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Epidemia de ébola

La costosa vuelta a la normalidad tras la epidemia de ébola en África

  • Los centros donde trabajaron Miguel Pajares y Manuel García, muertos por el virus, han atendido a diez mil personas en ocho meses

Una mujer recibe su vacuna en Conakry.

​Probada con éxito en Guinea una vacuna contra el ébola

Una mujer recibe una vacuna contra el ébola.

AFP
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05/08/2015 a las 06:00
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  • Colpisa. Madrid
La muerte del hermano Patrick Nshamdze supuso la triste confirmación que todos los esfuerzos por evitar al maldito virus habían fallado. El ébola había comenzado su letal trabajo con el personal del hospital San José de Monrovia, capital de Liberia. El mismo virus que habían visto en sus pacientes llegaba al personal médico, del que también formaba parte Miguel Pajares. El misionero toledano caía enfermo y el 4 de agosto del año pasado se procedió a su aislamiento. Hace justo un año, los análisis confirmaban que Pajares tenía el ébola y al día siguiente llegó a España. El médico falleció el 12 de agosto, después de que ébola sesgara la vida de sus compañeros George Combey y Chantal Motwameme. Solo Paciencia Melgar, cuyo plasma sirvió después para crear anticuerpos, sobrevivió.

Un año después, el centro hospitalario intenta recuperar la normalidad en un país donde 4.808 personas han muerto por el virus -según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS)-. El 24 de noviembre de 2014 se consiguió abrir la maternidad y en febrero de este año se comenzó a tratar a los más pequeños de la casa. "Ahora estamos viendo cuándo podemos seguir abriendo las siguientes áreas como admisiones", explica Roberto Lozano, uno de los responsables de Juan Ciudad ONGD que ha pasado seis meses en Liberia. "Es una vuelta a la normalidad, pero una normalidad relativa", explica.

El país fue declarado libre de la pandemia el 9 de mayo, aunque después se han dado varios casos que lo único que han hecho es complicar aún más el proceso de vuelta a la normalidad del centro médico. "Las medidas de protección siguen al máximo", apunta Lozano, quien destaca el ánimo de los 106 trabajadores del San José que atiende a los enfermos. Su trabajo, reconocido por el Gobierno de Liberia, ha servido para atender en estos ocho meses a unas 5.000 personas, incluyendo la atención en cerca de 800 partos. Cuatro de cada diez de estos alumbramientos se produjeron por cesárea al ser considerados de alto riesgo.

LUCHA DIARIA

La Orden Hospitalaria San Juan de Dios recibió en los primeros días de septiembre otro duro golpe. Otro hermano, Manuel García Viejo, fallecía el 25 de septiembre en el madrileño hospital Carlos III por culpa también de la pandemia que ha asolado durante veinte meses al África occidental. Tenía 69 años. En su caso, contrajo la enfermedad en el hospital de su orden situado en Lunsar, a unos 120 kilómetros al este de Freetown, la capital de Sierra Leona.

El fallecimiento del hermano provocó una clausura similar a la del hospital liberiano, aunque con una gran salvedad. El virus sigue latente en el país, donde ha infectado a 13.290 personas y provocado la muerte a 3.951. Este cierre no afectó al trabajo del profesional santiario, 155 personas en estos momentos. En una lucha diaria, decidieron ir puerta por puerta para atender a sus vecinos en sus propias casas. "Han hecho un gran programa de atención comunitaria", comenta el responsable de Juan Ciudad ONGD, que cuenta en estos momentos con doce proyectos en África. El hospital reabrió sus puertas el 6 de enero. En este tiempo se ha atendido a unas 4.700 personas en las consultas externas, el área materno infantil, cirugía y urgencias. Una vuelta a la normalidad que no se logrará hasta que la pandemia desaparezca del todo. Un objetivo que la OMS ha fijado para final de año, aunque con bastantes reservas. "El riesgo mayor es mostrar una excesiva euforia o unas expectativas irreales", señaló Bruce Aylwald, máximo responsable en la lucha contra el ébola de este departamento de Naciones Unidas.

Esta semana, la OMS ya ha contabilizado dos nuevos casos en Guinea y Sierra Leona, dos países que también coparon con siete contagiados la lista de la última semana de julio. La preocupación de la OMS es que los dos enfermos de esta semana se han detectado fuera de las cadenas de contagio controladas por los médicos de la organización y de las ONG que trabajan en el terreno. Un indicio que hace sospechar a los investigadores de que todavía hay población enferma que no ha sido detectada por las autoridades. No sería la primera vez que los propios habitantes de un poblado deciden enterrar a sus vecinos muertos sin decir nada sobre cómo lo han hecho y si han tomado las medidas de seguridad necesarias.



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