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Un grupo de judíos ultraortodoxos se niegan a volar con mujeres a su lado

  • Varios jaredíes permanecieron de pie las once horas del vuelo Nueva York - Tel Aviv para no estar en contacto con las pasajeras

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27/09/2014 a las 06:00
  • colpisa. madrid
A veces cumplir con los preceptos religiosos se hace muy cuesta arriba. Que se lo digan a los pasajeros de un vuelo de Nueva York a Tel Aviv cuyo viaje se convirtió el miércoles en una auténtica pesadilla. Lo que tenía que ser un tranquilo trayecto devino una auténtica odisea por culpa de un grupo de judíos ultraortodoxos que se negaron a sentarse al lado de mujeres. El empecinamiento de los hebreos se tradujo en un infierno de once horas. Muchos de los amotinados se trasladaban a Israel para celebrar en Tierra Santa la fiesta del Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío. 
 
Apenas representan un 10% de la población israelí, pero dan mucha guerra. Los jaredíes -literalmente los que tiemblan ante la palabra de Dios- se aprenden la Biblia a machamartillo y cumplen escrupulosamente los mandatos que de ella se derivan. Lo malo es que a veces las exigencias divinas chocan con las no menos rigurosas normas de aviación civil. Con tal de no quedar mancillados por el pecado, los varones jaredíes se negaron a sentarse y permanecieron de pie, con lo que abarrotaron los pasillos de la aeronave, circunstancia que demoró el despegue hasta extremos insoportables y que puso de los nervios al capitán.  
 
Viendo que la cólera de Dios podía castigarles, los ultraortodoxos intentaron negociar con algunos pasajeros, a los que intentaron convencer para que cambiaran de asientos con compensaciones económicas. Pero o fueron poco convincentes o no aflojaron nada el bolsillo.  
 
Por fin se impuso la cordura y se llegó a una tregua. Los más recalcitrantes se avinieron a ocupar su asiento para permitir el despegue. Pero otra vez se armó una revuelta cuando se apagaron los indicadores que obligan a tener ajustado el cinturón de seguridad. De nuevo reinó la anarquía, con los judíos en pie de guerra y con el sentimiento de sufrir un ultraje en las nubes.  
 
Temerosos de que la providencia les infligiera una venganza de cuidado, los ultraortodoxos comenzaron a rezar. Y no lo hicieron en un bisbiseo. Según los testimonios de algunos pasajeros, los devotos oraron sin ningún comedimiento y a voz en grito. "Fui al baño, pero era una misión imposible, el ruido era interminable", dijo un damnificado al diario 'The Telegraph'.  



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