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alemania | resumen 2013

Merkel perpetúa su dominio como líder inmune a las crisis

  • Su hombre fuerte, el ministro de Finanzas Wolfgang Schäuble, es un acérrimo defensor de la austeridad

Angel Merkel en la sesión de investidura

Merkel, investida canciller de Alemania para una tercera legislatura

Angel Merkel en la sesión de investidura

efe
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20/12/2013 a las 06:01
  • efe. berlín
La canciller alemana, Angela Merkel, logró en 2013 la reelección para su tercera legislatura tras rozar la mayoría absoluta en los comicios generales de septiembre y cerró el año preparada para perpetuar su dominio a escala interna y global, aparentemente inmune a las crisis.

La canciller y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, defensor férreo de la austeridad, seguirán siendo -previsiblemente hasta 2017- los rostros de una fortaleza alemana que se interpreta unas veces como motor y otras como freno en la Unión Europea (UE).

Con 59 años, y desde 2005 al frente de la primera economía europea, Merkel obtuvo el 22 de septiembre un 41,5% de votos, el mejor resultado en décadas para la Unión Cristianodemócrata y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CDU/CSU), lo que no le evitó verse abocada a formar una gran coalición.

La canciller y candidata única de la CDU/CSU había afrontado la campaña electoral salpicada por el escándalo del ciberespionaje de EE UU, incluido a su propio móvil, como se desprendió del goteo de filtraciones procedentes del exanalista de la NSA Edward Snowden.

Berlín reaccionó mostrando estupor ante el gran socio transatlántico y la presunta "traición" del presidente estadounidense, Barack Obama, pero también con respuestas contradictorias a las sospechas de connivencia entre los servicios de espionaje recíprocos.

En Merkel no hicieron mella ni el escándalo continuado en torno a los papeles de Snowden ni, a escala económica, las estadísticas ilustrativas de que, tras la solidez de las cifras macroeconómicas se apunta una alarmante precariedad laboral y social en Alemania.

La llamada "canciller teflón" -porque aparentemente todo le resbala- logró la reelección en medio de la euforia conservadora por lo que parecía iba a ser una mayoría absoluta, todo un hito en un país donde a escala federal siempre se gobernó en coalición.

Finalmente le faltaron a unos pocos escaños para lograrlo, mientras que sus aliados tradicionales, los liberales, quedaron fuera del Parlamento.

Se abrió así la trabajosa búsqueda de un nuevo socio entre dos opciones: los Verdes o el Partido Socialdemócrata (SPD).

Contra los primeros pesaban distancias programáticas, mientras que contra los segundos lo hacía el temor del SPD a la reedición de una alianza como la del primer mandato de Merkel, que precipitó en su socio una dramática sangría de votos.

Los socialdemócratas optaron por consultar a sus bases -474.000 afiliados- un pacto de gobierno milimétricamente consensuado por las cúpulas en busca de un equilibrio convincente para todos.

Las bases dieron el sí, tras una ofensiva de convicción en que el líder del SPD, Sigmar Gabriel, se jugó a una carta su credibilidad entre sus filas y su acceso al poder.

El resultado fue un pacto con sello socialdemócrata -incluida la implantación de un salario mínimo interprofesional y la apertura a la doble nacionalidad a los hijos de inmigrantes-.

Numéricamente hubo un reparto de cargos más paritario de lo que al SPD le correspondía por el 25 % que le dieron las urnas, diez puntos menos que en 2005, cuando Merkel derrotó a Gerhard Schröder por la mínima y se originó la primera gran coalición.

El SPD ocupa en la gran coalición seis carteras, el mismo número que la CDU y el doble que la CSU bávara, pero la batalla por Finanzas se saldó a favor de Schäuble, al parecer casi tan intocable como la canciller.

La negociación fue trabajosa, pero la recompensa para Merkel fue una investidura, casi al filo de las pausa navideña, con una mayoría más que abultada en el Bundestag (Parlamento federal) y una oposición reducida a 127 escaños -del total de 631 de la cámara baja-.

Merkel, la hija de un pastor protestante crecida en territorio comunista que en 2005 llegó a la Cancillería como una neófita a escala internacional, revalidó su condición de líder incombustible en medio de la crisis que derribó a varios de sus colegas de la Unión Europea (UE).

Schäuble, en la década de los años 90 delfín del patriarca de la CDU, Helmut Kohl, se ha revelado como el hombre firme al lado de la canciller, que practica y predica la austeridad en lo público y lo privado.

Juntos seguirán como un binomio aparentemente invencible, apuntalado en la popularidad de Merkel y el espíritu de superación y sacrificio con que se identifica a su ministro -en silla de ruedas desde 1991 tras recibir dos disparos de un perturbado en un mitin-.



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