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La democracia directa acorrala a Suiza en un entorno europeo hostil

  • La medida "Contra la inmigración masiva", con cuotas de entrada a los trabajadores europeos, pone en jaque las relaciones con la UE

Un grupo de estudiantes universitarios asiste a una clase, en la Universidad de Ginebra.

La democracia directa acorrala a Suiza en un entorno europeo hostil

Un grupo de estudiantes universitarios asiste a una clase, en la Universidad de Ginebra.

efe
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Actualizada 18/02/2014 a las 18:57
  • EFE. GINEBRA
La ensalzada democracia directa helvética se ha convertido en un arma de doble filo para Suiza, que se halla acorralada en medio de una Europa enojada por la ajustada votación en la que sus ciudadanos decidieron poner coto a la entrada de trabajadores comunitarios en su territorio.

Con las negociaciones con la Unión Europa (UE) sobre la libre circulación de personas en marcha, la voluntad del pueblo dejó al gobierno suizo sin mucho margen de maniobra y este fin de semana se vio obligado a suspender la ampliación de ese acuerdo a Croacia, último país en incorporarse a la UE.

"No podemos aprobar el protocolo en su forma actual porque contradice el deseo expresado por los suizos", explicaba el sábado la ministra suiza de Justicia, Simonetta Sommaruga, en una conversación telefónica con la responsable croata de Exteriores, Vesna Pusic.

La reacción comunitaria no se hizo esperar y este mismo lunes Bruselas anunció que cortaba a Suiza el grifo de fondos para la investigación y la formación, al congelar las negociaciones para incluir al país en los programas "Horizonte 2020" y Erasmus+, del que se beneficiaron 2.600 estudiantes suizos en el curso 2011-2012.

La decisión implica en la práctica la exclusión de los suizos de la investigación de alto nivel, al no poder competir junto con el resto de Europa. "Es como si a los esquiadores suizos les decimos, esquiáis muy bien pero no podéis ir a los Juegos Olímpicos", se queja el rector de la Universidad de Lausana, Dominique Arlettaz.

"El sistema de investigación y formación se basa en la movilidad y la libre circulación. Los estudiantes e investigadores han viajado siempre de una universidad a otra. Es así como se crea el saber", lamenta Arlettaz, que es también vicepresidente de la Confederación de rectores de universidades suizas.

Hasta llegar a este impasse, los investigadores suizos han recibido unos fondos comunitarios por encima de lo que aportaba su gobierno, con un saldo a su favor que alcanzó los 20 millones de francos en el periodo de 2003-2006.

Desde Bruselas hoy también amenazaban con excluir a Suiza del nuevo programa "Europa Creativa", de ayudas al sector cultural.

Sin embargo, los problemas para Suiza no acaban aquí. Su relación con la UE se regula mediante un paquete de acuerdos bilaterales vinculados jurídicamente, lo que significa que si uno cae, como es el caso de la libre circulación, el conjunto caduca en virtud de la denominada "cláusula guillotina".

El principal temor en Suiza es que la UE corte con la guillotina el convenio que permite la inversión sin trabas de empresas suizas en los países comunitarios y viceversa.

Dar carpetazo a este pacto tendrá un impacto directo en el mercado laboral helvético, con una población activa de 4,85 millones de personas, de los que 1,44 son extranjeros -un 85% de éstos de la Europa comunitaria-.

La incertidumbre sobre el estado de las relaciones con Europa desincentivará la inversión exterior en Suiza, donde se pondrán en riesgo 80.000 empleos, la mitad de ellos en los próximos tres años, según un análisis del banco Credit Suisse.

Coincide en el pronóstico la Unión Sindical Suiza, que también alerta de las "consecuencias desastrosas" para el empleo en el sector exportador si la UE impone aranceles, ya que Europa es el principal socio comercial de Suiza, destino del 56% de sus ventas en el exterior.

Desde la unión sindical aseguran que la iniciativa "Contra la inmigración masiva", que establece cuotas a la entrada de trabajadores europeos, no servirá para luchar contra la entrada de mano de obra barata y la caída salarial que temen los suizos.

De hecho, desde diversos sindicatos y asociaciones profesionales han defendido la necesidad de trabajadores comunitarios para abastecer el mercado laboral suizo de gente cualificada, ya que los europeos suponen una cuarta parte del sector bancario y cerca del 45% de personal de la potente industria farmacéutica.

Sin embargo, atraídos por los cantos de sirena nacionalistas del partido de derecha Unión Democrática de Centro -artífice de esa propuesta que salió adelante con un 50,3% de los votos en referéndum del 9 de febrero-, los suizos han abierto la caja de pandora en sus relaciones con la UE.

Entre tanta tensión, el presidente de la Confederación Helvética, Didier Burkhalter, tiene la tarea de calmar la crispación entre sus vecinos europeos, en sendas reuniones mantenidas este martes en Berlín con la canciller Angela Merkel y este miércoles en París con el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabious.

Aunque el encuentro con Merkel llevaba programado desde hace más de un mes, la intensa actividad diplomática de la cabeza de la Confederación Helvética es un baremo de la magnitud de esta crisis política, de consecuencias todavía difíciles de determinar.



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