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ACCIDENTE AÉREO EN FRANCIA

Piloto: "Prepara el aterrizaje" Copiloto: "Ojalá, vamos a ver"

  • "¡Por el amor de Dios, abre la maldita puerta!", rogó a gritos el comandante a su ayudante tres minutos antes de estrellarse

Los problemas de Andreas Lubitz

¿Qué problemas de salud tenía el copiloto Andreas Lubitz? El diario Die Welt publica hoy que en su casa han encontrado evidencias de que tenía una enfermedad psicosomática. Es decir, sus problemas mentales podían haber provocado una enfermedad física. Y ¿cuál era esa enfermedad? El New York Times asegura que Lubitz buscó tratamiento para un problema de visión.

ATLAS

Entrenamiento de piloto de Andreas Lubitz

Imágenes de un entrenamiento de piloto que realizó el copiloto del vuelo de Germanwings, Andreas Lubitz.

CH NEWS
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Actualizada 30/03/2015 a las 13:21
  • Colpisa. Bilbao
A medida que salen a la luz más detalles del contenido de la caja negra del Airbus 320 accidentado en los Alpes franceses se refuerza la hipótesis de que el copiloto había planeado estrellar el avión. Al menos, lo había decidido al iniciar el vuelo entre Barcelona y Dusseldorf el pasado martes.

Andreas Lubitz comentó en dos ocasiones al comandante que podía irse al baño y que él se pondría al mando de la aeronave. Antes de abandonar la cabina, se oye al piloto decirle: "Prepare el aterrizaje en Dusseldorf". La grabación recoge un macabro "Ojalá, vamos a ver" de Lubitz por respuesta, en tono bajo, que no habría escuchado su superior. Esa expresión revela las terribles intenciones de este joven obsesionado con su profesión, que debía renovar la licencia de vuelo en tres meses y sabía que sus problemas psíquicos y físicos le iban a inhabilitar para volar.

La hora y media de grabación de la caja negra -aún se busca la segunda entre los restos del accidente- muestra que durante los primeros veinte minutos de vuelo el comandante Patrick Sondheimer y su segundo de abordo hicieron comentarios banales. En la conversación, el piloto comenta que no ha tenido tiempo de ir al baño antes de despegar de Barcelona. Entonces Lubitz le ofrece asumir el control del aparato en cualquier momento.

Nada más terminar la comprobación del protocolo de aproximación al aeropuerto de Dusseldorf, el copiloto vuelve a comentar a Sondheimer que puede abandonar la cabina para ir al lavabo. "Ya puedes salir", le insiste. A las 10.27 horas, cuando estaban a 11.600 metros de altura, el piloto le pide a Lubitz que vaya preparando el aterrizaje -momento en el que el joven deja en el aire sus inquietantes expresiones de "ojalá" y "vamos a ver"-. Se oye decir al comandante: "Ya puedes asumir el mando", el ruido del asiento y de una puerta que se cierra. Son las 10.29 horas y el radar registra un primer descenso del aparato.

Poco después salta una alarma, se escucha un ruido fuerte, el de una patada contra la puerta de acceso a la cabina y la voz del comandante que grita: "¡Por el amor de Dios, abre la puerta!". En un segundo plano se perciben ya gritos de los pasajeros. A las 10.35 horas, cuando el avión aún se encontraba a 7.000 metros de altura, la grabación registra ruidos metálicos, los que hace el piloto al intentar abrir la puerta a hachazos, una escena que desata el pánico en el interior del Airbus.

Noventa segundos más tarde, a 5.000 metros de altura, se activa una nueva alarma, y se oye al piloto gritar: "¡Abre la maldita puerta!". Su voz suena desesperada mientras el copiloto respira tranquilo dentro de la cabina, sin decir nada. A las 10.40 horas, un ala del Airbus impacta contra la montaña. Los últimos sonidos son los gritos desgarradores de los pasajeros. Inmediatamente después, el aparato se estrella a 700 kilómetros por hora y se desintegra con sus 150 ocupantes en los Alpes franceses.

PRUEBAS MÉDICAS

La principal hipótesis que se baraja -su decisión de estrellar el avión por la frustración y la angustia que le causaba no poder llegar a cumplir su sueño de ser comandante de Lufhtansa- cobra fuerza a medida que avanzan las indagaciones. El próximo junio era la fecha límite para renovar su licencia. Debía pasar unas pruebas médicas que él sabía que no iba a superar.

Medios de comunicación alemanes revelaron este domingo nuevos datos sobre los problemas físicos y psicológicos de Lubitz, por los que recibió varias bajas médicas que había ocultado a la compañía aérea, la última para el mismo día de la tragedia, el 24 de marzo, que apareció rota en su apartamento. Según 'The New York Times', el joven padecía serios problemas oculares. Al parecer, podría haber sufrido un desprendimiento de retina, una afección ocular que puede impedir que un piloto siga volando.

Ya está confirmada su grave depresión, que pudo verse agravada por una reciente ruptura de una relación, y los episodios de "estrés laboral". Le habían atendido "varios neurólogos y psiquiatras".

La tensión que sufría en el trabajo tiene que ver con el trato que recibía de sus compañeros. Al parecer, le consideraban un piloto de segunda ya que su primer empleo en Lufthansa fue de auxiliar de vuelo, antes de formarse para poder ponerse a los mandos de un avión. Por ese primer trabajo le apodaban de forma despectiva 'Andy Tomate'. "Él tenía muchas ambiciones, pero era considerado de segunda liga porque había sido auxiliar en la cabina de pasajeros", contó un amigo suyo al diario alemán 'Bild'.

Además, Lubitz no era feliz en su trabajo porque no estaba autorizado a hacer trayectos largos. "Su sueño era volar a San Francisco", contó un allegado del joven fallecido. Por su corta experiencia de seiscientas horas de vuelo, y después de su formación interrumpida durante meses por una depresión, se le asignaban rutas en Europa y como ayudante en cabina.

Las continuas revelaciones sobre el grave desequilibrio mental del copiloto no dejan de asombrar a la opinión pública. La Policía descubrió en el domicilio de Lubitz "numerosos medicamentos" para "enfermedades psíquicas". Y este domingo se supo también que tenía en su vivienda de Dusseldorf recetas de psicofármacos para tratar trastornos bipolares y una gran cantidad de somníferos. Peor aún es que hallaron cajas de psicofármacos sin abrir, lo cual apunta a que pudo haber dejado de medicarse. Los investigadores esperan poder determinar qué medicamentos consumía a partir del análisis de los restos de Andreas, hallados el sábado en el lugar de la tragedia.



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