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INMIGRACIÓN

Un millón de inmigrantes aguardan en Libia para zarpar hacia Europa

  • Los datos son de la Fiscalía de Palermo, tras desmantelar una red mafiosa africana con conexiones en Italia que organizaba las travesías

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Actualizada 22/04/2015 a las 09:23
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  • Íñigo Domínguez. COLPISA. Roma
Al día siguiente del mayor naufragio de inmigrantes registrado en el Mediterráneo, unos 700 muertos, sin que la UE haya movido un dedo en los últimos meses para evitarlo, no había mucho que decir. A la espera de los anuncios de las reuniones oficiales ayer predominaba el silencio culpable, roto solo para añadir que, incluso, los fallecidos podrían ser más. El único de los 28 supervivientes que ha sido trasladado a Italia, un joven de Bangladesh que se encontraba en estado crítico, relató que a bordo del viejo pesquero hundido había "unas 950 personas". El otro número que impresionaba lo dio el fiscal adjunto de Palermo, Maurizio Scalia, al presentar, justo ayer, una operación contra las mafias de traficantes humanos de estas rutas: "Según los datos que tenemos habría un millón de personas listas para partir hacia Europa en la costa libia. Hay un tráfico imparable de personas".

El resto de los náufragos del domingo desembarcó ayer en Malta y aún no han trascendido sus testimonios. El comandante de la nave que los trasladó, Gianluigi Bove, solo confirmó que le hablaron de cifras similares, "entre 700 y 900 personas", la mayor parte amontonados en las bodegas, donde quedaron atrapados. Dos de los supervivientes rescatados contaron que se habían agarrado a los cadáveres para mantenerse a flote. Estas 28 personas, todos hombres, son principalmente eritreos, somalíes y sudaneses.

Mientras el debate político nacional y europeo se centraba ayer, en gran parte, en cómo actuar contra las organizaciones que montan estos viajes, la tempestiva operación policial vino de perlas a las instituciones italianas para salvar la cara mediáticamente. Se ha llamado 'Glauco II' y fueron arrestadas en Italia 24 personas de Eritrea, Etíopía, Costa de Marfil, Guinea y Ghana. Actuaban en contacto con los jefes de la organización, residentes en Libia, y vivían en Milán, Roma, Bari, Catania y en dos de los propios centros de acogida temporal de inmigrantes y solicitantes de asilo en Sicilia: el de Mineo, cerca de Caltagirone, y el de Siculiana, en Agrigento.

El centro de Mineo, donde residían una decena de los detenidos, ya había aparecido en las investigaciones que en diciembre destaparon la nueva mafia de Roma: sus capos obtenían buena parte de sus ingresos en el negocio de la inmigración, tanto en los centros de acogida de la capital italiana como en el de Mineo. La financiación pública supone, solo en Sicilia, una inversión de 190 millones de euros, que a veces son parasitados por las asociaciones y cooperativas adjudicatarias del servicios, infiltradas por la mafia italiana. Actualmente residen en estos centros en la isla unas 14.000 personas, y en Italia, 70.000. El Estado paga 30 euros al día por interno a la empresa que gestiona el servicio. Ha quedado demostrado que luego eso se puede racanear y robar, a costa de un servicio deficiente. La humillación y explotación de los inmigrantes llega a ese extremo, y eso es en Italia.

SINIESTRA AGENCIA DE VIAJES

En cambio, esta operación ha permitido destapar las otras mafias, en este caso africanas y coordinadas con la orilla libia, que desde dentro mismo de los centros organizan la fuga y el viaje al norte de Europa. De este modo se cierra el negocio pirata que cubre toda la ruta de la desesperación: la banda desarticulada ayer organizaba viajes completos desde Eritrea, Somalia, Sudán y Libia hasta el norte de Europa. Eran una siniestra agencia de viajes.

En esta organización había cuatro tipos de tarifas, explicaron ayer los fiscales. Una por atravesar el desierto del Sahara, 5.000 euros. Zarpar desde Libia cuesta unos 1.500 euros. Si se llega con vida, al abandonar los centros de acogida se debe pagar entre 200 y 400 euros para vivir en pisos clandestinos. La última etapa, llegar a los países nórdicos, Reino Unido, Holanda y Alemania, donde a menudo les esperan familiares, requiere 1.500 euros más. Generalmente es en autobús, que son menos vigilados por la Policía. "Estos países deben entender que la llegada de inmigrantes, tras el primer impacto en nuestras costas, les incumbe más a ellos que a nosotros", señaló el fiscal. Italia es solo una escal intermedia, nadie quiere quedarse ahí.

En total, el coste del viaje para un subsahariano, si tiene suerte, es de entre 8.000 y 9.000 euros. Con frecuentes palizas, torturas y violaciones por el camino, además de hambre y sed. Esta organización habría monopolizado una buena tajada del flujo migratorio ilegal hacia Sicilia en los últimos años y se calcula que ha transportado a más de 200.000 personas. Cada uno de los jefes situados en lo alto del organigrama obtenía unos 80.000 euros por cada barco de 200 inmigrantes. De hecho en una de las conversaciones grabadas por la Policía, uno de los criminales se carcajea de cómo llenan los botes hasta lo inverosímil y así ganan más dinero. "Dicen de mí que siempre hago subir más de los que caben, pero son ellos los que quieren viajar cuanto antes, y yo hago como me dicen", bromea.

La investigación ha llevado año y medio y partió del naufragio de Lampedusa de octubre de 2013, en el que se registraron 366 muertos y era, hasta ahora, el más grave ocurrido en el Mediterráneo. Las pesquisas, la primera Operación Glauco, ya identificaron entonces al jefe de la red que había organizado ese viaje, el etíope Ermias Ghermay, que vive en Tripoli y también en Zuwara, una localidad costera entre la capital y la frontera con Túnez. Se pega la buena vida y tiene apoyos en las fuerzas de policía local. Puede incluso llegar a comprar 'paquetes' de inmigrantes y sobornar funcionarios libios para hacer evadir a presos de las cárceles y luego embarcarles hacia Sicilia. En julio de 2014 ya se emitió una orden de captura internacional contra él. Ahora ha vuelto a salir en esta investigación. Otros dos grandes traficantes se llaman Medhane Yehdego Redae, eritreo, y Mered Medhanie, etíope, que se hace llamar 'el General', como Gadafi, y tiene 34 años. Los dos viven también en Libia y mandan al teléfono.

RED DE CÓMPLICES

El cabecilla del grupo en Italia era Asghedom Ghermay, etíope, que llegó a Italia en una de las embarcaciones rescatadas en 2013. Fue alojado en el centro de acogida de Mineo y obtuvo el asilo político. Una vez instalado en Italia, se quedó a vivir en Catania, en Sicilia, y se convirtió en el referente de la organización en la isla. Dentro del centro de acogida contaba con una red de cómplices que dirigían las entradas y salidas de inmigrantes hacia el norte de Europa.

El negocio les iba viento en popa y uno de los jefes se jacta de ello en algunas llamadas grabadas: "Este año he trabajado bien, he hecho partir a 7.000, 8.000 personas". Y discute de dónde es mejor invertir, si en Dubai, en Estados Unidos o en Canadá. Naturalmente, muchas redes como esta siguen funcionando. Ayer las operaciones de rescate salvaron a unas 450 personas más en alta mar y la oleada de desembarcos con el buen tiempo no ha hecho más que empezar.



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