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BRUSELAS

Bruselas teme que el resultado electoral en los países rescatados merme la recuperación

  • Grecia comenzará el día 20 un carrusel electoral que llevará a Portugal el 4 de octubre, a España a final de año y a Irlanda a comienzos de 2016

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, en Bruselas.

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, en Bruselas.

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, en Bruselas.

REUTERS
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14/09/2015 a las 06:00
  • COLPISA
Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que la Troika se llamaba Troika. Ya saben, los temidos hombres de negro de la Comisión, el BCE y el FMI que llegaron en 2010 a la Eurozona aplicando hachazos de gasto público sin miramientos para "poner orden" a unas cuentas públicas "descontroladas". Un pasado demasiado reciente políticamente insostenible.

La Troika ya no se llama Troika, sino Instituciones, quizá el único logro de Alexis Tsipras en su fugaz mandato como primer ministro griego. Pero si anda como un pato, grazna y nada como tal... Pues eso, que se llame como se llame, está muy lejos de esa muerte prematura anunciada por el aún imberbe Tsipras en su primera incursión bruselense. Porque los hombres de negro no sólo residen en Atenas, sino que siguen visitando periódicamente España, Portugal e Irlanda hasta que devuelvan el 75% las decenas de millones prestados. Porque los hombres de negro condicionarán el carrusel electoral que empieza este domingo en Grecia y que no sólo examinará a Mariano Rajoy, Pedro Passos Coelho y Enda Kenny, sino la férrea ortodoxia comunitaria. Los tres de la familia del PP europeo, los tres con dificultades para reeditar mandato, los tres compañeros de filas de Angela Merkel, la única mandataria del euro a la que la crisis no se ha llevado por delante. Todos caen. Todos.

Bruselas tiene un problema. Bueno, en realidad muchos, pero en lo económico, el principal no se llama ni China, ni emergentes ni tipos de interés en Estados Unidos. Se llama elecciones nacionales, se llama estabilidad, se llama temor a que los países rescatados no sigan la estricta hoja de ruta reformista seguida en los últimos años por los países rescatados. Inquietud, preocupación, incertidumbre... Los adjetivos son muchos y casi todos apropiados. Sensaciones que no sólo se palpan en Bruselas sino entre los halcones, en capitales como Berlín, donde se es muy consciente de lo mucho que se juega la Eurozona en los próximos meses.

Salvo tsunami político que nadie espera, el problema griego está descontado tras la aprobación de un tercer rescate a mediados de agosto por un Tsipras que, críticas al margen, sí actuó como estadista más que como líder de Syriza.

De ahí que en el caso de que vuelva a ganar Syriza y vuelva con nuevas negativas al Eurogrupo, la explosión será controlada. Porque ahora, además, ha llegado el momento de ceder con Atenas como en lo relativo a la deuda, no en seguir apretando las tuercas. El mensaje ya fue transmitido alto y claro. A los populismos, ni agua. Y Grecia, sin duda, actuó de conejillo de indias para marcar el territorio a formaciones de izquierda radical como Podemos.

Porque el mayor problema, Cataluña al margen, es España, la cuarta potencia del euro. "Claro que no se nos escapa que hay un año electoral, pero los años electorales no deben impedir actuar", recalcó el comisario Pierre Moscovici en una de las contadísimas declaraciones que ha habido y habrá sobre este asunto. Porque más allá de un "máximo respeto a las eleccione de cada país" o un "nuestra obligación es colaborar con cualquier gobernante", en Bruselas, de forma oficial, nadie dirá mucho más que esto.

Pero en privado, la cosa cambia. Es lógico. España es un país lo suficientemente grande como para hacer tambalear la frágil recuperación. Y no sólo por su tamaño (su PIB es el doble que el de Holanda, la quinta potencia del euro), sino porque es el país que crece con mayor vigor entre los grandes del bloque. En el segundo trimestre, por ejemplo, lo hizo al 1%, y a un porcentaje interanual del 3,1%. Nada menos que el doble que Alemania y la media de la Eurozona, y el triple que Francia e Italia. De ahí que calificativos como "alunmo aventajado" o "ejemplo a seguir" hayan dominado el discurso de numerosos responsables políticos europeos cuando se refieren a España. Ésta será una de las grandes bazas electorales de Rajoy para intentar repetir mandato, principal anhelo de Merkel para seguir liderando una gobernanza de la Eurozona que quiere dar decisivos pasos en su integración.

Pero esto dependerá de los equilibrios que se den en un bloque donde el PP puede quedar en clarísima minoría frente a la socialdemocracia liderada por Hollande (Francia) y Renzi (Italia) si finalmente pierde los tres feudos señalados como "ejemplos" de cómo salir de la crisis. Para muestra, las palabras del presidente Juncker en el reciente debate sobre el Estado de la Unión: "Países como Irlanda, Portugal y España han demostrado que si se aplican buenas reformas, se cosechan los resultados adecuados".

Porque Irlanda, especialmente, y Portugal no sólo están creciendo con fuerza, sino que lograron hace ya muchos meses salir de sus programas de rescate "con éxito" anunciando, además, que devolverán de forma anticipada 32.000 millones al FMI. En Portugal, la socialdemocracia lidera las encuestas (el Podemos portugués no ha calado), mientras que en Irlanda, todo está muy abierto a la espera del papel del Sinn Féin.

Rajoy, Coelho y Kenny. Tres líderes que buscan seguir los pasos de David Cameron y aferrarse a la recuperación económica para sobrevivir.



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