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CONFLICTO EN ORIENTE PRÓXIMO

Israel aplica un castigo colectivo a los árabes de Jerusalén

  • Anuncia que no devolverá los cuerpos de los palestinos abatidos para evitar que los funerales se vuelvan protestas

Una mujer palestina camina junto a soldados israelíes a la entrada de la Ciudad vieja de Jerusalén.

Israel aplica un castigo colectivo a los árabes de Jerusalén

Una mujer palestina camina junto a soldados israelíes a la entrada de la Ciudad vieja de Jerusalén.

AFP
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Actualizada 15/10/2015 a las 10:43
  • MIKEL AYESTARÁN (COLPISA). JERUSALÉN
Los coches pasan uno a uno y hay que esperar a que los agentes de la Policía de Fronteras registren maleteros y revisen la documentación. Las decisiones que adoptó el gabinete de seguridad de Israel la noche del martes se llevaron a la práctica de forma inmediata y el primer barrio árabe del este de la ciudad que sufrió un cierre parcial fue Jabel Mukaber.

De aquí salieron los dos palestinos que atacaron el lunes el autobús de la línea 78 y el trabajador de la empresa de telefonía que atropelló y trató de rematar a sus víctimas con un machete.

La entrada en vigor de las nuevas medidas de fuerza no logró, sin embargo, frenar las acciones de lobos solitarios y hasta la caída de la noche se produjeron dos ataques con arma blanca en Jerusalén. En ambos casos los agresores fueron abatidos por las fuerzas de seguridad.

Aunque el comunicado emitido por la oficina del primer ministro, Benjamín Netanyahu, habla de "cerrar" zonas de Jerusalén o imponer el toque de queda "en caso de violencia", durante la jornada las autoridades emplearon otras expresiones como "cercos flexibles", para no dar la imagen de separación en la que consideran la "capital indivisible" de Israel. El propio ministro de Justicia declaró en la Radio del Ejército que "nadie va a cerrar el Este de Jerusalén".

"NO MÁS MUROS"
Por primera vez en mucho tiempo, Hamás y Fatah, las dos facciones palestinas más importantes, se pusieron de acuerdo en algo y censuraron esta decisión del gabinete de seguridad hebreo, que calificaron de "castigo colectivo" que viola la legislación internacional. El portavoz islamista en Cisjordania aseguró además que "esta medida no detendrá la Intifada. La resistencia de la gente no teme a las nuevas restricciones".

Para Meir Margalit, dirigente del partido de la izquierda israelí Meretz y con dilatada experiencia en el Ayuntamiento jerosolimitano, "la ciudad está más dividida que nunca, aunque el Gobierno se niegue a reconocerlo. El modelo de ciudad unificada se ha roto y se necesitan pasos políticos, no más muros, para superar la situación" de inseguridad.

Frente al despliegue masivo de fuerza, Margalit aboga por "la retirada de los barrios del este de la Guardia de Fronteras, que solo sirve para provocar más problemas y malestar", y propone que se permita "un grado de autonomía a los árabes, que vean de este modo que Israel ha captado el mensaje y que las cosas van a cambiar de verdad".

Los postulados de los sectores críticos con las autoridades de Tel Aviv, que piden una solución política y no un nuevo remiendo que, en el mejor de los casos, logre sofocar la ira palestina de forma temporal a base de mano dura, están lejos de la realidad que se aplica sobre el terreno.

Israel recupera el manual de actuación de la Intifada de Al-Aqsa (2000-2005) y recurre a "toda la fuerza necesaria", como adelantó Netanyahu, para hacer frente a los ataques y protestas.

CIENTOS DE SOLDADOS
Además del cierre, más o menos temporal, de barrios árabes se ha aprobado el despliegue de cientos de soldados para colaborar con la Policía en las labores de vigilancia en los centros urbanos, la presencia de agentes de seguridad en el transporte público y se da luz verde para agilizar los trámites que permiten el derribo de casas de los palestinos que cometan ataques, incautar sus bienes y revocar sus derechos de residencia permanente.

Los israelíes también han decidido no devolver los cuerpos de los palestinos abatidos por las fuerzas de l orden, con el argumento de que cada funeral se convierte en un acto de protesta masivo. Además se han suavizado las normas para poder portar armas en la calle. A última hora de la tarde, uno de los accesos a Jabel Mukaber fue cerrado por grandes bloques de hormigón, en el resto de entradas las patrullas de la Policía de Fronteras seguían atentas al escaso movimiento de vehículos.

A los vecinos de este barrio ocupado desde 1967 no les interesa el anuncio del secretario de Estado de EE UU, John Kerry, sobre una "pronta" visita a Oriente Próximo para intentar calmar las cosas, y seguro que tampoco prestaron mucha atención al primer discurso del presidente palestino, Mahmud Abás, desde el inicio de la oleada de violencia, en el que llamó a "resistir por medios pacíficos". A partir de ahora, su preocupación será superar cada día las barreras de seguridad para acceder al centro de la ciudad santa.



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