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CRISIS SIRIA

El futuro de Siria, a las puertas de Europa

  • Melilla se ha convertido en un limbo para más de un millar de desplazados que permanece pendiente de que se le conceda el asilo político

Refugiados llegan a la isla griega de Lesbos.

Refugiados llegan a la isla griega de Lesbos.

Refugiados llegan a la isla griega de Lesbos.

AFP
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14/09/2015 a las 06:00
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  • COLPISA
Los refugiados que optaron por acceder al continente a través de la frontera sur denuncian haber perdido sus ahorros por el camino y haber sido víctimas de las mafias.

Hace año y medio que Oualid y Nisrim se casaron en Beirut y ahora duermen separados. Ella, en una habitación en donde se hacinan mujeres y niños, y él, en un barracón de hombres. Oualid es sirio de origen kurdo y Nisrim, tunecina, y en ellos se condensan todos los sufrimientos y las trabas que los sirios que intentan entrar en Europa por la llamada 'frontera sur' se encuentran en su duro y tortuoso camino.

El matrimonio, junto con sus dos hijas de corta edad, fue expulsado del campo de refugiados donde vivía en el Líbano y tuvo que huir a Túnez para cobijarse en Susa, la ciudad natal de Nisrim. Nada más llegar sufrieron el azote del yihadismo con los atentados perpetrados en los hoteles de la perla del Sahel en el mes de junio y decidieron salir del país hacia Europa.

Pagaron 200 euros por persona para entrar a Argelia, 150 euros para llegar de una punta a otra del país y 300 euros para ser introducidos en Marruecos. Ya en Nador, la provincia nororiental marroquí que limita con Melilla, se albergaron en un hostal durante siete días. Cada mañana la familia al completo se acercaba a la aduana internacional de Beni Enzar, principal punto de paso fronterizo entre la ciudad autónoma española y Marruecos, y esperaba durante horas su turno para poder entrar a suelo europeo.

"Llevábamos nuestros enseres y nuestra documentación, y mi marido tenía en efectivo 3.600 euros, 1.200 por cada miembro de la familia, excepto por mí que como soy tunecina no tendría por qué tener problemas para pasar y no necesitaba pagar 'la mordida'", relata Nisrim.

Cuando el día de cruzar la frontera llegó, los policías marroquíes implicados en el tráfico de personas se enfadaron tanto con ella por no pagar que terminaron pegándola varias veces en la cabeza hasta tirarla al suelo junto a la niña pequeña. "Me amenazaron -recuerda- y me dijeron que si decía en España que me habían pegado iban a ir a por las niñas".

Nada más llegar a España, pidieron protección internacional y fueron trasladados al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Pero, una vez allí, les quitaron a sus hijas y se las llevaron a un hogar de menores a la espera de comprobar mediante la prueba del ADN si verdaderamente ellos eran los padres biológicos o no.

Hace ya casi dos meses que malviven en un CETI que triplica el número máximo de internos que puede acoger, y ni les han devuelto a las niñas ni saben cuándo podrán partir a la España continental para poder dejar de huir de la guerra y descansar. "La espera aquí es interminable. No poder dormir con mi mujer ni tener conmigo a mis hijas me está matando. Así es muy difícil rehacer tu vida. La guerra me ha quitado mucho y por el camino me he ido dejando mucho más", comenta Oualid.

Cientos de historias Como este matrimonio hay cientos de casos. Tantos como las casi 1.400 personas procedentes de Siria que se agolpan en el centro de inmigrantes y que conviven con aquellos procedentes de Palestina, Argelia, Guinea y Burkina Faso, principalmente.

En 2011, cuando se desató la sangrienta guerra en territorio sirio, empezaron a llegar a cuentagotas los primeros refugiados a Melilla. Todos entraban a la ciudad autónoma con pasaportes falsos adquiridos en el mercado negro. Procedían de grandes núcleos urbanos como Damasco y Homs y no querían pedir asilo en Melilla porque sabían que, mientras se estudiaran sus expedientes, debían permanecer en este pequeño enclave español. Una espera que en muchos casos se alargaba por más de un año.

Ahora, la gran mayoría de los sirios que llegan son de origen kurdo y proceden de pequeños pueblos del norte del país, principalmente de la zona de Kobane. No necesitan comprar documentación falsa, pero sí pagar un alto precio económico, hasta 3.000 euros, por cruzar una frontera que tienen todo el derecho de atravesar con libertad por ser refugiados que huyen de una guerra. Ya saben que lo mejor es pedir asilo en cuanto pisan suelo español pero, aun así, la espera en Melilla sigue eternizándose.

En los primeros ocho meses de 2015 más de 5.300 sirios, en su mayoría niños de corta edad, han entrado a Europa por el paso fronterizo de Beni Enzar y se han quedado bloqueados durante meses en una ciudad de apenas 12 kilómetros cuadrados y 85.000 habitantes como es Melilla. Mientras las imágenes de refugiados caminando desesperados por Centroeuropa han conmovido a la sociedad occidental, en la 'frontera sur' los sirios ven resignados como por más que ha cambiado la situación no ha sido para mejor:

"Los que entramos por la ruta del sur nos sentimos ninguneados. Nuestros hermanos son expulsados de los trenes, pero están en Europa, caminan por Europa. Nosotros somos presos de las mafias y hemos perdido nuestros ahorros para lograr llegar a Europa y ahora estamos retenidos en un limbo que es Europa pero que realmente no lo es", sentencia Nisrim con lágrimas en los ojos.



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