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ESPIONAJE

Washington, un discreto nido de espías que quieren escuchar y no ser vistos

  • El FBI ha desinstalado varias torres de seguimiento telefónico, aunque no confirman tal noticia
  • El juego del espionaje es bidireccional y el papel de las embajadas es clave para la recopilación de datos

Esta casa aparentemente normal, situada ante la embajada rusa en Washington, es un edificio clave del espionaje

Washington, un nido de espías que quieren escuchar y no ser vistos

Esta casa aparentemente normal, situada ante la embajada rusa en Washington, es un edificio clave del espionaje

EFE
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16/02/2014 a las 06:01
  • EFE. WASHINGTON (EE UU)
Washington es la ciudad de los espías. Los del lado estadounidense han creado una industria multimillonaria; en el lado opuesto están los espías oficiales u oficiosos que desde las embajadas extranjeras trabajan para conocer lo que el ojo no ve.

Frente a la embajada rusa en Washington hay una pequeña casa ajardinada de apariencia inofensiva. La puerta siempre está cerrada, las ventanas selladas y nadie se sienta en el porche delantero. Curiosamente, en el techo hay tres ventanas de cristal oscuro que miran directamente hacia la entrada de la misión diplomática.

En los mentideros de Washington se sabe que la contrainteligencia estadounidense se ha servido de esta modesta y discreta casa para registrar quién entra en la legación, mientras que nadie duda que los servicios de inteligencia rusos tienen en su embajada los mejores equipos de vigilancia que les permiten las secretas valijas diplomáticas.

"El espionaje está en todas partes en Washington: los servicios secretos espían a las embajadas y las embajadas intentan recopilar por canales confidenciales información de EE.UU., tanto si son amigos como adversarios. Es una complicada maraña", indica Jeff Stein, escritor y periodista de Newsweek que lleva 35 años escribiendo sobre el espionaje en la capital estadounidense.

Según el escritor Marc Ambinder, el FBI ha desinstalado en varias ocasiones torres de seguimiento de teléfonos celulares de los tejados de Washington que emitían información a embajadas, algo que el Buró Federal de Investigación no confirma, pero que permite avizorar el discreto juego que se desarrolla en la cotidianeidad burocrática del Distrito de Columbia.

"En la Guerra Fría se utilizaban antenas que apuntaban a misiones diplomáticas, pero ahora se espía más que nunca, en parte porque la tecnología es más accesible y porque países que antes no eran muy activos ahora hacen uso de ella", explica Stein.

Entre esos países destaca China. Su nueva embajada, inaugurada en 2009 en el barrio de Van Ness, es un ejemplo de que las fachadas de Washington esconden algo más que un grupo de diplomáticos asistiendo a inauguraciones, cenas o sellando pasaportes.

El edificio chino con apariencia de búnker tiene más plantas subterráneas que de superficie, según datos de una investigación de la asociación de ingenieros Deep Foundations Institute.

Para su construcción, Pekín desplazó a cientos de chinos que se encargaron de la delicada obra sin exponer secretos o permitir que algún avispado albañil instalase equipos de vigilancia en las paredes.

Pese a ello, la inteligencia estadounidense intentó en varias ocasiones persuadir a los obreros que se alojaban en un hotel cercano, y entre 2006 y 2009 los helicópteros sobrevolaron la construcción para conocer detalles del edificio, algo que China contrarrestó desplegando grandes lonas.

Pocos conocen mejor ese ambiente de paranoia y constante desconfianza que los diplomáticos de la Sección de Intereses de Cuba, un edificio sin bandera apadrinado por la Embajada suiza donde el gobierno castrista mantiene su representación.

Desde 2001, ninguno de los miembros acreditados de esa legación puede desplazarse más allá de un radio de 25 millas (40 kilómetros) con centro en la Casa Blanca. Una medida adoptada por la administración del presidente George W. Bush tras un caso de una analista de defensa que espiaba supuestamente para Cuba.

"No me cabe duda de que saben donde estamos en todo momento gracias a esto", indica un diplomático cubano mostrando su teléfono móvil en una cafetería a pocas calles de la Casa Blanca.

Se dice que el espionaje es la segunda profesión más vieja del mundo y como tal ha perfeccionado su ingenio.

En el Pentágono no se olvidan del virus informático que en 2008 obligó a una inédita operación de ciberlimpieza de las bases de datos de Defensa. Y todo porque un oficial decidió usar una memoria USB infectada con un "troyano" ideado por servicios secretos de algún país.

Ese ataque sin precedentes llevó a la creación del Cibercomando, el ala militar de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), y a que se alertase del peligro de inocentes memorias USB "perdidas" en aparcamientos de edificios gubernamentales.

Jade Daggett, fundador de una empresa californiana que vende dispositivos de seguimiento vía satélite y fue acusado en 1996 de vender aparatos de espionaje telefónico a embajadas extranjeras en Washington y a países como México, conoce bien este mundo en la sombra.

"Brasil fue uno de nuestros mejores clientes durante un tiempo y te puedo decir que nos compraban una gran cantidad de aparatos de vigilancia telefónica para uso interno por parte de la policía", recuerda este experto en tecnología de vigilancia.

En entrevista con Efe, Daggett explica que aún sigue en este negocio porque "hay mucha más demanda de tecnología orientada al espionaje y vigilancia que hacia otro tipo de aplicaciones" tanto en Estados Unidos como fuera de sus fronteras. EFE


  • Javier
    (16/02/14 10:37)
    #1

    En España bajo la dictadura franquista los críticos tenían o teníamos que autocensurarnos en nuestras comunicaciones por carta o teléfono pues el régimen abría las cartas y pinchaba los teléfonos. La obligación de autocensurarse suponía la mayor restricción a la libertad de expresión. Ahora decenas de millones de cartas electrónicas en el mundo son abiertas y llamadas de teléfono escuchadas, lo que obliga a los políticos críticos a autocensurarse para evitar ser detectados y clasificados. La autocensura como recurso para protegerse supone el mayor atentado mundial a la libertad de expresión. Todo el mundo espía pero el único que puede espiar al mundo es EEUU porque es el único que tiene el monopolio de Internet, los demás países como ha empezado Brasil tendrán que ponerse las pilas y contar con servidores y cables propios sino todo seguirá igual. Ahora ha sido Merkel quien ha propuesto lo mismo a Francia.

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