CIUDAD DEL VATICANO
Benedicto XVI cumple 85 años


Publicado el 16/04/2012 a las 08:05
Benedicto XVI cumple este lunes 85 años, una edad a la que muy pocos papas han llegado y ya es el sexto pontífice más longevo de la historia de la Iglesia católica. Y en seis meses será el quinto. Los cálculos varían, porque los datos de los papas más antiguos a veces no son fiables, aunque si se consideran los posteriores al siglo XVI encabeza la lista con mucha diferencia. León XIII, que murió con 93 años, fue el único que nació en el siglo XIX y el primero en entrar en el XX. Le siguen Clemente XII, con 87 años, Clemente X, con 86 y, con un año menos fallecieron Pío IX e Inocencio XII. Ratzinger superó hace mes y medio la edad que tenía su antecesor, Juan Pablo II, cuando murió. Al contrario que Wojtyla, que vivió unos últimos años dramáticos de declive físico, Ratzinger parece llevar bien su vejez, dosificando mucho sus fuerzas y adaptando su agenda a su estado físico.
Mejor decirlo cuanto antes: en Roma no hay especial aprensión por su salud, un tema siempre dado a rumores y expectación. Aunque va acumulando achaques, los médicos le siguen escrupulosamente. Además, su actividad se ha reducido de forma notable. Ahora mismo, por ejemplo, ha pasado toda la semana en la residencia de Castelgandolfo, cerca de Roma, y solo fue al Vaticano a la tradicional audiencia del miércoles. Volvió el viernes, precisamente, para recibir a su hermano Georg, de 88 años, que llega para celebrar con él su cumpleaños. Es una fecha que coincide cada año con el aniversario de su elección como pontífice, que fue el 19 de abril de 2005. Lleva, por tanto, siete años de pontificado.
Además de las prolongadas vacaciones en varios momentos del año, Benedicto XVI ha cortado drásticamente sus audiencias privadas, que son con cuentagotas. Incluso las visitas 'ad limina' que los obispos de todo el mundo deben hacer al Papa ya se organizan en grupo. Los viajes han sufrido un parón y en la agenda solo está el de Líbano en septiembre, aunque no se descarta algún otro desplazamiento corto, de fin de semana. En el horizonte únicamente se ven las Jornadas Mundiales de la Juventud en Río de Janeiro en 2013 y otros viajes largos en estudio están congelados.
En su programa del año la cita principal será en octubre, cuando abrirá el Año de la Fe al cumplirse 50 años del Concilio Vaticano II. Será un aniversario que traerá cola, pues en torno a ese evento de la historia reciente de la Iglesia católica -un intento de modernización de la institución- aún gravita el debate interno.
El Papa ha empezado este año con la visita a México y Cuba, donde evitó pasar por el D. F. por consejo médico, debido a la altitud, y hubo muchos tiempos de descanso. El propio portavoz vaticano, Federico Lombardi, reconoció al final de la gira que el Papa estaba «fatigado». El inicio del viaje, por otra parte, añadió un síntoma más de la creciente debilidad de Ratzinger: apareció en el aeropuerto de Roma con un bastón. Y fuentes vaticanas señalaron que ya lo lleva usando en privado desde hace unos meses.
ESENCIALMENTE PRAGMÁTICO
Benedicto XVI padece una artrosis en su pierna derecha que le causa dolores y le hace cojear. En octubre de 2011 usó por primera vez una plataforma móvil para recorrer la basílica de San Pedro y en febrero renunció a cubrir a pie la procesión del Miércoles de Ceniza y utilizó una especie de 'mini-papamóvil' eléctrico. Además, apenas ve por el ojo izquierdo. Sin embargo, al contrario de lo que sucedía con Wojtyla, a quien cada nueva limitación parecía impuesta y una auténtica derrota, Benedicto XVI no tiene problemas en desistir del esfuerzo y recurrir a comodidades técnicas. Es esencialmente práctico. Por eso no causa demasiado revuelo ni revela una gravedad especial, solo el natural declive de la vejez.
Un factor distinto, siempre en comparación con Juan Pablo II, es que Ratzinger ha dicho sin rodeos varias veces que si realmente viera que no podía desempeñar su labor no tendría problemas en renunciar. De ahí que de forma periódica deba insinuar que por el momento se encuentra perfectamente para acallar rumores. La última vez fue en Cuba, con Fidel Castro, cuando éste le preguntó si a su edad era capaz de hacer su trabajo. «Soy viejo, pero puedo cumplir mi deber», respondió. En Roma tomaron nota.