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Terrorismo

Bin Laden planeó dejar Pakistán meses antes de su muerte

  • Documentos hechos públicos por la inteligencia estadounidense revelan que el saudí estaba buscando otro lugar donde esconderse

Parte de la transcripción de los documentos.

Publicados documentos incautados durante la captura de Bin Laden

Documentos incautados en la casa donde se capturó a Bin Laden.

AFP
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24/05/2015 a las 06:00
  • Colpisa. Madrid
El 11 de septiembre de 2001, muchos esquivaron la muerte por los pelos, mientras que otros la encontraron por pura casualidad. Howard Lutnik llegó esa mañana tarde a la empresa de la que era presidente porque quiso acompañar a su hijo de cinco años en su primer día de colegio. Los 658 empleados de Cantor Fitzgerald que a esa hora se encontraban en la oficina murieron, incluyendo su hermano.

Si Osama Bin Laden pudiera escribir la historia de su muerte consistiría en decir qué poco le faltó para evitarla. Los 103 documentos hechos públicos esta semana por la Oficina del Director Inteligencia Nacional son sólo una ojeada en el millón de documentos que los Navy Seal se llevaron esa noche de sus casa de Abbottabad, pero dan cuenta de que el líder de Al-Qaida planeaba ya, seis meses antes, encontrar un nuevo refugio. «Llevo años viviendo aquí en compañía de algunos hermanos de la zona y están ya exhaustos -en términos de seguridad-», contó a su tercera esposa en una carta. Bin Laden podría haber llegado a entender lo que saben bien todos los budistas, que en la vida no se puede juzgar como bueno o malo nada de lo que nos ocurre mientras no seamos capaces de ver el futuro.

El líder de Al-Qaida se lamentaba de haber «usado todas mis energías y haber intentado con todas mis fuerzas, a Dios pongo por testigo, convencerles para que me dejen quedarme, pero tristemente he entendido que han llegado a un punto de agotamiento en el que ya están totalmente cerrados. Me han pedido que nos marchemos todos».

De haberlo hecho, la CIA probablemente hubiera perdido su pista. No se sabe a dónde pensaba marcharse, sólo que en diciembre de 2010, seis meses antes de su muerte, dijo a su esposa que le llevaría «unos meses» encontrar otro lugar en el que se pudiera reunir con ella, su hijo Hamza y la mujer de este. Khairiah, una psicóloga doctorada en estudios islámicos, siete años mayor que él, estaba viviendo con él el día de su muerte.

Dicen que era su favorita. En estos documentos Bin Laden le dio permiso para volver a casarse tras su muerte, pero le advirtió que quería estar con ella en el paraíso, por lo que cuando el día del juicio final le dieran a escoger, debería elegirle a él.

OBSESIONADO CON EL 11-S

Bin Laden tenía cuatro esposas, sin contar con la primera, con la que se casó a los 17 años y se divorció poco antes del 11-S. Esa fecha seguía siendo clave para él y parece que la usó para prorrogar cuanto pudo su estancia en la casa de Abbottabad, que se convirtió en su tumba. «Estamos esperando el décimo aniversario de los benditos ataques en Nueva York y Washington que serán en nueve meses», dijo en la carta.

El líder de Al-Qaida estaba tan obsesionado con esos atentados de los que se le responsabiliza que entre sus libros tenía tomos sobre las teorías de la conspiración del 11 de septiembre. Se desconoce, a través de los pocos documentos desclasificados, si preparaba un atentado para ese señalado aniversario, como la inteligencia de Estados Unidos temía, pero sí que seguía al mando de la organización, que no lograba unificar.

«Se niegan a escuchar y recibir órdenes, obedecer o quedarse donde les hemos puesto e insisten en ser la cabeza», escribió a uno de sus lugartenientes. «Hay muchos ejemplos de esto y si le sumas nuestros visibles errores, faltas y debilidades ya tienes los ingredientes para la división». La inteligencia estadounidense sólo ha hecho públicos aquellos documentos que a su juicio no comprometen ninguna fuente o investigación, lo que deja al público con un lechado de minucias cotidianas que bien podían ser la segunda parte de ‘Custodiando a Bin Laden’, la novela que escribió el que fuese su guardaespaldas hasta 2001.

En la carta mencionada le recomienda a su tercera esposa, que en ese momento residía en Irán, que reclamase al dentista que le hizo un empaste defectuoso «si es que hace menos de un año, de lo contrario es mejor dejarlo correr», ya le buscará él otro cuando se reúnan. Con cuatro esposas, una ex esposa y entre 20 y 26 hijos, estos problemas cotidianos son una parte importante de la vida de Bin Laden, que seguía con avidez el discurso político en Occidente y leía libros de historia sobre la España musulmana (‘Christianity and Islam in Spain: A.D. 756-1031′, de C.R. Haines).

En sus últimos días estaba preocupado por el cambio climático, la mala respuesta de la comunidad internacional a las inundaciones de Pakistán, las desviaciones del capitalismo, la respuesta de Francia a la presencia de musulmanes y el daño que le hacían a sus operaciones los aviones espías. Por entonces, algunos de los que pasaban por encima de su casa detectaron a un hombre delgado y zurdo, de más de 1’90 de estatura, que a menudo caminaba con un bastón. Fue el principio del fin para él, que seguía prorrogando el momento de dejar la casa en la que se había acomodado, ahora que le habían permitido traer a su esposa favorita.



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