"Súper Mario" acude al rescate del euro

  • El sustituto de Jean-Claude Trichet al frente del Banco Central Europeo, el italiano Mario Draghi, es hierático y riguroso, defiende la austeridad y se ganó el apodo del personaje de videojuegos tras lidiar con la deuda pública italiana

ÍÑIGO DOMÍNGUEZ . COLPISA. ROMA

Publicado el 31/10/2011 a las 01:05

CUANDO empezó el rumor de que uno de los candidatos a la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) era Mario Draghi, el diario sensacionalista alemán Bild clamó en un titular: "!Mamma mia!". Dijo el rotativo que, para un italiano, vivir con la inflación era algo tan normal como el tomate sobre la pasta.

Dentro de los prejuicios sobre Italia, en economía se basan en su tradición inflacionista y su falta de disciplina en las finanzas. De hecho, una de las tesis contra el euro en Alemania fue imaginar a un italiano al frente de la política monetaria.

La colosal deuda pública de Roma -el 120% del PIB- no es la mejor carta de presentación. Y menos en la época actual, cuando resulta un peligro para toda la Unión Europea. Entonces, ¿por qué un italiano para dirigir el timón del BCE? Sencillo, era el mejor candidato y convenció a todos.

Draghi, de 64 años, tiene un currículum soberbio. Formado en Estados Unidos -donde fue alumno de dos premios Nobel-, fue durante siete años director ejecutivo del Banco Mundial y otros diez, director del Tesoro italiano, donde se ganó el apodo de Súper Mario -como el popular protagonista del juego de videoconsolas-, pues dirigió una gran fase de privatizaciones y lidió con la deuda pública italiana.

Después de dar estos pasos en Italia, uno está preparado para todo. Además, Draghi fue consejero de compañías y bancos, y, desde 2002, fue durante tres años número dos de Goldman Sachs en Europa.

Es decir, que el sustituto de Jean-Claude Trichet trabajó sobre el terreno y no es un mero técnico académico. En el año 2005, fue nombrado gobernador del Banco de Italia y entró como un vendaval de aire fresco, tras el dinosaurio Antonio Fazio, que dimitió al frente del organismo por un caso de corrupción.

En su salto al BCE fue un espectáculo ver a la prensa europea deshacerse en elogios, insistiendo en su seriedad, como si fuera un marciano entre sus compatriotas. Suena tópico, pero es cierto. Draghi es hierático, riguroso y de pocas palabras. Según un diario británico, lo único italiano que tiene es su gusto para vestir.

Austero y responsable

Estudió en los Jesuitas en un régimen severo y, según apuntó su compañero de clase Luca Cordero di Montezemolo -presidente de Ferrari-, "nunca estaba despeinado, siempre tenía todo en orden". Jugaba en el equipo de baloncesto y ahora practica el tenis, el jogging y el golf, aunque no pertenece a un club de lujo.

La austeridad y el gusto por la normalidad le distinguen en una sociedad de apariencias como la italiana. Es tifoso de la Roma, pero nunca se lo vio en la tribuna VIP. En Londres iba a veces en metro a Goldman Sachs y, ya siendo gobernador del Banco de Italia, asombró que volviera de un convenio en tren, y no de los más rápidos. Hace un año, se rebajó un 10% el sueldo.

Draghi sabe bien lo que es la responsabilidad. Huérfano desde la adolescencia, tuvo que hacerse cargo de sus dos hermanos. Conoció a su mujer con 19 años y tuvo dos hijos: Federica, de 35 años y bióloga en una importante firma de biotecnología, y Giacomo, de 32 y vicepresidente de Morgan Stanley en Londres.

En sus discursos se nota una preocupación especial por los jóvenes y, además, se mostró comprensivo con los indignados: "Si nosotros estamos enfadados por la crisis, imaginemos ellos, que no ven un futuro. Se la toman con las finanzas y lo entiendo, esperan desde hace mucho".

Tras conocerlo, el Bild acabó por representarlo con un casco prusiano, cual alemán al uso.

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