de personas que han cruzado la frontera y que han sido detenidas por la Policía fronteriza o la Policía de Guarda: aseguran que les dan palizas, les roban sus posesiones y les aplican el así llamado 'pushback', es decir los obligan a volver a Turquía desde territorio búlgaro", declaró Weil.

Añadió que a ACNUR le consta que esto sucede no solo en la zona fronteriza sino también en el interior de Bulgaria, e incluso se denuncian robos cuando los refugiados intentan abandonar el país para continuar su viaje hacia Europa Occidental, principalmente en la frontera con Serbia.

El hábito del "pushback", es decir el método ilegal de rechazar a solicitantes de asilo que acaban de cruzar la frontera, ha sido denunciado también por la organización no gubernamental Human Rights Watch (HRW) en un informe reciente.

La ONG ha entrevistado a 45 solicitantes de asilo de Afganistán, Siria e Irak que han descrito 59 incidentes de retornos forzosos entre marzo y noviembre, entre ellas 26 personas que aseguraron haber sido agredidas por agentes o mordidos por perros policía.

Weil no precisó el número de denuncias pero confirmó que es igual o superior al registrado por HRW y que ACNUR comunica todas las quejas que recibe al Ministerio Interior búlgaros para que las investigue.

"Creemos que tales incidentes han tenido lugar, ya que tenemos un número de alegaciones tan alto que no podemos descartarlas", subrayó Weil, pero destacó que es difícil dar con los responsables, porque los refugiados normalmente no saben precisar el lugar exacto, pese a hacérseles preguntas detalladas.

"Los denunciantes dicen: Por ahí, cerca de la frontera turca, pero esta tiene 273 kilómetros de longitud y hay muchos agentes desplegados", señaló.

"Más de 20.000 personas han entrado en el territorio búlgaro el año pasado y la mayoría de ellas han solicitado asilo. Pero sabemos que hay gente que no ha podido entrar y pedir estatuto de refugiado porque ha sido víctima de robo y agresión y devuelta a Turquía", precisó Weil.

Una fuente de la policía búlgara que pidió el anonimato aseguró que efectivamente, las palizas a posibles inmigrantes son habituales e incluso respaldadas por órdenes orales, nunca escritas, que solo exigen "tener cuidado con niños y mujeres embarazadas".

Según datos de la ONG Comité de Helsinki en Bulgaria, las agresiones denunciadas casi siempre señalan a agentes de la policía nacional, que actúan como refuerzo del cuerpo de Policía de fronteras, pero que este cuerpo profesional tampoco las impide.

Portavoces del Ministerio del Interior búlgaro no han querido comentar el informe de HRW, aunque en 2014, el entonces ministro de Interior, Tsvetlin Yovchev, calificó un informe similar de la misma ONG de "puras mentiras y calumnias contra Bulgaria".

Bulgaria construye desde 2013 una alambrada en su frontera con Turquía, de la que se han terminado ya unos 33 kilómetros, aunque todavía faltan otros 132 para completarla, mientras que el resto de la linde son ríos o terrenos abruptos.

"Nuestra posición siempre ha sido que ninguna valla soluciona el problema migratorio, sólo hace que cruzar sea más difícil y más peligroso", comentó Weil.

Con la construcción de vallas, los inmigrantes solo pasan a ser más dependientes de traficantes de personas y los menores y mujeres no acompañadas se vuelven más vulnerables ante posibles actos de violencia de estos contrabandistas, concluyó el representante de ACNUR en Bulgaria.



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