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Liberia pone punto y final a la peor epidemia de ébola de la historia

  • El ébola ha infectado a más de 28.600 personas y matado a más de 11.300

El África occdiental se encuentra a un paso del fin del ébola

El África occdiental se encuentra a un paso del fin del ébola

Sanitarios trasladan a una mujer sospechosa de tener ébola en Macenta, Guinea.

AFP
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14/01/2016 a las 06:00
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  • colpisa. madrid
El 26 de diciembre de 2013, Émile Oaumouno, bebé de dos años y paciente cero, mostró sus primeros síntomas de ébola. Murió dos días después, tras infectar a su hermana de tres años, a su madre, a su abuela y a una amiga de la familia. Desde Meliandou, la aldea guineana donde vivían, la enfermedad se propagó por Africa y el mundo con una virulencia nunca vista. Más de dos años después, la Organización Mundial de la Salud (OMS) está lista para sacar a Liberia, el último país pendiente, de la lista de afectados. El jueves 14 de enero, seis semanas después de dar de alta a los dos últimos supervivientes -un padre y un hijo, en Monrovia-, se podrá considerar una enfermedad bajo control.

Aun así, las medidas de prevención y alerta se mantendrán en vigor durante varios meses por seguridad. En los casi 750 días que han pasado desde el primer caso, el ébola ha infectado a más de 28.600 personas y matado a más de 11.300, la inmensa mayoría en Sierra Leona, Guinea y Liberia. Más de 800 profesionales sanitarios se contagiaron y 514 perdieron la vida tratando de salvar a los afectados o de evitar más contagios.

Además, la epidemia también ha arrasado los débiles sistemas de salud de estos países, ha debilitado su economía y evitado que millones de niños acudieran al colegio durante meses. También infectó por primera vez fuera Africa, en Madrid. Los casos han sido tan numerosos que han permitido desarrollar protocolos sanitarios muy eficaces -la mortalidad ha caído desde un 70% al comienzo de la epidemia a menos del 40% en los últimos casos-, y una vacuna que hace mucho más difícil que un brote así vuelva a repetirse.

"Tuvimos todos los elementos de una tormenta perfecta", explica Luis Encinas, especialista en ébola de Médicos Sin Fronteras (MSF) -por aquel entonces, uno de los pocos que sabían cómo afrontarla-, que viajó a la zona en los primeros momentos, antes de la declaración oficial de la epidemia. La enfermedad, que hasta entonces solo había aparecido en Africa central, llegó por primera vez al oeste del continente. Una región con sistemas sanitarios muy frágiles y donde los ritos funerarios, que exigen mucho contacto físico con el fallecido, fomentaban al máximo la propagación del virus. Además, los primeros casos se dieron a muy pocos kilómetros de las fronteras de Guinea con Sierra Leona y Liberia.

Una vacuna que cambia todo

"El 1 de abril de 2014 ya dimos la voz de alerta porque nunca antes habíamos visto algo así", asegura Encinas. Aunque el número de casos aún no se había disparado como lo hizo más adelante, explica, nunca habían visto al ébola viajar de esa forma. "Aparecían casos a cien kilómetros con un día de diferencia, nunca habíamos visto nada así", cuenta. "Pero nadie nos hizo caso". Algunos acusaron a MSF de usar la incipiente pandemia como mecanismo de publicidad interna. La realidad dio la razón a la ONG en seguida. Ese verano, los contagios se contaron por miles y la OMS declaró la alerta internacional.

Para detener su avance hubo que aislar a muchos contactos de pacientes, que practicar muchos entierros seguros y que cambiar las costumbres funerarias de los tres países. Por el camino, además, se descubrieron formas de aumentar la supervivencia. En los casos de esta cepa del virus -hay al menos dos- y con el tratamiento adecuado, ya fallecen menos de la mitad de los infectados. También se ha logrado salvar a embarazadas y a sus recién nacidos.

"Hemos tenido tantos casos que hemos podido aprender mucho", cuenta Encinas. Durante estos dos años, desde MSF -que ha perdido a 28 trabajadores por la epidemia- han colaborado con tres ensayos clínicos para validar la eficacia de los tratamientos experimentales. Algunos no tuvieron éxito -se demostró que las transfusiones de suero hiperinmune de supervivientes no es eficaz- y otros sí. En junio de 2015 se probó que una vacuna, VSV-EBOV, permite prevenir el contagio.

"Es una vacuna que cambia todo", asegura el enfermero de MSF. No solo la capacidad de frenar rápidamente las vías de contagio. "También permite ofrecer algo a la población", afirma. Entre las grandes lecciones aprendidas durante esta crisis, él recalca la necesidad de contar con las comunidades en las que se interviene. "Hacerlas el centro de los cambios de cultura y rituales necesarios" para adaptarse a una enfermedad como el ébola.

"Lo que ha pasado es parecido a lo que pasa con una guerra; las cosas dejan de funcionar", señala Encinas. "Ahora los países están despertando, empezando a reconstruir se para superarlo".



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