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Grecia

Los griegos votarán con un partido surgido del ala radical de Syriza

  • Unidad Popular se alza como la tercera fuerza del Parlamento griego y promete cancelar el tercer rescate si gana las elecciones

El exministro de Energía del Gobierno de coalición de Syriza Panagiotis Lafazanis, en el centro.

Los griegos votarán con un partido surgido del ala radical de Syriza

El exministro de Energía del Gobierno de coalición de Syriza Panagiotis Lafazanis, en el centro.

EFE
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Actualizada 22/08/2015 a las 13:53
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  • Colpisa. Madrid
La dimisión del primer ministro griego ha terminado por certificar la crisis de identidad de un partido que prometió combatir la austeridad y, sin embargo, ha acabado claudicando ante las instituciones europeas bajo el peso de las circunstancias. Tal y como se esperaba, el adelanto electoral que Alexis Tsipas propuso el jueves forzó una reacción inmediata por parte de la facción 'rebelde' de Syriza: este viernes se materializó la ruptura de una coalición que arropaba a distintas sensibilidades de la izquierda.

El promotor del 'divorcio' no es otro que el controvertido Panayotis Lafazanis. El extitular de Energía liderará Unidad Popular, que, con 25 escaños, se convierte así en el tercer grupo parlamentario, con los privilegios que eso conlleva de cara a una futura cita con las urnas. Militarán en sus filas algunos de los ministros defenestrados por Tsipras tras la remodelación del Gobierno que acometió el pasado julio. Es el caso de Kostas Tsichos, número dos de la cartera de Defensa; o Dimitris Stratulis, antiguo responsable de la Seguridad Social. En su nueva aventura les acompañará el economista Kostas Lapavitsas. El profesor de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres predica desde hace años "la muerte del euro". Un discurso que encaja perfectamente en el manifiesto de una agrupación que ve con buenos ojos el regreso del dracma.

Por el momento, la gran incógnita es el destino de las dos figuras más populares de la disidencia, el exministro de Finanzas, Yanis Varoufakis; y la presidenta de la Cámara baja, Zoe Konstantopoulou. Ambos votaron en contra del acuerdo que dio luz verde al tercer rescate financiero. Varoufakis aún no se ha posicionado con rotundidad, aunque en una entrevista concedida a la revista 'Le Nouvel Observateur' reitera su llamamiento a la desobediencia ante la "traición" del Gobierno heleno. Aunque Konstantopoulou tampoco deja entrever sus intenciones, sí ha acaparado cierto protagonismo tras la renuncia de Tsipras al criticar con dureza al presidente de la república, Prokopis Pavlópulos. Temida por su escrupulosa interpretación de las leyes y su implacable rigor formal, le achaca que ha manejado este escenario de crisis "con una urgencia anticonstitucional".

En cualquier caso, la "alternativa realista" de Lafazanis tiene un objetivo claro: enterrar el acuerdo firmado con los acreedores, anular unilateralmente la deuda y, si es necesario, gestionar una salida "ordenada" de la moneda única. "A los griegos se les pide ahora que se aprieten la soga alrededor del cuello y respalden un nuevo memorándum", censuraban en un comunicado en el que se proclamaban los auténticos herederos de los compromisos originarios de la coalición.

RONDA DE CONTACTOS

Mientras los avatares de Syriza acaparan los titulares, el proceso que debe conducir a la convocatoria de elecciones anticipadas ya ha comenzado. Como estipula la Constitución, el líder de Nueva Democracia, el conservador Vangelis Meimarakis, ha recibido el mandato de formar un Ejecutivo y cuenta con tres días para sumar a su causa posibles socios. El sucesor político de Antonis Samaras considera que los comicios son "una opción negativa" y promete apurar todas las posibilidades. Difícilmente logrará cerrar algún pacto y deberá pasar el testigo a Unidad Popular, que ahora sobrepasará a los neonazis de Amanecer Dorado como tercera fuerza del hemiciclo. Lafazanis aseveraba este viernes que agotará el plazo si su partido recibe el encargo de configurar un nuevo gobierno y mantendrá consultas con todas las formaciones, a excepción de los ultraderechistas.

En principio, la matemática apunta a que todas estas tentativas están abocadas al fracaso. Pavlópulos se verá en la obligación de constituir un Gobierno transitorio para convocar las elecciones, cuya celebración los expertos trasladan al 27 de septiembre o el 4 de octubre. El panorama que se abrirá entonces ofrece múltiples interrogantes. Tsipras no ha perdido el tiempo y este viernes mismo presidió una reunión de la secretaría política de Syriza en la que se decidió poner en marcha la maquinaria electoral con la creación de tres comisiones para elaborar el programa, preparar las listas de candidatos y gestionar la estrategia de comunicación.

Griegos Independientes, el partido nacionalista que prestó su apoyo a Syriza tras los comicios del 25 de enero, confirmaba el jueves su lealtad a Tsipras. El centro, que representa To Potami, otorgará su beneplácito al ex primer ministro si gana y continúa cumpliendo lo pactado con los acreedores del país. No obstante, la duda es si Nueva Democracia se beneficiará de la escisión de Syriza y el voto dividido. Es probable que el desencanto del pueblo griego, que poco a poco se va acostumbrando a 'corralitos' y consultas populares, dibuje otro abanico de siglas inestable.



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