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Cómo convertir un país superpoblado en una potencia mundial

  • Redistribuir recursos del rico sur al paupérrimo norte es necesario para convertir a los 170 millones de nigerianos en consumidores

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Actualizada 25/03/2015 a las 14:25
  • EFE. Nairobi
Nigeria, el país más poblado de África y el sexto del planeta, acudirá a las urnas el próximo día 28 con el reto de comenzar a transformar su lastre demográfico en la oportunidad de convertirse en una potencia mundial.

Crear empleos para un ejército de jóvenes y redistribuir recursos del rico sur al paupérrimo norte son condiciones necesarias para convertir a los 170 millones de nigerianos en consumidores capaces de apuntalar las ambiciones del mercado más grande de África.

Ser un país populoso siempre es un inconveniente a la hora de llevarlo a las urnas: el censo nunca está completo, no es concluyente o no da tiempo a distribuir el material electoral.

La falta de papeletas obligó a aplazar las elecciones en 2011, argumento que también planeo sobre los comicios este mismo año, aunque finalmente se retrasaron seis semanas por razones de seguridad.

Pero la superpoblación no solo será un desafío el día de las elecciones, sino en el futuro de la economía más importante del continente.

El mayor aumento en nacimientos hasta 2050 se producirá en Nigeria: para entonces, habrá equiparado su población a la de Estados Unidos (con unos 440 millones), aunque vivirá encajonada en un territorio diez veces inferior, pronostica la ONU.

Esta superpoblación, ¿es una ventaja o un lastre para Nigeria?

"Puede ser ambas cosas", explica el director del Banco Africano de Desarrollo en Nigeria (BAD), Ousmane Dore.

El crecimiento demográfico, actualmente del 3,2%, podría aumentar la presión sobre las ya limitadas infraestructuras y servicios sociales.

Eso se ve en Makoko, la 'Venecia' chabolista suspendida en la laguna de la mastodóntica Lagos, donde hay niños que se ahogan en las aguas turbias sobre las que flotan sus hogares antes siquiera de aprender a nadar. Nadie cuida de ellos cuando sus madres, adolescentes solteras, se van a trabajar.

A los nigerianos les gustan las familias grandes y tienen una media de 5,5 hijos, una de las más altas del continente, según la Comisión Nacional de Población.

A ese ritmo, Nigeria necesita popularizar las políticas de planificación familiar y avanzar hacia el dorado 'dividendo demográfico': el crecimiento económico derivado del declive en las tasas de mortalidad y fertilidad.

Es así cuando una enorme población se transforma en una 'ventaja': una gran masa de jóvenes consigue empleo, engrosa la clase media y amplía el mercado, explica el director del BAD.

"Actualmente, la transición demográfica se produce paralela a la creación de oportunidades económicas para quienes entran en el mercado de trabajo. Desafortunadamente, éste no ha sido el caso de Nigeria", subraya Dore.

La tarea de dar trabajo a los jóvenes nigerianos (el 40% desempleados) se complica cuando uno de cada cinco niños no va al colegio por falta de escuelas, lo que deja a 10,5 millones de menores en la calle a diario, según la Unesco.

La situación empeora en el norte del país, donde cerca del 40% de los niños no va nunca a la escuela y, además, la tasa de natalidad es más elevada (6,7%).

La consecuencia es aplastante en esas regiones septentrionales, que son también las más golpeadas por el grupo terrorista Boko Haram: allí es dónde más pobres viven (el 66% de los 58 millones existentes en todo el país), precisa el Banco Mundial (BM) en su informe de Nigeria de 2014.

Acosados por el terrorismo, la falta de servicios y las desigualdades, los niños del norte no pueden convertirse en consumidores como en el sur petrolero, sino en pobres.

La receta para que Nigeria despegue es dar trabajo a su joven y numerosa población, pero el desarrollo urbano también es clave: "Para reducir el número de pobres y crear trabajos productivos, al menos varias ciudades aparte de Lagos deberían despegar", avisa el BD.

Si Nigeria quiere competir en el mundo, solo podrá hacerlo con un gran mercado de consumidores con capacidad adquisitiva, no con un gigantesco ejército de ganaderos y agricultores analfabetos.



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