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afganistán | resumen 2013

Crece el número de víctimas civiles en otro año negro en Afganistán

  • Solamente en el primer semestre murieron 1.319 civiles, un 23% más que en el mismo plazo de 2012

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20/12/2013 a las 06:01
  • efe. kabul
El número de víctimas civiles se incrementó en 2013 en Afganistán, donde prosiguió la retirada de las tropas de la OTAN y la asunción de la seguridad por las fuerzas afganas, sin que el proceso haya detenido la espiral de violencia en el país.

Según la Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán (UNAMA), en la primera mitad de 2013 -último periodo del que se tiene datos-, un total de 1.319 civiles murieron por acciones armadas, lo que supone un aumento del 23% respecto al mismo plazo del año anterior.

Observadores en Kabul consideran que ese crecimiento muestra la tendencia del conflicto a convertirse en una guerra civil cuando en 2014 concluya la retirada del contingente de la Alianza Atlántica y solo quede una limitada misión militar de EE UU en suelo afgano.

Dos años después de iniciarse en 2011 la retirada de los soldados internacionales, un 80% de los más de 31 millones de afganos vive en áreas que ya se encuentran bajo el control de las fuerzas de seguridad locales, lo que no ha reducido su exposición al conflicto.

Los ataques suicidas, las bombas en vías de comunicación, los atentados contra representaciones extranjeras y las incursiones en centros urbanos han continuado produciéndose casi a diario y han mantenido a la población en un permanente clima de inseguridad.

A ese panorama se ha sumado la falta de avances en los intentos de entendimiento entre las fuerzas políticas y los insurgentes.

La apertura en junio, con el beneplácito de EE UU, de una embajada taliban en Catar -como base desde la que los insurgentes iniciaran conversaciones con el Gobierno del presidente Hamid Karzai-, alentó la esperanza de un arreglo pacífico del enfrentamiento armado.

Algo que se esfumó poco después de que el Gobierno de Karzai acusara a EE UU de tratar de pilotar el acercamiento a los insurgentes y de intentar obligarle a emprender un proceso de diálogo en condiciones favorables al movimiento talibán.

Tampoco ayudó la reticencia de la dirección insurgente a reconocer legitimidad como interlocutoras a las autoridades afganas -a las que tacha de títeres de EE UU-, y su exigencia de establecer contacto directo con la administración de Washington.

El bloqueo en el intento de encontrar una salida negociada al conflicto ha corrido en paralelo a la negociación que Karzai y EE UU entablaron para prolongar la presencia militar estadounidense una vez que en 2015 no queden soldados de la OTAN en Afganistán.

Tras meses de negociación, ambas partes acordaron la dimensión de la nueva misión militar de EE UU, de entre 10.000 y 15.000 soldados, la duración de su permanencia, diez años, y su capacidad operativa, limitada a sus bases salvo cuando lo autorice el Gobierno de Kabul.

La divergencia surgió en noviembre, cuando al inaugurar una sesión de la Loja Jirga, o asamblea tradicional de notables, Karzai anunció que el pacto no se suscribiría hasta después de las elecciones presidenciales prevista en abril de 2014 en este país.

Washington no tardó en dejar claro que el tratado debía firmarse este mismo año, algo en lo que recibió el apoyo de la propia Loya Jirga, pero a inicios de diciembre Karzai seguía en sus trece, en lo que constituía otro factor de incertidumbre sobre el futuro afgano.



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