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RELIGIÓN

El sacerdote Douglas Bazi denuncia la persecución de cristianos en Irak

  • Lleva dos esquirlas de bala en la pierna. Le han roto la nariz a martillazos y la parroquia con explosivos. Estuvo secuestrado nueve días hace nueve años

Douglas Bazi.

Douglas Bazi.

Douglas Bazi.

archivo/javier sesma
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18/05/2015 a las 06:00
  • colpisa. madrid
El sacerdote caldeo Douglas Bazi (Bagdad, 1972) lleva dos esquirlas de bala en la pierna. Le han roto la nariz a martillazos y la parroquia con explosivos. Estuvo secuestrado nueve días hace nueve años. Pero lo que más le angustia, dice, es la persecución que los cristianos sufren en su país, Irak, y otras naciones colindantes. "Me sorprende que aún existamos", asegura, por teléfono, durante una reciente visita a España para reivindicar el sufrimiento de sus feligreses.

Antes de 2003, cuando una coalición liderada por EE UU derrocó al régimen ba'ath de Sadam Hussein, asegura Bazi, en Irak había al menos dos millones de cristianos. "Teníamos muchos problemas. Por ejemplo, teníamos prohibido tener nombres cristianos y en el pasaporte, que hay un campo para la religión, solo nos catalogaban como no musulmanes", afirma el párroco, que tiene su iglesia en Al-Jidida, uno de los nueve distritos de Bagdad, la capital iraquí. "La única condición de supervivencia entonces era no tocar al gobierno, no usar la religión contra ellos", dice. Y pese a todo, afirma, ahora están mucho peor. "Ahora quedamos menos de 250.000 en todo el país. En mi parroquia éramos unas 2.600 familias y ahora apenas quedan 260", se lamenta.

La inmensa mayoría de las familias que ya no acuden a su iglesia, asegura, han emigrado. No soportaban más la presión y el miedo a la violencia. Muchos, afirma Bazi, viven ahora en campamentos de refugiados en el Kurdistán iraquí. En una situación precaria, lejos de sus casas. Otros, en peor situación, han quedado atrapados en regiones bajo el control del Estado Islámico. "Hace diez meses que están en Mosul. E incluso cuando se libere la ciudad, solo un porcentaje pequeño volverá a sus casas", señala. Él, dice, ha decidido que no se va a ninguna parte. "¿Qué clase de vida tenemos?", se pregunta. "Lo que deberían ser derechos básicos en Irak apenas son deseos. No pedimos tanto. Queremos seguridad, educación y sanidad". Acusa al gobierno de su país de ser un títere de Irán. Y al conflicto entre chiíes y suníes de todo lo demás. "Quieren dominar el territorio y aprovecharse del caos que provoca el ISIS", sentencia.

A los cristianos, dice, solo les queda un lugar seguro en todo Irak. "Son los kurdos los únicos que han abierto la puerta a mi gente. Sin ellos, los cristianos habrían desaparecido. Los habrían exterminado en un día", cuenta Bazi. Estará, dice, siempre agradecido a lo que han hecho por ellos. "Pero soy iraquí, y tengo miedo de que mi país acabe separado en tres regiones, una zona kurda, una suní y otra chií. Porque no será el final del conflicto, sino el comienzo de otro", argumenta. Él, explica, no quiere una región solo para cristianos. "Queremos vivir en paz, con otros, queremos vivir en libertad", reclama.



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