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​El Papa clama contra el genocidio del pueblo armenio, el primero del s. XX

  • Un hecho que recomendó "no esconder" porque "negar el mal es como dejar que una herida continúe sangrando sin sanarla"

El Papa junto al Supremo Patriarca Karekin II.

​El Papa clama contra el genocidio del pueblo armenio, el primero del s. XX

El Papa junto al Supremo Patriarca Karekin II.

EFE
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Actualizada 12/04/2015 a las 13:24
  • efe. ciudad del vaticano
El papa Francisco clamó hoy contra lo que consideró "el primer genocidio del siglo XX", el del pueblo armenio, un hecho que recomendó "no esconder" porque "negar el mal es como dejar que una herida continúe sangrando sin sanarla".

Sus palabras se produjeron durante el saludo inicial a las autoridades y fieles armenios que acudieron a la basílica vaticana para participar en una misa en la que se conmemoró el centenario del "martirio" de este pueblo por parte de las autoridades otomanas.

Jorge Bergoglio, con semblante serio, se dirigió a la asamblea para rememorar aquel "atroz y descabellado exterminio" que, parafraseando a san Juan Pablo II, calificó de "primer genocidio del siglo XX", seguido por los ejecutados por el nazismo y por el estalinismo.

Dijo que recordar a las personas que padecieron aquellos acontecimientos es "necesario e incluso obligatorio" porque "ahí donde no persiste la memoria significa que el mal mantiene aún la herida abierta".

Y defendió que "esconder o negar el mal es como dejar que una herida continúe sangrando sin sanarla".

Tras las tragedias de la centuria pasada, el Papa opinó que "parece que la humanidad no consigue dejar de derramar sangre inocente, como si el entusiasmo surgido tras la Segunda Guerra Mundial estuviera desapareciendo y disolviéndose".

"Parece que la familia humana rechace aprender de sus propios errores causados por la ley del terror. Y así, aún hoy, hay quien trata de eliminar a sus semejantes con la ayuda del silencio cómplice de otros que permanecen como espectadores", lamentó.

Francisco ha denunciado en múltiples ocasiones la "tercera guerra mundial por partes" que se vive en la actualidad, en un mundo marcado cotidianamente por "la locura de la destrucción" y por toda clase de "crímenes atroces y masacres sanguinarias".

Una suerte de "genocidio" a nivel global que, como ya evidenciara el pasado septiembre en el osario italiano de Redipuglia, "está provocado por la indiferencia general y colectiva, por el silencio cómplice de Caín que exclama '¡A mi qué me importa!'".

Tras pronunciar este mensaje, el pontífice procedió a celebrar la misa por el rito armenio, para lo que el templo vaticano se vio inundado por el humo del incienso y por antiguos cánticos de tradición oriental.

En la ceremonia se declaró Doctor de la Iglesia al poeta y teólogo San Gregorio de Narek (950-1005), cuyo "Libro de las Lamentaciones" es el texto más venerado y difundido en Armenia después del Evangelio.

Entre los congregados se encontraba el presidente de la República armenia, Serzh Sargsyan, y concelebraron el rito autoridades eclesiásticas del país como el patriarca de Cilicia de los Armenios Católicos, Nerses Bedros XIX, o el Supremo Patriarca Karekin II.

En su homilía, el papa refirió que "ante los trágicos acontecimientos de la historia humana, nos sentimos a veces abatidos" y que solo Dios puede paliar esa sensación.

"La maldad humana puede abrir en el mundo abismos, grandes, vacíos. Vacíos de amor, vacíos de bien, vacíos de vida. Y nos preguntamos: '¿cómo podemos salvar de estos abismos?'. Para nosotros es imposible, solo Dios puede colmar estos vacíos que el mal abre en nuestro corazón y en nuestra historia", explicó.

Con sus palabras, Francisco puso este domingo el acento sobre la polémica cuestión del genocidio armenio, iniciado hace un siglo, el 24 de abril de 1915, durante la Primera Guerra Mundial.

Fue entonces cuando las autoridades otomanas, del lado de Alemania, ordenaron la detención de centenares de armenios y se puso en marcha una masiva deportación de esta etnia.

Armenia, país independiente desde 1991 y situado en el Cáucaso meridional, estima que fueron exterminadas más de un millón y medio de personas entre 1915 y 1923 y otras 600.000 fueron deportadas, muchas de los cuales emigraron a Europa, América y Rusia.

En la actualidad Turquía, surgida de la desintegración del antiguo Imperio Otomano tras el conflicto, reconoce las masacres de armenios pero defiende que fueron daños colaterales de los combates en la frontera oriental de su territorio.

En ningún caso acepta la terminología de "genocidio", lo que ha provocado graves crisis diplomáticas entre ambos Estados a pesar de que numerosos países ya la han aceptado, entre ellos Argentina, Chile o Uruguay.

La cuestión es de capital importancia para Ankara ya que una de las condiciones impuestas por Bruselas para integrarse en la Unión Europea es el reconocimiento de dicho genocidio.

Ante esta situación, Francisco, en un mensaje dirigido a la sociedad armenia difundido hoy, manifiesta su deseo de que se "recupere el camino de la reconciliación" entre los dos pueblos y también en el enclave armenio de Alto Karabaj, en Azerbaiyán.

"Se trata de pueblos que, en el pasado, a pesar de las diferencias y las tensiones, han vivido largos periodos de pacífica convivencia e incluso en el curso de actos violentos han asistido a casos de solidaridad y de ayuda recíproca", refirió el pontífice en el documento



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